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La crisis era plural

La nefasta crisis económica de la que todavía no hemos salido y que se negó  a reconocer en su día el gobierno de Zapatero, además de dejarnos en cueros en lo que a derechos laborales se refiere, llevó al paro a millones de trabajadores y al endeudamiento económico a los españoles para varias generaciones.

Cuando, encontrándonos exhaustos y hechos unos zorros por el rescate parcial a la Banca, pagado a precio de oro por todos menos por los culpables de su hundimiento, creíamos que el gobierno de Rajoy al evitar el rescate total de la economía nacional nos estaba sacando del atolladero, resulta que al circo español le crecen los enanos. Ahora comprobamos que la crisis era, y es, fundamentalmente política. Para que nuestros políticos se cayeran del guindo al que se habían subido a lomos del pueblo, han bastado unas elecciones al Parlamento Europeo donde aparentemente no estaba en juego el poder.

Los resultados adversos cosechados por la partitocracia que padecemos y los extraordinarios obtenidos por el partido de los indignados, han provocado la estampida casi general de los viejos dinosaurios de un sistema que muy pronto devino en ser mero portador de la mayor corrupción conocida hasta ahora en nuestra patria. El primero en tomar las de Villadiego ha sido el rey, que al parecer ha visto las orejas al lobo y lejos de hacerle frente, ha puesto pies en polvorosa y abdica cuando más falta hacía para frenar la descomposición  de España ante la anarquía revolucionaria que puede instalarse en el río revuelto de la política nacional y el desafío separatista que se nos viene encima. Lamentable actitud la suya, que deja a su hijo a los pies de los caballos y a sus cortesanos con tres palmos de narices y aplaudiendo servilmente por si acaso, debido a que el que se va, no lo hace del todo. Si antes había una taza, ahora hay taza y media en la granja de los Borbones, que harían bien en tener cuidado con tanta abundancia, pues esta suele ser indigesta.

Es curioso comprobar el hecho de que cuando Franco nombró, sin que nadie se lo pidiera, a Juan Carlos como su sucesor a título de rey, gracias a lo cual lo ha sido, y éste, en su despedida no ha tenido la nobleza de agradecer, apenas había monárquicos, y  menos aún cortesanos en España. Hoy, después de cuarenta años de reinado, las tornas han cambiado, hay menos monárquicos y bastantes más cortesanos, lo cual nos hace pensar que a estos últimos es a los que les ha ido bien, quizá a los únicos, con el juancarlismo imperante. Respecto al ya rey Felipe, los primeros pasos son decepcionantes para la mayoría católica y para los que vemos la necesidad de cambiar cuanto antes la podredumbre actual y hacer frente al separatismo. El juramento sin los Santos Evangelios, ni siquiera una mención a Dios, como tampoco en nombre de quien juraba, es una manifestación banal y una ofensa a la tradición católica de España; un juramento ante una constitución que no ocultan se quiere reformar, un brindis al sol sin valor alguno; el silencio total sobre el gran problema de España y la enésima visita a donde siempre con los de siempre, con discurso floreado y bilingüe, una humillación para todos los españoles. Si estas actitudes y despropósitos vienen de quien dicen ha sido el heredero mejor preparado de la historia, apañados estamos porque nos las van a dar todas en el mismo carrillo y a cual más fuerte porque, a la vista está, faltan principios, creencias, genio y valor.

Los partidos a su vez, excepto el Popular en el poder y por tanto en el turno y papel de gran conseguidor y repartidor de prebendas, a los suyos naturalmente, hacen como que se lavan la cara para seguir engañando al electorado y seguir en el machito, por eso hay dimisiones y algunos andan a la greña. Puro teatro, seguirán los mismos con distinto ropaje cuando a estas alturas lo que se pide es que se acabe con los charlatanes, los privilegios, aforamientos y aforramientos, distinciones y honores inmerecidos, perjurios, prevaricaciones, mentiras, ascensos por amiguismo o cuota, injusticias de toda índole, retribuciones escandalosas, etc. etc. El pueblo hace mucho que dejó de ser analfabeto y villano, no ignora que todas las personas tienen la sangre del mismo color, que los señores de horca y cuchillo pasaron a la historia, que ya no hay reyes que sean dueños de vidas y haciendas y que ni el rey ni los políticos son intocables. Todos están para servir al pueblo y no para que éste les sirva a ellos. Hace muchos años, un joven político español, poeta y soñador de verdades las más de las veces, llamado José Antonio, dijo algo que los que lo mataron han procurado que se olvidara. Nadie nace ni vive en un partido político, sino dentro de una familia y un municipio y de padres que para mantener a sus hijos han de trabajar. Esas son las fuentes naturales y auténticas de cualquier representación política en democracia de verdad, no la ficticia de los partidos que sólo buscan su interés particular a toda costa, sin importarles dividir para ello a las familias, a los pueblos y a la nación entera.

Cuando se habla de España, hay que hacer referencia al llamado por todos desastre del 98, cuando España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, originando una crisis nacional sin precedentes que trajo consigo el que la unidad de España comenzase a resquebrajarse. Sabido es que cuando un barco se hunde las ratas son las primeras en abandonarlo. Y eso es lo que intentaron algunos sin éxito, pues el horno no estaba para bollos en esos momentos. Se dice que Sabino Arana fingió al final de su vida arrepentirse de su desvarío separatista, convencido de que una confrontación directa le hubiera llevado al fracaso. Entonces comentó a sus allegados y demás conmilitones la táctica a seguir, que no era otra que pedir cada vez más competencias a cambio de la fingida sumisión para conseguir a la larga lo que no se podía a la corta. Esta información si no es cierta, está bien traída a la vista de los acontecimientos y cesiones, cada vez mayores, que se han ido produciendo constantemente en los últimos tiempos a las regiones díscolas. Como cabía esperar, tanta generosidad  las ha hecho fuertes, ricas a costa de las demás y, para remate, más insolidarias aún. Cría cuervos…

La múltiple, variada y desastrosa crisis actual, nacida de la pérdida de valores fundamentales como la tradición y el catolicismo, símbolos de la identidad que siempre tuvo el pueblo español, han hecho creer a los separatistas que ha llegado el momento de largarse. Sólo con un colaborador necesario – el gobierno de la nación – sería posible llevarlo a término.  Desde la transición, los diferentes gobiernos, con la pasividad o más bien con el estímulo y la anuencia del rey, no han podido colaborar mejor con tales propósitos separatistas, les han dado no sólo lo que pedían, sino hasta lo que no está escrito. ¿Seguirán haciéndolo con el sucesor en contra de los intereses nacionales o se plantarán? He ahí el dilema. No queda otra que  esperar,  soñar y encomendarnos a Dios. Algún día saldrá de Castilla o de cualquier otro lugar de España, a impulsos del pueblo, un líder o un héroe que devuelva a fuerza de valor y verdad, la  unidad y dignidad a nuestra nación. Y a los españoles, el porvenir que se merecen.

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