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A VUELTAS CON LA QUEJA

¿Es pecado la queja? Yo me atrevería a decir que sí, un pecado laico y social, porque atormenta a los vecinos, y no digamos al que tenemos más al lado: padre, madre, hijo, esposa, marido o amiga.

La queja casi siempre es de mal gusto. Que la procesión, mejor, vaya por dentro, es lo propio de los caballeros y de las señoras. Como de mal gusto levantarse por la mañana y en lugar de, lo primero y principal, dar los buenos días, comenzar con una retahíla larguísima de ayes, lamentos, quejas y otras zarandajas del mismo estilo y condición. Solo cuando arrecia el temporal debemos hablar del mal temporal para ver si es necesario ir al médico o a Urgencias.

Pero lo peor de lo peor es estar dando la murga y la matraca con amenazas apocalípticas, simplemente porque los aires de la libertad de expresión, el sexo, los excesos de la juventud y algunos valores nuevos no son del gusto del moscardón de turno. Si tu ceño siempre está encendido y agrio lávate bien la cara, mejor la boca, lee a los sabios aunque no sean de tu cuerda, viaja más y échate colonia de la buena para rodearte de buenos olores y esparcirlos por donde quiera que vayas. Es bueno, saludable y necesario cuidar el medio ambiente, airear el paisaje, dejar rastros de buen olor por los caminos que se transitan y los espacios que se habitan. Puede que atravesemos por lugares nauseabundos, pero no añadamos más estiércol verbal, que no deja de ser estiércol, porque habremos ampliado el mudadal. Todo ello el personal lo agradece sobremanera.

Ay, ay, ay… , asómate a la vida y verás, yo los estoy haciendo y oyendo, los tengo detrás de las orejas: “Qué tiempos, no sabemos hasta dónde nos llevará todo esto, la falta de fe, la apostasía, la impiedad, tanto mal junto sin mezcla de bien alguno…” y hasta quien se atreve ¿no es delito?, a enaltecer a los dictadores  de triste memoria y desear que venga la Dictadura de nuevo, “que es lo que lo arreglaría todo en un pispás”, ¿acaso no es exaltación del fascismo como cuando alguien pide el regreso de Hitler?

Los jinetes del apocalipsis se quedan cual ponis empequeñecidos frente a los exabruptos de algunos personajes de este siglo, reniegan del presente para irse de parranda con sus colegas más afines vecinos de la Edad Media o del paleolítico, olvidándose que son de este siglo, con los mismos derechos y obligaciones que los que acaban de nacer. Ay Señor, Señor, cuánta paciencia, ante tanta queja desabrida, tanta matraca, artículo tras artículo, sermón tras sermón, discurso tras discurso, perorata tras perorata. Líbranos de tanta queja, libéranos de tanto lamento desabrido, sálvanos de estos modernos-antiquísimos profetas del Apocalipsis. Amén, así sea.

Nota no tan al margen: Y lo digo yo que soy un poco quejica y nada sufrido, tal es así que cuando voy al dentista y me manda abrir la boda, desde ese instante,  sin que me haya tocado ya estoy en un lamento permanente. Por eso lo volveré a leer para no salirme del cuadro y tenerlo presente: La queja es pecado, no contra Dios, sino contra el vecino de al lado, y eso es más pecado.

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