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La memoria de la lluvia

Vijustea, es el nombre de un pequeño pueblo, situado en pleno corazón de Tierra de Campos, lugar por el que discurre un río chiquito, pero matón. El pan suyo de cada día, el del pueblo y el del río, lo consiguen unos campesinos de leyenda, a través de la agricultura y la ganadería.

La noche de los tiempos adversos, abrió de par en par sus compuertas, y una pertinaz sequía, de tres años consecutivos, mantenía desesperada y desesperanzada a toda la población terracampina. El alcalde, el cura, el maestro y la guardia civil, arropados por todo el vecindario, se habían reunido hasta la saciedad, agotando todos los recursos humanamente conocidos y religiosamente posibles, para atraer a la lluvia. En una ocasión, tractores, coches y bicicletas, de la mano de sus dueños, tomaron la calle del pueblo. Un refrán popular sentencia: “Si lavas por el día tu coche, lloverá por la noche”. Lava que lava, frota que frota, y la cascada de la lluvia, seguía sin aparecer.

Al santo patrón del pueblo, y a todos sus vecinos de altar, les tenían mareados de pasearles por el pueblo, por el campo. Como casi siempre, el dúo, rogativa-procesión, fue un fracaso estrepitoso.

En otra ocasión, la estrategia a seguir, según el maestro pirotécnico del pueblo, fue el lanzamiento  de cohetes musicales; al estallar, además del vistoso colorido, bellas melodías se dejaban oír…, como “esta noche ha llovido, mañana hay barro”, o esa otra que dice… “tiene que llover, tienen que llover, tiene que llover, tiene que llover a cántaros”. Todas las autoridades civiles y religiosas, locales, regionales y nacionales, se habían personado en el pueblo, aconsejando paciencia en unos casos,  y esperanza en otros. Pero tanto la señora Paciencia, como la señora Esperanza, no traían la esperada lluvia.

Exhaustos, desencajados, desfallecidos y abatidos, física, moral y económicamente, la población de Vijustea, tomó la determinación de intentar, por última vez, que la lluvia calara sus tierras. En Concejo Abierto, se acordó por unanimidad, contratar a los mejores dulzaineros del país.

Colocados los músicos en el templete de la Plaza Mayor, procedieron a desarrollar su repertorio idóneo para la ocasión, y comenzaron la función con una serie de jotas como…”Me muero, por bañarme contigo junto al río Duero”…, “De Rioseco a Villalón, te besé bajo un torrencial chaparrón”…, Desde Monasterio a Valderas, el río Cea baña todas las eras”, etc…, etc…, etc…,

Pasó el primer día de actuación, y la lluvia brilló por su ausencia. Al comenzar el segundo día de función, el cielo se encapotó ligeramente, circunstancia que aprovecharon los dulzaineros, para intensificar, sonora y musicalmente, su pasión para provocar la lluvia. Todo fue inútil. El vecindario, despidió el segundo día de actuación, con una memorable e histórica ovación, por el interés y el esfuerzo realizado.

Letanías de frases sin respuesta, pasaban de boca en boca por el pueblo. ¡¡¡ Pero qué hemos hecho!!!. ¡¡¡ Esto no es normal, ni natural !!! Las más beatas no paraban de decir: “Es una prueba que nos manda Dios”.

Cuatro días permanecieron los dulzaineros en el templete de la Plaza Mayor de Vijustea, tocando jotas, melodías, y todo tipo de canciones, para atraer a la lluvia. La rotura, por desgaste, de tres tamboriles, y la fiebre que se apoderó del redoblante, al cuarto día, fue el detonante para rescindir el contrato.

Fueron despedidos como héroes, como jabatos, pero las arcas municipales presentaban números rojos, y la desesperación, era la última señora que se había empadronado en el pueblo.

Para el maestro de Vijustea, trasmitir a los niños y niñas la noticia, que las autoridades le habían encomendado, supuso un trago amargo, que no deseaba a nadie. La escuela tenía que cerrar. Muchos padres ya no disponían de trabajo, con el que mantener a sus familias, y debían abandonar el pueblo.

-“Como ya sabéis todos…, comenzó Don Patricio, maestro de Vijustea, dirigiéndose a los niños, la sequía que nos ahoga…,

-Don Patricio.

-Sí, Lourdes, ¿quieres decir algo?, contesta el maestro.

-En una agenda que guardo en mi carpeta, he encontrado la dirección de la lluvia…

-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja,

Una apoteósica carcajada, protagonizada por la totalidad de niños y niñas de la escuela, cortó la corta conversación, que mantenían maestro y alumna.

-Silencio, sentenció Don Patricio, mientras golpeaba varias veces su mesa, con una regla de madera. No disponemos de mucho tiempo. Pongamos manos a la carta, y entre todos escribamos a la lluvia. Todos anotaron lo que llevaban dentro, suplicándole a la lluvia, que visitara cuanto antes su pueblo. Firmaron, y el maestro copió en el sobre la dirección: Sra. Lluvia Generosa y Necesaria. Paseo de las Nubes, s/n. Universo.

Cuenta la leyenda, que cuando la lluvia recibió la carta, se tiró de los pelos, se arrastró por los suelos, se rasgó las vestiduras, se encolerizó con las nubes, las llamó holgazanas, insolidarias, pandilla de incompetentes y pijas. Destituyó a los dos altos cargos, responsables de la distribución, puntual y equitativa de la lluvia. Os tengo dicho, por activa y por pasiva, que cuando el viento os lleve de un lugar a otro, debéis llevar anotado el lugar donde la lluvia es necesaria, y donde no. No podemos permitirnos tener fallos como este, y perjudicar a tanta gente buena y decente. ¡¡¡ Maldita sea mi falta de memoria y la de mis colaboradores !!!

Y en una abrir y cerrar de ojos y de nubes, se posó tanta lluvia en Vijustea, que desde ese día, a la Plaza Mayor del pueblo, la bautizaron con el nombre de “Plaza de la Bendita Lluvia”.

MORALEJA.

En tu agenda chaval, o persona mayor, además de tener la dirección de tu ídolo deportivo, musical o poético, has de tener por igual, en tu corazón y en tu cabeza, las señas de todas las maravillas de la naturaleza.

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