Home / Opinión / Colaboraciones / Aquella Navidad

Aquella Navidad

ANA HABIA SIDO MAESTRA. El invierno siguió a aquel otoño en el que ya no tuvo que madrugar para ir al trabajo. Y a éste, otros muchos meses y años.

Sus ojos perdieron las chispitas de color miel que le nacían cuando contemplaba a los niños. Tampoco podía salir sola de la residencia. Su sentido de la orientación era confuso y se perdía en la ciudad con frecuencia.

Por eso ella deseaba que amaneciese cada jueves, el día de la semana en el que a la residencia llegaban unas jóvenes, voluntarias de una ONG solidaria, que sacaban a pasear a las ancianas que no tenían familiares.

Tuvo suerte. Elisa era un encanto de muchacha. Desde el primer día se entendieron. Además, le gustaba su voz. Ana pensaba que era acariciadora y suave, tanto que le gustaba cerrar los ojos mientras Elisa hablaba y en ese instante, sentía que de nuevo la vida, para ella, volvía a ser más cálida y habitable.

Entre las dos se había establecido un clima de confianza y empatía tan fuerte que las dos horas que Elisa le “regalaba”, le parecían pocos minutos y, de vuelta a la residencia, comenzaba a contar los días que la separaban de la próxima salida. Gracias a los jueves, la rutina semanal se le hacía respirable.

Agarrada de su brazo pasea las calles y cree distinguir,  tal vez lo sueña, que  los niños que se le cruzan son aquellos otros que en su escuela   compartieron con ella tiempo y amor en un juego de dar y recibir de forma espontánea la capacidad de transmitir sonrisas y alegrías. Y en esos breves segundos, un mundo de recuerdos hermosos ilumina el rostro de Ana y lo vuelve joven mientras, cree acariciar el pelo sedoso de Mario, descubrir la sonrisa tímida de Tania, el gesto cariñoso y confiado de Mikel o el abrazo de Rita…

Con la edad se pierden muchas cosas, hasta la capacidad de soñar.        Su vida era cada vez más limitada y dependía, para casi todo, de los demás. Las pequeñas ilusiones diarias desaparecieron tragadas por esa melancolía que se cuela sin permiso y que, a estas edades, no trae consuelo, sino tristeza.

Ese año, cercanos ya los días de turrón y mazapán, Ana perdió el apetito. Sor Carmen, la religiosa encargada de servir las comidas, solía reñirle con todo el cariño:

 -Que se nos está quedando como un pajarito, Ana. Hay que comer un poco más. Vamos, abra la boca, esta sopa está riquísima.

Ella obedecía, igual que una niña, y abría la boca. Otras, se negaba.

     Ana sigue avanzando por un camino que la empuja hacia el tiempo dorado de su infancia en el pueblo. Recuerda el color de las flores del romero y de la jara, los sonidos del viento que se colaba por la ventana de la habitación, los ruidos familiares de una casa de labranza en la que ella vivió con los abuelos…

En aquellos momentos se sentía tranquila, lejos de la realidad, y sus oídos, cerrados al presente, se abrían para escuchar la eterna canción de un coro de voces infantiles que ocupó su tiempo de trabajo en la escuela. Aquellas voces competían en belleza con el canto de los pájaros que alegraron sus oídos en la niñez ya tan lejana.

¡Los pájaros! ¿Cómo no lo pensó antes?

Y “sus niños” ¿lo habrían olvidado?

Como si una luz iluminase hasta el rincón más recóndito de las capas de su memoria, volvió a revivir aquellas tardes, cercanas a la Navidad. Cada niño dibujaba en un folio los juguetes que ese año le pediría a los Reyes Magos. Luego, salían muy formales al patio siguiendo a la maestra.

En un rincón del patio el ailanto, aquel árbol que en la literatura malaya era considerado el sagrado árbol de los dioses, lucía sus esbeltas ramas desprovistas en esa época del año de hojas…

Entonces, valiéndose de una escalera, Ana trepaba hasta sus ramas e iba colgando los dibujos infantiles que ondeaban al viento como banderas blanquísimas e iluminadas con bellos colores que tomaban un tono dorado y especial por la ilusión contenida en cada uno de ellos…

A la vuelta de las vacaciones de Navidad, los pequeños la hacían partícipe de que sus ilusiones, de nuevo, se habían visto cumplidas. Ana sonreía al sentirse tan cerca de aquellos reyes que poblaron también sus sueños de niña.

La maestra da vueltas y vueltas en su cama. No consigue dejarse acunar por el sueño, reparador de las tristezas del día. Las luces en la residencia permanecen apagadas, salvo en los pasillos, por si algún anciano precisa atención urgente. Reina el silencio en todo el edificio.

De pronto, las voces de niños que entonan canciones escolares que ella recuerda, llegan hasta su habitación Le parece oír su nombre pronunciado dulcemente Ana, Ana, Ana…

Se bajó sin pereza de la cama. No se puso la bata, ni se calzó las zapatillas y, sin embargo, no sentía frío cuando alcanzó la puerta y caminó por las calles cubiertas con un manto de nieve tan inmaculada como no viera nunca antes.

No sabe cómo consiguió llegar hasta el colegio. La puerta estaba abierta y  el patio iluminado desde el ailanto con  lucecitas de colores que hacían destacar cientos y cientos de dibujos colgados de sus ramas…Eran los sueños infantiles de los niños que fueron alumnos suyos durante los más de 40 años en que trabajó como  maestra. Y una luz clara llegó a su cerebro y el prodigioso don de la memoria le fue concedido de nuevo y recordó que cada año, en la fecha señalada, los había colgado de las ramas  con la esperanza de que sus alumnos, el día de Reyes, vieran cumplidos sus deseos.

Ana daba vueltas alrededor del árbol y de pronto una brisa -la misma que sopla en los cuentos de hadas o en los juegos de magia- comenzó a mover cada folio que, al desprenderse del ailanto, se elevaba hasta el cielo para, a los pocos segundos caer dentro del patio convertido en el juguete que antes no era más que un dibujo, un sueño de niño para una noche cargada de misterio.

De pronto, el patio se iluminó con una luz especial y Ana pudo ver cómo sus alumnos de tres, cuatro y cinco años, entraban a recoger el juguete cuyo dibujo habían hecho años atrás, en el tiempo de leche y miel de una infancia inolvidable. Luego, se agarraron de la mano e iniciaron una rueda de canciones en la que Ana tomó parte con el corazón henchido de gozo.

Le parecía tan hermosa la noche que desde lo más íntimo de su ser le pidió a Dios que no terminase nunca…

A la mañana siguiente, sor Carmen llamó a la puerta del dormitorio de Ana. Pero no obtuvo respuesta. Abrió muy despacito para no despertarla, y la encontró a los pies de la cama, hecha un pequeño ovillo, con los ojos cerrados y una plácida sonrisa en su rostro, como si estuviera disfrutando de un sueño hermoso.

La llamó repetidas veces por su nombre: Ana, Ana, Ana. Y no obtuvo respuesta porque Ana ya estaba lejos, muy lejos aquella Navidad.

Te puede interesar

mar, cerebro, cognitivo, STEFAN ZWEIG, zweig, clarisa, memorias, intelectuales, muñoz molina, angel de castro, angel de castro, queja, colaboración, apocalipsis, asombro, concentración, resiliencia, pitágoras, luz, prueba, razón, antípodas, queda, todo queda, todo pasa, cerezos, nieve, valle, primavera, imaginarse, pregunando, caballos, cabriolas, luna, sol, luz, enroscada, cerezo, callejón, salidas, olores, sabores, infancia, callejón, salida, pirámide, oscuro, balzac, monstruosidad, tribu, costumbres, ángel de castro, valores, insistir, resistir, persistir, vida, violencia, justicia, libertad, igualdad, feminismo, tolerancia, chimenea, tierra campos, frío, cálido, abandono, desvarío, casa, cosas, puertas, guardar, adn, ventanas abiertas, ventanas, paisajes, proust, marcel proust, contemplar, casa, cosas, libros, cuarto baño, baño, amistad, camaradería, caracol, portugués, lorca, casa, cosas, dime, andas, quién eres, refrán, refranes, mayor, ser mayor, ángel de-castro, de castro, valladolid, centro día, centros día, actual, pasado, presente, futuro, ángel castro, ángel de-castro, colaboración, bolero ravel, ravel, caballero bonald, juventud, pasado presente, vivir, vida, aristóteles, horizonte, javier marías, marraja torres, viudas, mujeres, dolor, angustia, duelo, colaboración, opinión, vida,

CÓMO INFLUYE EL MAR EN EL CEREBRO

Todos, creo que sin excepción, cuando nos hemos acercado al mar y hemos paseado por …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
WP-Backgrounds by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann