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Brosio: la silenciosa despedida de un genio

Casi en silencio, se ha despedido uno de los artistas más importantes de Castilla y León del siglo XX. Al contrario que su obra, que plasma gritos y que clama desde el claroscuro, ha dicho adios Ambrosio Ortega, más conocido como Brosio, el pintor de los mineros.

A los 90 años de edad, moría en el Hospital Río Carrión tras una larga enfermedad, el pasado 14 de julio, volviendo a descansar a Salcedillo, donde sus cenizas fueron esparcidas por su expreso deseo, tras el homenaje de su localidad natal: Barruelo,que le dijo adios con el Requiem de Mozart y con los versos que  Blas de Otero le dedicó leído por boca de su hija Rosana.

Su biografía, al igual que su  pintura, está marcada por la guerra, la politíca y la dictadura. Conocido por ser la persona que más tiempo pasó en cárceles españolas por motivos políticos, estuvo condenado a la pena de muerte, conmutada después por  la larga estancia en presidio, algo que no pasó con su hermano, Mariano Ortega, lider de la guerrilla maqui, detenido junto a él, también condenado y ejecutado en 1951.  Años, sobre todo en el penal del Dueso, en los que se labró como artista y donde entabló amistad con otros intelectuales encarcelados como Antonio Buero Vallejo, Agustín Ibarrola y Marcos Ana, con quienes formó parte de la llamada Universidad de Burgos.

Pero su vida y su obra tuvo antes otra inspiración: la mina. Entró a trabajar en ella con 16 años, en el conocido Pozo Calero, propiedad de los Hermanos Maristas. Como él mismo dijo en una entrevista a Fulgencio Fernández “ la mina y la cárcel son la oscuridad, las dos caras de la misma moneda aunque con una gran diferencia: la libertad. Son mundos dramáticos en los que la supervivencia resultaba muy penosa”.Después, cuando sus obras empezaban a ser reconocidas, y exponía en lugares como Madrid o Bilbao, sufrió una encefalopatía vascular que le produjo grandes secuelas que le impidieron llevar su trabajo hasta Nueva York. Pero él, hasta el último día, nunca perdió las fuerzas y ganas de luchar.

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Como Julián Alonso explica en su libro ‘el pintor invisible’  “al igual que los primitivos pintores de Altamira o Lascaux, que por el hecho místico de plasmar las imágenes de los animales que eran su sustento, creían que propiciarían su caza, así el barrielano pinta los recuerdos de su juventud y para él, pintar la atmósfera carcelaria o esas escenas de duro trabajo en la mina, donde el hombre se enfrenta y vence a una naturaleza hostil, es de alguna manera un modo de magia con la que mantenerse vivo y afianzarse en sus ideas”.

Así puede definirse la temática de su obra: la mina y la cárcel. También reflejó el campo castellano y la dureza del mismo, de sol a sol de esos trabajadores parte del  realismo social que caracteriza a la pintura de Brosio. Dolor, luz, sombras y dignificación de los humildes.

Con un poder extremo del dibujo, sus obras, sobre todo realizadas con maestría en acuarela, traspasan el papel, el lienzo, el óleo, el agua… y con la utilización sutil del dibujo pero sobre todo, con una utilización de la luz que lo distingue del resto de artistas, consigue transmitir con sus obras el sentimiento de los personajes que lo protagonizan. Capaz de atravesar varios planos, de crear ambientes mezclando cálidos y fríos, reinventa la técnica aprendida en la cárcel para hacerla suya convirtiéndose así en uno de los ‘genios’ de la pasada centena, casi desconocido para muchos, pero cuyas obras tienen el reconocimiento de los críticos y especialistas.

brossio 10

En 2011, la Diputación de Palencia reunió 52 de sus cuadros, 94 bocedos, imágenes de su biografía.  Sus obras pueden contemplarse en Los Arcos de la Ribera,  en Bilbao, y en catálogos como el elaborado por el Museo de la Siderurgia de León.

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