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amor primero,

La nostalgia de un otoño

Carmen Adán Lerma, sobre el otoño y el amor
Llega el otoño, el frío se hace notar, las hojas de los árboles se caen y se quedan desnudos, los parques están solitarios, ya no se oyen gritos, risas, ni llantos de los niños, el parque se queda solo, las tardes son muy cortas, las noches largas muy largas.

Una luz en la habitación, un anciano no puede dormir, está recordando tiempos pasados, tiene un poco de nostalgia, su mujer le mira de reojo: que te pasa le dice, ¿en qué piensas? Estoy recordando tiempos pasados cuando éramos jóvenes y estábamos con nuestros hijos, ¡cómo se han pasado los años!, cuando te quieres dar cuenta ya eres un anciano.

Bueno, bueno, no pienses en eso, le dice Luisa, su mujer. Hemos vivido la vida que nos correspondía. Dios nos dio a nuestros cuatro hijos, los educamos, como los tiempos que nos tocó vivir, años buenos uy otros con alguna dificultad, como la mayoría de personas y creo, marido, que hemos sido felices y ha reinado la paz en nuestro hogar.

Ahora, Jose, estamos los dos solitos en casa, y estamos bien, dentro de los años que tenemos, no podemos quejarnos, además, te diré que tenemos que concienciarnos que la vida se va apagando cada día y tenemos que saber aceptarla, nuestras manos están juntos, no queremos, y eso es lo que cuenta.

Si Luisa, contestó su esposo, tienes mucha razón, hay que vivir, el día a día, no pensar en el pasado, ni en el futuro, disfrutemos del presente, que hoy puede ser un gran día.

Mañana si sale un poquito el sol iremos a pasear, así podremos contemplar más de cerca el otoño, ver los árboles y las plantas como, poco a poco, se quedan sin hojas, sin flores y cada año se van haciendo mayores como nosotros, pero ellos salen de su letargo, vuelven a resurgir, nosotros también dejamos nuestra semilla en nuestros hijos y ellos son los que florecerán y esto es así, un cúmulo de cosas que las vas hilando y todo medido y perfecto.

Como ya se han refrescado nuestras casas, con esa brisa y paseito que nos han traído recuerdos muy bonitos, nos iremos a nuestra casita tranquilos y felices de ver otro otoño más a nuestras espaldas y seguir un año más juntos y damos gracias a Dios por ello. Gracias Luisa por este rato de charla que también me ha hecho al corazón.

Ta verás marido, que bien vas a dormir esta noche, y agarraditos de la mano se dicen hasta mañana ¡Amor!

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