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‘Vivo para escribir’

La sencillez es bella, pero ¿es simple o fácil? En lograr transmitir emociones, sentimientos, realidades a todo tipo de personas ha dedicado Carmen Quintanilla Buey. Una labor plasmada en periódicos como Gaceta de Castilla y León desde hace seis años, pero que ahora, por primera vez y por fin, salen a la luz en una publicación que bajo el título ‘Revoltijo poético’, editada por MdeS. Sólo una pequeña publicación muy escueta ‘Sonetos pardillos’, dedicados a Castilla, la preceden.

Poseedora de doce premios, entre ellos Mujeres de Plata, Poetas del Cerrato, Altamira de Miranda de Ebro, accésit en Cartas a un maltratador, Los mayores cuentan de Palencia, muestra gran humildad, la propia de los grandes, que se saben ‘pequeños’ en el mundo de la cultura y que pretende contar lo que lleva en el corazón, desde la realidad, el presente, hasta la tradición y la riqueza de las tierras conocidas y desconocidas.

Romántica en sus planteamientos es capaz de emocionar con su prosa descriptiva y con sus poemas. En el prólogo, Carmen Centeno, una de las grandes del periodismo de Palencia define su obra de esta forma “escribe como si las palabras se colaran por una ventana abierta y sobrevolaran los muebles hasta llegar a su pluma, llenarla y descargarse, como si no pudiera evitar que la sorprendieran, la engatusaran, la mimaran y la forzaran a derramarse sobre el papel”.

¿Como definiría su libro?
Es un libro que no se ajusta a los cánones establecidos ni unas normas, así como a una temática concreta. En él se muestran estados de ánimo muy diferente, al escribir alguno de los textos estoy muy depresiva, y se nota, y en otros estoy muy eufórica y se nota también. Dejo traslucir mis sentimientos con mucha facilidad.
Hay cuentos, relatos, poesías, de todo un poco.
El relato, por ejemplo, es más fugaz que el cuento, más poético y me viene inspirado desde un paisaje, o una situación concreta, sin necesidad de hacer unas estructuras largas. Es más inmediato, de corta extensión.
A lo mejor estoy en la cama y pienso: “qué bonito sería escribir sobre este tema”, me levanto, escribo la idea, y ya al día siguiente me dejo llevar por él. Es la propia idea la que manda, y ya se convierte en poesía.

¿Dentro de este ‘revoltijo’ de sentimientos y estilos narrativos, que temáticas se encuentra el lector?
Lo mismo canto al fracaso, a la soledad, a mi tierra Castilla, Galicia… Es un libro muy variopinto.

Hablo mucho de los pueblos de Palencia, de mi familia. Soy yo. Pero eso no quiere decir que yo lo haya vivido todo. En mi caso escribo mucho en primera persona, pero no tienen por qué ser cosas o sentimientos relacionados conmigo.
Los cantantes, por ejemplo, cantan mucho al amor y el desamor, y eso no quiere decir que les haya pasado todo lo que cantan a ellos.
El uso de la primera persona es un recurso. Es un juego con el lector.

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Es decir, ¿a Carmen desde la niñez hasta la actualidad?
Lo que yo quiero reflejar, como decía antes, es el estado de ánimo. Desde los momentos más tristes como la pérdida de mis padres en los que me encontré fatal, hasta otras muy positivas.
Hay una historia, muy especial con una familia a la que admiro mucho. Un chico joven se estaba muriendo, y en su casa todo el mundo interpretaba un papel. El chico fingía que no sabía que se moría y se mostraba contento. La familia, estaba contenta porque fingían que todo iba bien porque creían que el chico no sabía que se moría y así vivían en una especie de teatro en los que todos interpretaban un papel por el amor que se tenían. No hay mayor muestra de amor. Una historia muy emocionante, dura pero que realmente muestra qué es ese sentimiento del que todo el mundo habla pero que pocos saben lo que es realmente.
¿Qué hizo que la hija de un ferroviario se pusiese a escribir?
Yo creo que lo llevamos dentro toda la familia, lo tenemos en los genes. Un tio carnal de mi madre era un poeta increíble, y todos mis hermanos son escritores y muy buenos y yo he sacado el pescuezo un poco (dice con humildad).

¿Qué fin persigue al escribir?
Trato de conseguir la mayor sencillez, dentro de la mayor dignidad literaria. No es sencillez lo que cae en la chabacanería y en lo burdo, sino exponer literariamente los sentimientos, con toda la corrección, con la pretensión de que lo pueda entender todo el mundo.
Esa es mi sencillez: con dignidad y claridad. Que lo pueda leer y entender un adolescente y un abuelito por igual.
La metáfora es muy bonita porque te sirve para salvar baches que tienes en un momento. Pero yo soy muy amiga suya. Prefiero ser clara.

¿Cuáles son sus referentes literarios?
A mi me gustaban Bécquer. Como sonetista me parecía una maravilla. Porque además a mi me gusta mucho el sentido del humor y la ironía y este romántico tenía mucho de ambas cosas.
Por ejemplo, en este soneto mío:

Me estoy llorando a mi ¿hay quién lo entienda?
¿No es un galimatías lo que digo?
Me estoy llorando, sí, Dios es testigo
de mi último propósito de enmienda.

Y es que escuchaba ayer en la merienda
que ya no llora nadie al fallecido.
Que son cuatro días lo vivido
que al llanto hay que amarrarlo bien la rienda.

Sabiendo que unas lágrimas al menos
me habré de merecer cuando yo muera
hoy quiero derramarlas sin demora.

Si no lloran los propios, los ajenos,
ni yo podré llorarme aunque lo quiera
pues como prevención me lloro ahora.

En este libro también tengo muchos ramalazos de Galicia, porque me encanta, el mar, su historia, el arte y en ellos se palpa mucho esta tierra y Rosalía de Castro, otro de mis escritores. También mis hermanos. Pedro es un sonetista impresionante que para mi gusto es el mejor de Castilla y León. Andrés ni qué decir tiene, con su amplio reconocimiento internacional, y Emilio es el más desconocido aquí en la región porque se fue muy jovencito, pero es un escritor magnífico con grandes premios y libros publicados.
Lo mismo que los Fofitos todos son payasos y los Bardem todos son actores, los Quintanilla todos son escritores (añade con ironía).

¿Por qué hasta ahora no hay un ‘libro’ de Carmen Quintanilla?
En parte por pereza, por no recopilarlo, también me ha fallado mucho el no saber informática y tener mis escritos a mano, en borradores. Pero ahora voy a seguir publicando alguna cosa más.
Estoy muy contenta con el resultado de este libro.

¿Vives para escribir o la escritura es una parte de tu vida?
Últimamente casi vivo para escribir. Desde que me levanto agarro el bolígrafo y hasta que no hago lo que pensaba no paro.

¿Eres entonces más escritora que lectora?
Me gusta mucho más escribir que leer. Yo creo que he leído tanto en mis 23 años de bibliotecaria que las ideas ya se me han acumulado de tal forma que ahora lo que hago es ‘soltarlas’, aunque por supuesto sigo leyendo.

¿Crees que la sociedad valora a los escritores?
Vivir de la escritura es casi imposible, sólo para unos pocos. El estímulo, lo que te hace vibrar, por eso escribimos.
La poesía no tiene demasiada aceptación a no ser que se trate de poetas, sobre todo, famoso; aunque tu después lo leas y veas que no es para tanto. Yo valoro muchísimo a los escritores. Porque para mi, cualquiera, tanto en prosa como en verso, que se sienta y cuenta historias son personas con muchísima sensibilidad. Yo le doy mucha importancia a los sentimientos, lo valoro mucho.
Las personas materialistas, agarradas a la vulgaridad no me caen muy bien, prefiero la gente que escribe y que es sensible. No conozco a nadie que lo haga, que escriba aunque sea cuatro renglones mal reglados, que no tenga algo dentro, que hace por ejemplo que se enternezca con las cosas bonitas.

Hablabas antes de tus 23 años de bibliotecaria, ¿cómo te han marcado?
Puede ser que haga un libreto sobre las anécdotas que he tenido durante todos estos años de bibliotecaria. Tengo muchas de los niños, los majos y también de los malos, las tengo muy graciosas.
Ahora no entiendo lo de la biblioteca por internet, comprendo las tradicionales, el contacto con los ejemplares.

¿Cómo invitaría a los lectores a su libro?
Aquí podéis encontrar un cajón desastre convertido en multiusos en el que no hay nada que siga unos cánones.
Es un canto a la vida., sencillo desde el corazón de Castilla.

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