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Viajeros facturando equipaje para emprender rumbo a Europa en uno de los viajes del Club de los 60

Viajar es aprender

Son numerosos los artículos que se han escrito sobre viajes, como también  los libros dedicados a la necesaria labor divulgadora de todas aquellas cosas, paisajes y personas que buena parte de los seres humanos por una u otra razón no pueden conocer físicamente por sí mismos y de cuyo conocimiento se derivan grandes bienes para el género humano, tanto  culturales como económicos y sociales.

Este artículo no pretende otra cosa que dar fe de la diferencia que hay entre la propaganda y la realidad. Decía San Agustín, uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia latina, que aquí en este mundo cantamos las alabanzas a Dios en medio de nuestras preocupaciones  y que en el cielo lo haremos con total paz y tranquilidad; que aquí lo hacemos en la esperanza, allá lo haremos en la realidad, porque aquí somos viajeros. Con cuánta razón y oportunidad decía esto el gran santo, pues el mundo está lleno de trampas, cantos de sirenas, mentiras y sufrimientos que afectan no sólo al espíritu, sino también a nuestra vida cotidiana.

A lo largo de nuestra existencia no faltan viajes, menores aunque a veces nos puedan parecer importantes, largos y numerosos, aunque sólo uno, el concedido para vivir deba preocuparnos, ¡es tan corto y trascendente!. Por eso, esta certeza nos obliga a recorrer los distintos lugares y paisajes atentos a las novedades y sensaciones que produce lo desconocido y con los ojos bien abiertos, el corazón dispuesto y la mente despierta para discernir entre el bien y el mal y poder ver, conocer, amar y aprender de nuestros semejantes, expuestos como nosotros a toda clase de engaños, preocupaciones y necesidades. Preocupaciones espirituales y temporales cada vez mayores en este mundo incrédulo y materialista, donde impera la corrupción. En esta ocasión he podido conocer la realidad que se oculta tras ciertos triunfalismos gubernamentales y de los medios de comunicación, siempre palmeros del que les da de comer, olvidando la enorme responsabilidad que contraen con sus silencios sobre lo que ocurre realmente y de la que algún día tendrán que responder. Viajando no hace mucho a Santiago, he vuelto a vivir como en todas las visitas que he realizado a esta ciudad, emociones inolvidables tan de agradecer en esta hora pacata y pecadora. La belleza de Santiago es digna de ver. Sus Palacios, Iglesias, calles, y las mismas piedras que uno pisa, además de su encanto inigualable, nos hablan de la importancia que a lo largo de la historia han tenido y siguen teniendo para España y la cristiandad entera.

Asistir en la festividad del Corpus Cristi a la celebración por la tarde  de la solemne Santa Misa en su impresionante Catedral, previa a la tradicional Procesión, que este año debido a la lluvia no pudo salir a la calle y se llevó a cabo por el amplio y hermoso claustro del templo, fue un regalo del Señor. Por cierto, en una esquina del mismo se pueden ver tres campanas herederas de las robadas por Almanzor. Destaca por sus enormes proporciones la Berenguela, llamada así en honor a la madre de Fernando III el Santo, el rey que las recuperó con la toma de Córdoba. Doña Berenguela fue una de las mujeres más importantes, inteligentes y con más visión de futuro que ha tenido España a lo largo de su historia. La ceremonia, presidida por el Sr. Arzobispo con la asistencia de las Autoridades locales, transcurrió entre el silencio y la devoción de los fieles y peregrinos que abarrotaban la Seo. Sin embargo, como todo lo humano, y más si interfiere la política, es susceptible de caer en el error, también allí lo hubo. El Sr. Arzobispo, sin duda con la mejor intención quiso agradar a las autoridades rezando , cuando toda la ceremonia transcurría en español, el Padrenuestro en gallego contra el sentir de la inmensa mayoría de los asistentes que lo hicimos en español. Ridículo el suyo, fácilmente evitable con sólo utilizar el sentido común y mantener sin concesiones tanto la tradición como el respeto a los peregrinos y a la propia dignidad.

En Santiago de Compostela y en el santuario donde se venera al apóstol Santiago, primero de los apóstoles en sufrir el martirio, evangelizador y patrono de España, desde hace muchos siglos lugar de peregrinación para los católicos del mundo entero, al igual de Tierra Santa y Roma, o se reza en latín, lengua oficial de la Iglesia, o se hace en español, lengua universal. Los localismos sobran, y la Jerarquía que troca su misión profética por actuaciones obsequiosas, demagógicas, complacientes o condescendientes con los caprichos del poder político por contemporizar o para recibir halagos mundanos y efímeros, también. Tan desagradable proceder pronto quedó en anécdota ante la majestuosidad del Botafumeiro y el mensaje espiritual que transmite con su vuelo, posible gracias a la habilidad, inteligencia y esfuerzo de la media docena de tiraboleiros que se ocupan de ello. Indescriptible es el abrazo al apóstol Santiago así como el paso y oración ante su tumba, momentos inolvidables que pueden vivir los fieles que allí acuden, especialmente si son españoles. ¡Es tanto lo que debemos al apóstol y tanto lo que tenemos que pedirle por esta España en esta hora de tinieblas! La emoción que se siente en el escaso tiempo que imponen las largas y permanentes colas, es difícil de contener y explicar dado que en esos momentos, la mente y el corazón se aceleran y transportan el alma a un imposible, aunque ferviente y secretamente deseado Tabor.

El viaje de vuelta me devolvió a la realidad española y a la magnitud del desastre en el que chapoteamos después de cuarenta años triunfales de monarquía parlamentaria, democracia, impuestos, progreso, más impuestos, y bla, bla, bla a diestra y siniestra. A los pocos kilómetros de salir de Santiago a bordo de un tren Arco de cochambrosa locomotora y composición manifiestamente mejorable, una ligera pendiente averió el motor de la locomotora en el interior de un túnel del que apenas pudimos salir a costa de acabar de quemarlo. Tras una hora de espera a que llegase una segunda máquina de Orense, reanudamos el azaroso viaje. En el interregno, los viajeros españoles sufrimos el bochorno que nos produjo el comportamiento de un visceral compatriota lugareño de carácter carpetovetónico,  que se puso a despotricar de la situación con tacos y juramentos y por tener, además, que aguantar las bromas, burlas y risas de los turistas extranjeros que se mofaban, así de educadamente, de nuestros obsoletos servicios de transporte. En Monforte de Lemos nos aguardaba otra desgraciada sorpresa. El tren que debía enlazar con el nuestro traía cincuenta minutos de retraso por haberse tirado al mismo un joven de dieciséis años. Más adelante, las obras del AVE en la provincia de Palencia pusieron la guinda a un trayecto que debía durar seis horas y veinticinco minutos para que se quedara en otro de ocho horas, cuarenta y dos minutos.

En el recorrido pude ver una realidad que nadie cuenta pero que está ahí, muerta, pero al mismo tiempo matando la vida rural y los sueños de regeneración de Galicia y Castilla y León, acusando de paso con su silencio a los que la han hecho posible. Un número inacabable de estaciones cerradas a cal y canto sin cumplir el cometido para el que fueron construidas. ¿Dónde queda la manida vertebración de los territorios y el deseo de fijar población en el medio rural, cantinela con la que nos embaucan los políticos, dónde la igualdad de los españoles que proclama la Constitución, y dónde está y en qué se gasta el dinero de todos?. Mucha inversión proclive al despilfarro en trenes de alta velocidad para unos pocos privilegiados y apenas ninguna, ni siquiera para el mantenimiento, se emplea para los normales que utiliza la inmensa mayoría. ¡Qué vergüenza se siente al ver tantas ciudades y tantos pueblos sin servicio ferroviario, abandonados a su suerte, condenados a contemplar cómo pasan los trenes mientras van desapareciendo, o languidecen si oponen resistencia. Qué pena, qué impotencia y qué rabia que haya dinero para que se lo lleven impunemente a montones los corruptos, y falte lo necesario para dar vida a media España.

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Un comentario

  1. jose Manuel Benitez de Soto

    Me gustara apuntarme a las actividades para poder disfrutar de una vida acompañado, estoy muy solo

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