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Madre de acogida

Clara no dudó en repetir la experiencia y acudió con el corazón golpeando en su pecho, llena de ilusión.

Si alguien la necesita estará ahí en ese momento, único y personal, compartido con otras personas que ayudan con cariño a una joven madre que no sabe si podrá quedarse con ese bebé que acaba de traer al mundo…

Circunstancias familiares, o de desarraigo impiden que el recién nacido pueda seguir con su madre natural. Hay un período de un mes en el que, antes de ser dado en adopción, necesita una “mamá de acogida”. Los Servicios Sociales  velan por el bienestar de ese pequeño.

Clara tiene marido y un hijo. Es voluntaria de Cruz Roja,  acompaña al médico a una anciana, empuja su silla de ruedas y habla con alguien que no tiene familia. Siente una paz inmensa cuando se descubre en los ojos de esas personas y en el gesto con el que aprietan sus manos. En esos momentos se siente feliz.

Decidió dar un paso más y participó en “mamá de acogida”. Un programa coordinado por la Junta y Cruz Roja que recibe a bebés a los pocos días de nacer para cuidarlos como lo haría una verdadera madre. Me cuenta que empezar, con todo lo que supone atender a un pequeño: biberones, cambio de pañales, pediatra, sueño interrumpido, y seguir con las tareas de su hogar…le parecía una tarea para la que no iba a tener fuerza suficiente.

Y me cuenta:

-“Esa noche no pude conciliar el sueño. Analicé el grado de mi egoísmo. Al día siguiente acepté. Busqué en el desván la cuna de mi hijo. Compré ropa de bebé y todo lo que supuse iba a necesitar. Leí el manual de “Primeros auxilios” que otras madres de acogida habían escrito para ayudar a las novatas como yo. Una tarde me llamaron. Y recogí un lindo niño hijo de una emigrante. ¿Qué sentí? Alegría, miedo, y responsabilidad…Luego, aquellos treinta días me supieron a gloria…El niño fue buenísimo. Únicamente me dolió el momento de separarme de él.

Repetí la experiencia otras tres veces. Todo salió bien. Pero me habían advertido: ¡cuidado con tus sentimientos!

Con Saray, así la llamé, el tiempo de acogida fue más largo; la mamá quería quedarse con su hija. Pero, desgraciadamente, la droga pudo más que su amor. Tuve a la niña seis meses y me encariñé tanto con ella que, aún, llora mi corazón…”

Clara volverá a repetir con otro bebé que la necesite, en esta cadena de amor de la que forma parte, y en  la que se siente gratificada. También me dijo que su hijo y su marido son estupendos colaboradores, y  ayudan en esa grata tarea.

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