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En busca de la esperanza

Eran jóvenes, tenían ilusiones, y toda la vida por delante para ir a la busca de la esperanza, a su encuentro.

Las atrayentes imágenes que circulaban en las redes sociales, las noticias que corrían de boca en boca hablaban de su existencia y la televisión mostraba el rostro de gente despreocupada y feliz que vivía al otro lado… Allá muy lejos, atravesando el mar, estaba el paraíso, no el de Alá, sino otro más cercano, en un lugar de Europa, la nueva “tierra prometida”…

Y decidieron que valía la pena luchar para llegar a él. Reunieron los ahorros de padres, familiares y amigos junto a los escasos dineros ganados en el lugar de origen. Y se lo jugaron todo a una única carta: conseguir una vida mejor para ellos y para los suyos.

Pagaron al dueño de la patera lo que les exigió. Esperaron agazapados, con frío y hambre, recorrieron kilómetros a pie, con cansancio acumulado, con miedo y peligro a ser descubiertos.

Muchas veces, cuando ya pensaban llegado el momento de embarcar -en pateras en mal estado y sobrecargadas-, fueron relegados a una nueva espera y vieron -con pena o rabia-, que otros salían antes que ellos, habían pagado más, y los derechos que da el dinero, en estos casos, es determinante. Que ya lo dijo Quevedo: “poderoso caballero es don dinero”, y esa gran verdad es más actual que nunca en este mundo en el que el favoritismo, la corrupción, el amiguismo, campa a sus anchas en territorio nacional y extranjero. PODER Y DINERO, motores de una sociedad carente de valores. Nada ha cambiado la conducta del poderoso dueño de ambos. “Todo está escrito bajo las estrellas”.

Amer permanece ovillado, agarrado a sus piernas, sujetando entre el arco que describe con su cuerpo un pequeño bolso en el que caben las escasas pertenencias que posee. Un esguince en el tobillo derecho le molesta demasiado. La inflamación aumenta.

Intenta dormir; acerca imágenes de aquellos a quienes ama y recuerda el llanto que unió a padres y abuelos y a los cinco hermanos que se abrazaron a su cuello el día de la despedida y que han puesto en él su esperanza.

Si todo va bien, es posible que, pasado un tiempo, reclame a los dos mayores. Las niñas podrán casarse en su tierra si les envía dinero. La suerte de toda la familia depende ahora de él. El monte en el que pasa escondido la noche, con cientos de personas que viven su misma situación, ya está cerca de la frontera. Pero no sabe cuando recibirá junto a sus compañeros la orden de correr y saltar la valla. Lo intentó hace más de 20 días. Las cuchillas son peligrosas, sus manos tienen cortes casi cicatrizados y a un compañero se le engancharon en el tórax. Pero ésta, seguro, va a ser la definitiva, tiene que conseguirlo. Poco a poco el sueño se acerca, con mano suave, como la caricia de una madre y, Amer, cree estar al otro lado, en el paraíso de la felicidad…

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