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El centro San Telmo es hoy en día un referente en materia asistencial, algo que no podría entenderse sin repasar el largo camino recorrido, desde que en 1850 la Diputación asumiese los servicios de beneficencia, mediante la cesión a la Institución de parte del antiguo convento de San Francisco, que sirvió en principio para atender a 130 ancianos y otras personas sin recursos.

La residencia San Telmo: de la beneficencia a un ejemplo de modelo asistencial a nuestros mayores

La historia de la actual residencia de mayores San Telmo es relativamente reciente. Apenas 60 años han pasado desde que se instalase en las dependencias actuales, junto al hospital, si bien tenemos que remontarnos a mediados del siglo XIX para entender su historia y trayectoria

En su faceta asistencial, Palencia ofrece una trayectoria antiquísima. La atención a los ancianos de la provincia tiene hoy en día un nombre propio: la residencia de mayores de San Telmo, uno de los centros de referencia en la materia y que constituye un ejemplo en el cuidado de este colectivo social.

La historia de la residencia tal y como la conocemos es relativamente reciente. Hace apenas 60 años que se instaló en las dependencias actuales, junto al por aquel entonces conocido como Hospital Provincial, si bien no podemos entender su presente sin antes conocer el pasado de la labor asistencial en Palencia y el largo camino recorrido hasta llegar a la excelencia que hoy caracteriza el servicio.

Un camino que se inició a mediados del siglo XIX, cuando en el año 1850 fuera cedido por Real Decreto a la Diputación Provincial parte del edificio del convento de San Francisco, de forma que la labor que tradicionalmente se había atribuido a las organizaciones religiosas pasaría a depender ahora de las diputaciones provinciales. El convento, ubicado en la parte trasera de la actual plaza de Abilio Calderón (en el cruce con la calle Ignacio Martínez de Azcoitia), sirvió en principio para atender a más de 130 ancianos, junto, más adelante, a las secciones de Maternidad y Atención de jóvenes.

Hasta allí llegaban cada día futuras madres sin recursos, vagabundos que carecían de un hogar o ancianos abandonados. El crecimiento del número de usuarios hizo necesaria cierta profesionalización en la asistencia que se prestaba, al objeto de ofrecer las atenciones que requerían los nuevos tiempos.

LA LLEGADA DE LAS HERMANAS DE LA CARIDAD

Se acordó así el contrato con las Hermanas de la Caridad que se encargarían de los servicios de Maternidad en la provincia, atendiendo asimismo al resto de usuarios de los servicios de beneficencia. Llegaron un 25 de enero de 1879 ocho hermanas, cuya dedicación y buen hacer cumplió todas las expectativas, motivando que poco a poco se fueran trasladando también ancianos y ancianas que se encontraban en el antiguo Hospicio de San Juan de Dios (inmueble ubicado en la zona de San Lázaro).

Fueron llegando poco a poco más hermanas, dada la necesidad de una dedicación plena a este colectivo cada vez más numeroso de personas desfavorecidas, que hizo también indispensable habilitar un nuevo inmueble en el que darles servicio.

Se construyó en la plaza de Abilio Calderón (conocida como Plaza de la Maternidad) un nuevo inmueble, de amplios departamentos, al que se fueron trasladando desde los hospitales de San Bernabé y San Antolín los ancianos que subvencionaba la Diputación. También los jóvenes y niños que estaban en los distintos centros de la ciudad fueron alojados en las nuevas dependencias.

Así nació lo que durante muchos años se conocería como la “Beneficencia” o “Ciudad Benéfica”. En 1939 llegó hasta las dependencias de la Beneficencia la hermana Sor Daniela Huerta, quien a sus 98 años aún recuerda a la perfección sus comienzos en la labor asistencial en nuestra ciudad.

Fue durante años la responsable de las secciones de Maternidad y Nacimientos, mano derecha de César Fernández Ruiz, el ginecólogo encargado de los partos. A su llegada había en la Beneficencia 60 lactantes y 30 maternas (cada una de ellas se encargaba de su hijo desde el nacimiento a los 6 meses y de otro, desde los 6 meses hasta que cumpliera el año), 30 párvulos y 160 ancianos (80 hombres y 80 mujeres).

Recuerda cómo, junto al inmueble que hoy alberga la Delegación de Hacienda, estaba la llamada ‘gota de leche’, regentada por señoras de la alta sociedad que sufragaban buena parte de los gastos derivados del reparto de leche a los pobres. Tenían entre 8 y 10 vacas, una de su propiedad y el resto de la Diputación, si bien a menudo tenían que comprar al lechero para satisfacer la alta demanda.

EL TRASLADO AL NUEVO EDIFICIO

Recuerda también a la perfección el 5 de octubre de 1955, cuando se realizó el traslado de la “Ciudad benéfica” a las nuevas dependencias ubicadas junto al hospital provincial. Una jornada en la que las 14 monjas que por aquel entonces integraban la comunidad y el resto de personal dedicaron casi por completo a realizar ‘la mudanza’, una tarea que les llevó prácticamente todo el día, y se asentaron por fin “a la hora de la cena”.

Y es que siete años antes,  en 1948, con el objetivo de mejorar la atención prestada y ante la necesidad de separar a los niños de los ancianos, la Diputación adquirió una parcela de 7.000 metros cuadrados junto a las dependencias del Hospital Provincial, que se había inaugurado en 1940.

Antes de las navidades de ese año, ya se habían trasladado todos los enfermos del hasta entonces hospital provincial de San Bernábe y San Antolín al nuevo hospital provincial (156 de ambos sexos), que más tarde pasarían a la nueva Ciudad Benéfica Provincial que se ubicaría en los terrenos anexos al hospital.

Fueron años de trámites administrativos y asignaciones presupuestarias desde que se adquiriesen los terrenos hasta que se pudieran ‘estrenar’ las instalaciones donde se ubicarían los servicios de beneficencia que se venían ofreciendo en la antigua sede: asilo de ancianos, maternidad, cuna y hogar infantil.

En el presupuesto extraordinario de la Diputación de 1949, tal y como exponen Faustino Narganes e Ignacio J. Pérez en su libro “El Hospital Provincial San Telmo. Beneficencia y asistencia social en Palencia”, se asignaría una partida de diez millones de pesetas a la construcción de los primeros edificios de la “Ciudad Benéfica Provincial”, si bien el presupuesto total para completar su construcción se elevaba hasta los 16,25 millones.

En 1950, una orden del Ministerio de Hacienda aprobaba el presupuesto extraordinario que se dedicaría a la Ciudad Benéfica y a los caminos vecinales provinciales, por una suma total de 17,54 millones y autorizaba a la vez a la Diputación la formalización de un concierto con el Banco de Crédito Local sobre un préstamo por importe de 8,097 millones, que se destinarían a la construcción del asilo de ancianos (3,18 millones), la Capilla y la pavimentación de las avenidas y la plaza de la ciudad benéfica. Se sucederían después distintas partidas presupuestarias destinadas a la ampliación y mejora de las instalaciones, que abrirían sus puertas en 1955.

Poco a poco, el nombre de Ciudad Benéfica o Beneficencia sería sustituido por el de “Ciudad Asistencial San Telmo”, que ya en el año 1979 contaba con 208 ancianos (98 hombres y 110 mujeres).

En noviembre de 2004 la orden religiosa de las Hijas de la Caridad abandona el centro, poniendo fin a 125 años de dedicación. Al ser este centro residencial hereditario de la beneficencia pública, algunos de los residentes actuales llevan viviendo en él gran parte de su vida; son personas con limitaciones y pocos recursos, tanto familiares, como sociales, económicos y/ o educativos.

UNIDAD DE CONVIVENCIA

Poco a poco, la residencia de ancianos San Telmo ha ido ganado en calidad hasta convertirse en un ejemplo de modelo asistencial a nuestros mayores. Un modelo que se mejorará aún más si cabe en las próximas semanas, con la creación de una de las denominadas Unidades de Convivencia.

La Diputación de Palencia continúa así trabajando para mejorar el servicio que se ofrece a los residentes del centro y que permitirá en las próximas semanas contar con este nuevo modelo de atención residencial que está impulsando la consejería de Familia y que busca ofrecer a los residentes un lugar grato y confortable que sea lo más parecido al propio hogar, donde puedan preservar su individualidad e intimidad.

En la actualidad, la Residencia dispone de 99 plazas, 60 para residentes asistidos y 39 para residentes válidos. El objetivo ahora es transformar plazas de válidos en plazas de asistidos, adaptando la actual unidad de ‘válidos 1’, situada en el ala derecha del edificio, para que pueda albergar una Unidad de Convivencia, mediante un modelo de asistencia que ofrezca una mejor calidad de vida a los residentes, con capacidad para 10 personas.

La idea es que puedan personalizar su entorno, decoren la habitación de forma hogareña o tengan un espacio para compartir con sus familiares. En definitiva, que conciban el Centro como su propia casa, desechando por completo los anticuados conceptos de las residencias como simples asilos.

El modelo de atención a nuestros ancianos debe rozar la excelencia, pues ellos son nuestra memoria. Y ‘San Telmo’ está muy cerca de conseguirlo.

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