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Las viudas, esas grandes mujeres

Suele decirse que no hay viuda triste durante mucho tiempo y es cierto en honor a la verdad. Pero bien es verdad que ellas, las viudas, se lo han ganado a pulso y se lo seguirán ganando porque demuestran que aunque dura es la lucha y larga la batalla saben vencer al enemigo, pues las virtudes de las que se adornan son la fortaleza, por encima de todo, el sentido práctico de la vida que les hace no andarse por las ramas, como dejar el descanso para la otra vida, porque se han acostumbrado a encontrar en la acción el mejor de los aliados, hasta tal punto de que no entenderían la vida cruzadas de brazos viendo pasar el tren sin subirse y sin emprender cada jornada una nueva aventura, un trabajo que hacer y un quehacer para llenar de sentido y actividad las horas y los días.

No es que su dolor, su angustia y el duelo del que nadie se libra, y ellas menos que nadie,  no suceda y les hunda durante un tiempo prolongado en la mayor de las profundidades, acaso depresiones, sino que saben salir y, cuantas más dificultades, mayor es el reto que se imponen dando respuesta a los mil y un  problemas, tirando por la casa hacia adelante, con los hijos y los negocios, si los hubiere.

En la prensa de hoy se han hecho eco de este tema dos grandes escritores a los que admiro: Javier Marías y Maruja Torres:

El primero sale en su defensa reconociendo y valorando su capacidad de resistencia y de adaptación muy superior a la de los varones: “se amoldan, saben buscar y hallar distracciones, se suscitan curiosidades nuevas, por peregrinas que sean a veces”, para lamentarse de la situación de la mayoría de las mujeres que él conoció de niño, que todos conocimos, las cuales nunca pudieron en su mayoría no desarrollarse como mujeres y seres humanos, porque su perfil estaba dominado por ser madres y esposas, sin otra dedicación que saliera de ese círculo, muy importante, pero insuficiente a todas luces y resumiendo esa patología, sostengo yo, en estas dos palabras: “Qué desperdicio”.

Afortunadamente hoy han cambiado tanto las cosas que esas mujeres de ayer no se creerían el cambio tan brutal que han sido capaces de dar las mujeres, conquistado a pulso y ganado con todos los honores, porque nadie les ha regalado nada en el empeño. Ésa es la verdad.

Maruja Torres viene a decir que “la  viudez es un estado de enajenación que las mujeres llevamos con gran estilo”, sosteniendo que la capacidad de resistencia física y moral puede que no las haga seres superiores, pero sí más añosos y más sabios, dice la escritora catalana.

Algo tienen las viudas y las abuelas para que el famoso cantante y ministro de Turismo de Panamá, Rubén Blades, le dedique este recuerdo emocionado: “Mi abuela Emma era del carajo. Siempre me decía que la peor pobreza era la espiritual, la de aquellos que vivían en un gueto emocional. Era maestra, escritora, pintaba, defendió los derechos de la mujer… Pasó mucho tiempo conmigo y me enseñó leer…”.

Reconocer, por último el papel de las viudas, muchas de ellas abuelas, llevando la carga de los nietos a las espaldas para echarle una mano a lo hijos, a pesar del síndrome de la abuela esclava y del abuso de unos y de otros. Me parece, por todo ello, y por la imagen que están dando en esta sociedad despistada porque no mira donde debe, un mayor reconocimiento y una mayor valoración a toda una vida ejemplar.

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