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Hipólita Díez de los Bueis – una niñez ejemplar –

Nació en el barrio de Palencia de La Puebla. Fue un 30 de enero de 1921 y sus padres se llamaban Lucía e Hipólito, que tuvieron cuarto hijos: Marta, Ángeles, Poli y Bonifacio. A los diez años murió su madre y tuvo que salir de la escuela para cuidar a su padre que, a causa de un accidente se quedó inválido.

Sus dos hermanas se fueron a trabajar a Madrid y ella recorría las casas pidiendo limosna y así poder dar de comer a su padre y hermano pequeño. Su padre murió cuando ella había cumplido 14 años.
Encontró trabajo en una ‘lechería’, la de Alfredo Martín. Limpiaba las cuadras, ayudaba a cargar el carro de alfalfa y vendía la leche por las casas. Todo ello ganando 15 pesetas. Fue una niñez y juventud muy sacrificada y siempre sonriendo y transmitiendo simpatía.
Al cumplir los 20 años conoció a Pantaleón Guzón Movellán, “hombre bueno y trabajador y poco hablador, que vivía en Villalobón. Se casaron y allí se quedaron a vivir. Ayudada por su cuñado Vicente, que era albañil, aprendió a hacer adobes y así fueron construyendo la casa. Que aún está firme, nos dice.
No quería pedir dinero y se ofrecía a servir por las casas, siempre recibiendo el sueldo que le deban voluntariamente. Recuerda y cuentea de cuando sirvió al médico D. Primitivo. Iba al lavadero a lavar, teniendo que romper al carámbano en los fríos inviernos.
En el matrimonio han tenido ocho hijos, que todos viven: Lucio, Cecilio, Saturnina, Isabel, Jacinto, Nicolás, Nieves y Ángeles. Es una cristiana de cuerpo entero por su piedad y espíritu de caridad para con los necesitados y asistencia a los enfermos.
Sus grandes devociones son son: San Blas, Sagrado Corazón y a la Virgen de la Asunción afirma que ha sido y es la fe y los rezos, los que la mantienen siempre alegre y logra superar los momentos difíciles.
En su iglesia de Villalobón ha celebrado sus Bodas de Oro. Tiene 22 nietos y 12 biznietos. Su gran afición es pintar y goza mucho haciendo cuentas de suma y resta. También disfruta bailando y jugando a las cartas con sus amigas y vecinas Toni, Carmina, Celso y alguna más. Es aficionada al juego de los bolos de tanta tradición en Castilla y León.
Continuamente da gracias a Dios por los hijos que tiene y que tanto la cuidan y miman. Toda una ancianidad idea. La Cruz Roja la va a buscar para llevarla al centro donde colabora en las labores del comedor: poner las servilletas, repartir el pan, etcétera.
Muy amiga de los animales, goza muchísimo con el perrito que la acompaña a todos los lugares. Le encantan los niños, sobre todo sus biznietos.
Hipólita es feliz, muy feliz, y recuerda sus años de niña y los trabajos de su juventud para ayudar a mantener la familia. ¡Qué ancianidad más ideal!”

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