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“YA NO HAY VALORES” AY, AY, AY

Cuando oigo a alguien decir que ya no hay valores, porque se han perdido, me pongo a temblar y me invade un viento tan vehemente que, si no lo paro, deviene en huracanado. Porque una cosa es la pérdida de valores y otra la crisis sistémica que estamos viviendo en la actualidad, por muy brutal que sea la crisis económica, como la política, la social, la cultural y la moral. Y admitamos que la crisis de valores, que no la pérdida, no es de hoy, es algo consubstancial al ser humano.

Ahora bien, una cosa es una cosa y dos son dos. ¿O no será que estamos sordos, ciegos y nos dejamos sepultar por una realidad que puede que nos sea adversa?, aunque si hurgas haces aflorar sin apenas esfuerzo otras ideas más indulgentes con el hoy y no tan admirativas con el pasado.

Claro que la clave está (tomo los tres verbos siguientes de una ilustración que corre por las Redes) en insistir, que si no estaríamos todo el día de novillos haciendo el tonto papando moscas y a base de insistir las lecciones de la vida, del maestro o de la abuela iban calando y ayudándonos a ser seres de provecho. Y se lo agradecemos a nuestros mayores. Insistir porque es harto frágil nuestra memoria.

Y en resistir, no caer a la primera, y si caemos, levantarse una y las veces que sean necesarias, es elemental norma de saber vivir y convivir y luchar por una vida mejor y más justa hasta el final. Nuestros padres sabían de ello e intentaron transmitirlo: agallas, cuajo, enfrentarse al miedo…  Hoy los psicólogos nos hablan de la resiliencia: un concepto nuevo tan rico y tan hondo que viene de lejos y nos hace avanzar.

Y en persistir, que tiene ese matiz de perdurar que exige tesón, coraje y fortaleza bien avenidos, con una buena dosis de paciencia para que no se vaya todo al  carajo por naderías y simplezas de tres al cuarto. Cuántas parejas rompen, a los cuatro días, cuatro, por falta de esas virtudes-valores fundamentales, cardinales nos decían en nuestros años mozos. La vida buena hay que conquistarla, nos decían, y seguimos diciendo. Nunca olvidar.

Dicho lo cual habrá que certificar que en nuestros tiempos, que son de todos con todo derecho, aun de los que hemos pasado de los sesenta y muchos más, brotan hermosos, fértiles y nuevos valores:

La tolerancia, con la que no montamos más cirios, guerras y persecuciones a mansalva como nos tiene acostumbrados la historia de nuestros antepasados, tan feraz en otras virtudes, y vamos aprendiendo a convivir unos y otros con las creencias, gustos e ideologías más dispares, como en algún momento histórico convivieron en nuestro suelo judíos, moros y cristianos, por otra parte y buen ejemplo nos dejaron.

El sentido crítico, el ecologismo, el feminismo, la conducta cívica pacífica contra la violencia y atreverse a pensar…, no confundir tan fácilmente, como en otros momentos, valor y precio, una mayor sensibilidad hacia la justicia, la libertad y la igualdad…

No, no es verdad que se hayan perdido los valores, sin ellos no es posible vivir, lo que pasa es que la mirada y todo lo que ella arrastra cambia de ángulo y perspectiva en  cada momento histórico y cada generación es hija de ese momento. Algunos contravalores son de antesdeayer, ayer y hoy, la corrupción, por ejemplo; muchos valores de ayer siguen vigentes hoy y, en nuestros días, como he indicado, van apareciendo claramente otros. Hay valores, claro está, y mucha ceguera también, ¡ay!

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