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Migraciones y dieta prehistóricas en la Península Ibérica

En un estudio multidisciplinar publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), un equipo internacional de investigadores entre los que se encuentran varios miembros del Equipo de Atapuerca, ha combinado datos arqueológicos, genéticos y de isótopos estables para condensar 4000 años de prehistoria biomolecular ibérica.

 

El equipo ha analizado restos humanos del norte y sur de España, entre los que destaca el rico yacimiento arqueológico de El Portalón, que forma parte del conocido conjunto de yacimientos de la Sierra de Atapuerca en Burgos y que en sí mismo registra más de siete milenios de prehistoria ibérica. En el estudio también se han estudiado importantes yacimientos como la Cueva de los Murciélagos de Zuheros (Córdoba), de la que se ha secuenciado el genoma de un agricultor neolítico de 7.245 años de antigüedad, convirtiéndolo en el genoma humano secuenciado más antiguo del sur de la Península Ibérica, representante de la Cultura Neolítica de la cerámica a la Almagra, característica de los primeros agricultores de Andalucía.

 

 

Imagen 1: Cueva de los Murciélagos (Andalucía)
Pie de Figura: Restos del esqueleto de un agricultor neolítico de hace 7245 años encontrado en la Cueva de los Murciélagos (Andalucía) cuyo genoma ha sido secuenciado en este trabajo. 1) Esquema del deósito funerario. 2) Cráneo del individuo. 3) Los restos óseos en el momento de su descubrimiento en la cueva.
Crédito: Cortesía de Rafael Martínez-Sánchez (Universidad de Granada) y Antonio Moreno Rosa (Universidad de Córdoba)

Antecedentes

 

Las migraciones prehistóricas han desempeñado un papel importante en la conformación genética de las poblaciones europeas. Desde el último máximo glacial, hace aproximadamente 20.000 años, Europa estaba habitada exclusivamente por grupos de cazadores recolectores, pero dos migraciones importantes durante los últimos 10.000 años tuvieron impactos masivos en el estilo de vida y el acervo genético de las poblaciones europeas.

 

En primer lugar, hace aproximadamente 7.400 años, grupos originarios de Oriente Medio y Anatolia introdujeron prácticas agrícolas en Europa durante el Neolítico. Posteriormente, hace 5.000 años, poblaciones de la estepa Póntica-Caspio se extendieron por el continente europeo reemplazando a los anteriores. Como ambos movimientos se originaron en el este, las partes más occidentales del continente fueron las últimas en ser alcanzadas por estas migraciones. Si bien los estudios arqueológicos han demostrado que ambas migraciones han sustituido a más de la mitad del registro genético de Europa central y septentrional, se sabía mucho menos sobre la influencia de estos sucesos en las poblaciones ibéricas, especialmente en las zonas más meridionales como Andalucía.

 

Durante la Revolución Neolítica, dos migraciones neolíticas independientes extendieron las prácticas agrícolas por toda Europa

 

Los primeros agricultores llegaron principalmente a Iberia siguiendo una ruta costera por el norte del Mar Mediterráneo. Este estudio demuestra que los individuos neolíticos ibéricos muestran diferencias genéticas con los primeros agricultores migrantes que se asentaron en el centro y norte de Europa. “Esto sugiere que los primeros agricultores de Iberia remontan la mayor parte de sus antepasados a los primeros pueblos neolíticos que emigraron a la Península por la ruta mediterránea y que las aportaciones posteriores de sus homólogos centroeuropeos fueron menores en esta región”, dice la paleo-genetista Cristina Valdiosera, de La Trobe University en Australia, una de las autoras principales del estudio.

 

Estos migrantes de la ruta mediterránea muestran una fuerte conexión genética con los habitantes modernos de la isla mediterránea de Cerdeña. Probablemente podemos considerar a los actuales sardos como descendientes relativamente directos de la gente que difundió las prácticas agrícolas en toda la región mediterránea hace unos 8.000 años”, añade Mattias Jakobsson, genetista de poblaciones en la Universidad de Uppsala, Suecia, y otro de los autores principales del estudio.

 

Pie de Figura: Representación de un agricultor neolítico ibérico.
Crédito: Cortesía ode Maria de la Fuente (Maria de la Fuente Archaeological Illustrations)

 

Los primeros grupos de agricultores neolíticos que llegaron a Iberia estaban formados por un pequeño número de individuos

 

A pesar de otras potenciales entradas de grupos neolíticos en Iberia a través del norte de África o Europa continental, los investigadores no han encontrado diferencias regionales sustanciales entre los primeros agricultores que poblaron Iberia. Torsten Günther, genetista de poblaciones de la Universidad de Uppsala y otro de los autores principales de este estudio opina que “Aunque las diferencias geográficas parecen menores, vemos algunas diferencias a lo largo del tiempo debido a la interacción y al intercambio genético entre los distintos grupos”. Los primeros agricultores ibéricos muestran niveles significativamente bajos de diversidad genética, lo que indica que la primera oleada neolítica de migración que se estableció en la Península fue de un número relativamente bajo de individuos. Tras este período inicial de baja diversidad, las poblaciones recién llegadas crecieron en tamaño y se mezclaron con los cazadores-recolectores locales, aumentando rápidamente la diversidad genética en períodos posteriores (Calcolítico y Edad del Bronce).

Cueva de El Portalón (Atapuerca)
Pie de Figura: El yacimiento de El Portalón de Cueva Mayor en la Sierra de Atapuerca (Burgos) contiene restos humanos que han hecho posible la reconstrucción de la prehistoria biomolecular de la Península Ibérica a lo largo de 4.000 años.
Crédito: Cortesía de Eneko Iriarte (Universidad de Burgos)

 

Las poblaciones de la Edad del Bronce Ibérico muestran una baja proporción de ascendencia esteparia

 

Si bien estudios recientes han demostrado que la migración masiva de las poblaciones esteparias caspio-pónticas durante el final del Neolítico, Calcolítico y primera Edad del Bronce fue responsable de una importante renovación poblacional en Europa central y septentrional, los autores muestran en este estudio que la influencia genética de esta migración en los europeos contemporáneos del sudoeste, es decir, en los ibéricos prehistóricos, fue menor y tardía, a partir de la Edad del Bronce. Esto confirma que la historia genética de Iberia fue única, ya que ha sido influenciada en su mayor parte por la primera migración prehistórica asociada a la introducción de las prácticas agrícolas – la Revolución Neolítica. “Es a lo largo de la Edad de Bronce cuando se produjo un aporte de población centroeuropea a la Península Ibérica, que además trajo consigo nuevas ideas y conocimientos, es decir, una nueva cultura. Esta migración posiblemente también incluyó las primeras lenguas indo-europeas. Los restos arqueológicos de la edad del Bronce del yacimiento de El Portalón, en la Sierra de Atapuerca, también parecen apuntar a esta influencia centroeuropea”, afirma Eneko Iriarte, geólogo de la Universidad de Burgos y coautor del artículo.

 

Una dieta homogénea en los agricultores ibéricos

 

Los autores también han investigado la dieta de estos agricultores neolíticos a lo largo de casi 4.000 años, corroborando que a pesar de la significativa interacción biológica entre grupos culturales diferentes, la economía agrícola se impuso y predominó desde el principio con continuidad a lo largo del tiempo. El arqueólogo molecular Colin Smith, de La Trobe University, otro de los autores, explica: “Curiosamente, aunque con el paso del tiempo vemos una influencia genética significativa de ancestros cazadores-recolectores locales en los agricultores inmigrantes, la dieta de estos primeros agricultores no cambia. Su dieta terrestre es característica de las culturas campesinas y persiste temporal y geográficamente a lo largo de milenios “.

 

Este estudio ilustra el gran potencial de la investigación interdisciplinar para comprender toda la complejidad de la prehistoria europea. “En general, los resultados del trabajo enfatizan las diferencias entre las poblaciones más occidentales y sus equivalentes centroeuropeas, y subraya la necesidad de estudios regionales más detallados que revelen cada vez mejor la complejidad de las migraciones prehistóricas” concluye la Dra. Valdiosera.

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