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Apenan esas muchedumbres

Apenan esas muchedumbres

Los evangelistas San Mateo y San Marcos narran con parecidas palabras que estando ya Jesús volcado de lleno en su vida pública y en su infatigable predicación por aldeas, pueblos y ciudades de Judea, Palestina, Galilea y Samaria, al hacer su primera multiplicación de los panes, sintió compasión de la muchedumbre pues estaban  “como ovejas que no tienen pastor”.

No es aventurado imaginar que hoy, tras más de veinte siglos de sus enseñanzas, y no sólo por el poco aprovechamiento que los hombres hemos sacado de ellas, sino por haber perdido en lugar de aumentado la fe que teníamos, la infinita misericordia del Señor aún sentirá mayor compasión por nosotros pues por nuestra pereza en unos casos y soberbia en otros, pero engañados siempre por el maligno y por políticos incompetentes cuando no corruptos que tanto da, vagamos por la vida sin creencias, sin valores, sin ideales, sin justicia, enfangados en efímeros placeres.

Placeres por otra parte que, como escribió en sus inmortales Coplas nuestro Jorge Manrique, “cuán presto se va el placer, cómo después de acordado, da dolor”, nos llevan a despreciar el maravilloso regalo de la propia salvación eterna que nos ganó Jesucristo con su Pasión y muerte en la Cruz. En nuestra merecida desesperanza por nuestros desvíos, tan sólo andamos atentos a  ver si también nosotros llenamos la panza, pillamos algún chollo y podemos vivir como los que nos sojuzgan, qué triste.

A la inmensa mayoría de españoles que estamos viviendo y sufriendo en estos momentos decadentes de nuestra historia, también nos acongoja la existencia de tanta gente sin formación ni personalidad que se haya expuesta, como las veletas, a girar al compás del viento de lo que nos quieran decir los que manejan sin escrúpulos a los hombres. Analizar las causas de esta falta de criterio, llevaría a los eruditos a no pocos y sesudos estudios que a buen seguro no cabrían en un libro. Sin embargo la razón está clara para los humildes de corazón, para los que están lejos de la fatuidad, del enredo y la mentira. También lo está para los que ya hemos vivido lo bastante como para no estar arrogantes donde no podemos. Nos damos cuenta que con el camelo de la democracia, nos quitaron la galga que evitaba el desenfreno de nuestras pasiones, desatando las ataduras que nos obligaban a ser austeros, sobrios, mesurados en todo y, ebrios por el libertinaje, expulsamos o arrinconamos a Dios de nuestras vidas. El resultado está a la vista.

Ahí está ya, instalada a título de costumbre, como si fuera una de las plagas bíblicas actualizada por nuestra ligereza moral, la ruptura de tantos matrimonios que se rompen a las primeras de cambio, sin tener en cuenta la fidelidad prometida ni el daño que se hace a los hijos y aún los propios esposos a sí mismos. Por cualquier contrariedad, estos tiran por la borda sueños e ilusiones, divorciándose alegremente porque es lo que se lleva, para ser unos desgraciados el resto de sus vidas. Qué error más lamentable, ¡cuántos males trae consigo!. Y qué pensar de esos compatriotas que tragan con todo lo que les echan, que asisten impávidos a la pérdida de sus creencias y tradiciones sin darse cuenta que les están vaciando el alma de su ser español, haciéndoles marionetas de espurios intereses, todos ellos contrarios a los suyos personales y a los colectivos. Obedientes a la propaganda y ambición de unos señoritos con vocación de caciques o, más aún, de emperadores de lo que nunca existió, se hacen fanáticos nacionalistas de este o aquel cantón, sin darse cuenta que se están encadenando a la esclavitud de un mundo más pequeño, más pobre, más vigilado y racista, cerrando su horizonte y cualquier esperanza de salir de él.

Pues qué decir de los que en aras de su afán hedonista, o por ser cortos de entendederas, solamente están atentos a los cantos de sirena de los medios informativos manipulados que lo único que se proponen es embrutecer a las masas para que no piensen y puedan ser manejadas mejor. Son los mismos que, absortos ante los discursos y promesas de los políticos y demás charlatanes, creen que la democracia es votar cada cuatro años al desconocido que imponen los partidos. Luego esperan tranquilos otros cuatro años para ser engañados de nuevo, pues todavía no saben que las promesas electorales son paja que se lleva el viento, sin que su incumplimiento signifique rendir cuentas y el descrédito de quienes las hacen. Como los tales no saben o no contestan, tampoco pueden exigir que se acabe con los aforamientos de los políticos y los nombramientos de jueces por el dedo de esos mismos políticos, para que sean los que les juzguen si las cosas se ponen mal. Resultado, nunca pagan por sus fechorías y aquí cada vez hay más injusticia y corrupción.

Como el tiempo vuela, entre votación y votación se va agrandando la descomposición moral de la nación y la corrupción alcanza cotas tan altas como la luna prometida. Sin hacer ruido para que no se enteren los que nunca quieren enterarse, la perversión del leguaje está a la orden del día y se hace patente en el uso torticero de términos equívocos con los que se cambia el sentido original y auténtico de los significados para ir introduciendo un permisivismo total y antinatural.

Buen ejemplo lo tenemos en la palabra progenitor empleada en lugar de padre o madre y así colar a homosexuales y lesbianas. Sin duda, lo ya señalado no es lo peor que nos podía suceder. Pienso que los mayores males proceden de la inhumana pretensión de introducir en la sociedad la cultura de la muerte. Muerte al concebido y no nacido por medio del aborto y muerte a los que estorban por su decrepitud aplicando la eutanasia.

Si reflexionamos un poco, nos llamará la atención que el mundo político progresista, especialmente las mujeres que tienen a gala seguir esa corriente, proclamen y reivindiquen impúdicamente y sin rubor el derecho a abortar. Con ello demuestran la incoherencia y dureza de su corazón además de su soberbia, ignorancia y temeridad. Ser progresista debiera significar estar a favor del progreso como factor de bienestar general al que tiene derecho la humanidad entera. Sin embargo, en los casos de aborto y eutanasia, atentar contra la vida es retroceder al oscuro medievo que tanto hizo sufrir a los pueblos y es traer otra vez la tiranía de los odiados y despóticos señores feudales, hoy en lenguaje moderno se llaman políticos, con sus derechos sobre vidas y haciendas y de propina el de pernada. ¿Puede un ser humano disponer a su antojo de la vida de otro ser humano? ¿es justo, es ético, es moral, es siquiera razonable y conveniente para el bien común? ¿quién ha dado a los gobernantes y a la mujer semejante privilegio o poder? ¿acaso ella misma es una diosa o aquellos dioses, para hacer lo que les dé la gana? ¿existe alguien que pueda otorgar esa patente? ¿no es la vida un don y un derecho irrenunciable, el mayor de todos, otorgado por Dios al hombre?

Ya es hora de llamar a las cosas por su nombre y dejarse de demagogias. Nadie pone en duda que la decisión de ser madres las pertenece y no se puede imponer, pero solamente cuando su derecho no entra en colisión con el de un tercero, como es el del concebido. Y a partir de ahí, también con el del compañero buscado. Es decir, hasta antes de concebir puede decidir, pero una vez expuesta voluntariamente a la concepción, queda sometida a la servidumbre de su sexo. Como lo estamos todos y todo en la Naturaleza. Es pura ciencia. Por no aceptar este y otros mandatos y caer en el vicio que saca la puerta de quicio, la España actual es una muchedumbre sin pastor, desquiciada, sin ideales patrióticos ni valores morales y religiosos, sin hombres de Estado que sepan llevarla al futuro que se merece. Por eso va camino del precipicio. ¿No es digna de lástima? ¿acaso no lo es también ese gentío que secunda inconscientemente con ánimo encrespado, la perversa llamada de la esquila de guías ciegos, interesados en la explotación de los más débiles en general y de la mujer en particular, que engorda vociferante esas marchas llamadas “de la libertad” exigiendo el aborto, cuando en realidad lo que se está pidiendo es una licencia cainita del todo reprobable por injusta y depravada?

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