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Nostalgia de un otoño

Llega el otoño, el frío se hace notar, las hojas de los árboles se caen y se quedan desnudos, los parques están solitarios, ya no se oyen gritos, risas, ni llantos de los niños, el parque se queda solo, las tardes son muy cortas, las noches largas muy largas.

Una luz en la habitación, un anciano no puede dormir, está recordando tiempos pasados, tiene un poco de nostalgia, su mujer lo mira de reojo: “¿qué te pasa?”, le dice, “¿en qué piensas?”.

“Estoy recordando tiempos pasados, cuando éramos jóvenes y estábamos con nuestros hijos. ¡Cómo han pasado los años!, cuando te quieres dar cuenta ya eres un anciano”, responde él.

“Bueno, bueno, no pienses en eso”, le dice Luisa, su mujer. “Hemos vivido la vida que nos correspondía. Dios nos dio a nuestros cuatro hijos, los educamos, como la mayoría de las personas y creo marido que hemos sido felices y ha reinado la paz en nuestro hogar”, añade.

“Ahora, José, estamos los dos solitos en casa, y estamos bien, dentro de los años que tenemos, no podemos quejarnos, además te diré que tenemos que concienciarnos que la vida se va apagando cada día, y tenemos que saber aceptarla, nuestras manos están torpes, nuestro pelo se pone blanco como la nieve, pero nuestros corazones están juntos, nos queremos y eso es lo que cuenta”, añade.

“Sí Luisa”, contestó el esposo, “tienes mucha razón, hay que vivir, el día a día, no pensar en el pasado, ni en el futuro, disfrutemos del presente, que hoy puede ser un gran día”.

“Mañana si sale un poquito el sol iremos a pasear, así podremos contemplar más de cerca el otoño, ver los árboles y las plantas como, poco a poco, se quedan sin hojas, sin flores y cada año se van haciendo mayores como nosotros, pero ellos salen de su letargo, vuelven a resurgir, nosotros también dejamos nuestra semilla en nuestros hijos y ellos son los que florecerán y esto es así, un cúmulo de cosas que las vas hilando y sale todo medido y perfecto”, añade.

“Como ya se van refrescando nuestras casas, con esta brisa y este pasito que nos han traído recuerdos muy bonitos, nos iremos a nuestra casita tranquilos y felices de ver otro otoño más a nuestras espaldas y seguir un año más juntos y damos gracias a Dios por ello. Gracias Luisa, por este rato de charla que también me ha hecho al corazón”, finaliza.

“Ya verás marido que bien vas a dormir esta noche, y agarraditos de la mano se dicen hasta mañana, ¡amor!”.

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