Home / Regional / La historia real de un reencuentro en la post-guerra
isabel cabrejas, cabrejas, isabel, gaceta, creatividad, isabel cabrejas, creatividad, premio creatividad, valladolid, guerra, prisión, muerte, asesinato, gerarda, reencuentro, solitario, cobarde, guardia civil, valladolid, pedrajas, desgracias, campo grande,

La historia real de un reencuentro en la post-guerra

Con sencillez y belleza, Isabel Cabrejas, merecedora de un accesit el último certamen de creatividad celebrado por Gaceta de Castilla y León, cuenta una historia real narrada tal y cómo la vivió y que la ha llevado por su ternura, presentación, veracidad y ganar el premio: 

Tengo 78 años. Sólo fui a la escuela hasta los 13 años pues tenía que cuidar a mis hermanos. Me ha gustado mucho leer y coser. Nunca he tenido ordenador ni móvil. La historia que cuento es real. Me la contó varias veces Gregorio, uno de los protagonistas, pues le parecía un milagro que se volvieran a encontrar después de 80 años. Para él era un caso único.

Mi suegro me comentó que en el año 1907 en un pueblo de Castilla estaban el plaza un grupo de niños jugando cuando vieron que la Guardia Civil salía del Ayuntamiento salía con un hombre esposado y la gente que había por allí le llamaba asesino pues había matado a otro hombre. De los niños que había por ahí estaban Gregorio y Deogracias. Éste se puso a gritar y llorar: “Qué se llevan a mi padre!” Y su amigo lloró con él.

La historia fue que un domingo por la noche discutieron por rivalidades del oficio, pues los dos eran carpinteros. estaban casados y tenían 36 y 38 años. A la mañana siguiente se encontraron en una taberna del pueblo y comenzaron a discutir y de las palabras pasaron a los hechos y el Benito dio una bofetada Frutos. Este al verse agredido hizo uso de una navaja de las llamadas ‘cabriteras’; infirió a su contrario una cuchillada a consecuencia de la cual falleció.

El agresor fue detenido y juzgado. Le echaron 30 años de cárcel, pero por buena conducta salió antes. Su mujer se quedó en el pueblo con dos niños pequeños. Algunas personas la miraban con desprecio a ella y a los niños; trabajaba en lo que salía y era la pregonera. Iba con una flauta por las calles del pueblo dando los bandos del Ayuntamiento y algunas mercancías que venían a la plaza y todos la llamaban “la tía pregonera”.

Como el marido estaba en la cárcel de Valladolid y no le era posible ir a verle, buscó una buena familia para servir. Allí podía vivir con sus hijos y visitar a menudo a su marido.

Pasaron unos años e ingresó en la misma cárcel un hombre del pueblo. Por una reyerta lo condenaron a un año de prisión. Las dos mujeres iban juntas a ver a los maridos y cogieron mucha amistad. Cuando venía la del pueblo se quedaba en la casa de la otra y ella le contaba lo que allí sucedía y se lo contaba a sus hijos.

Uno de ellos, el llamado Deogracias, no volvió en su vida. El otro se llamaba Sabino, se casó con una chica llamaba Gerarda, ella y sus hijos si que iban pues seguía con las amistades de su madre y de algunos parientes.

Gregorio les preguntaba por su amigo, pero nunca volvió a verlo.  Él nunca quiso volver al pueblo que tan malos recuerdos le traía ni ver a ninguno de los chicos que había en la plaza ese día.

Pasaron muchos años. Los dos estaban viudos y vivían con sus hijos en Valladolid. Un día Gregorio estaba paseando por el Campo Grande y se sentó en un banco en el que estaba sentado un señor mayor. Entonces comenzaron a conversar y Gregorio le preguntó al otro que de donde era y el otro le dijo que de Valladolid y el otro le dijo el nombre del pueblo. El otro le comenzó a dar pistas del pueblo y entonces Gregorio le preguntó que en qué año había nacido, y él le dijo que en 1900. Entonces Gregorio le dijo: “entonces somos quintos y te llamas Deogracias”. El otro sorprendido le digo: “¿Por qué sabe usted mi nombre?” Y Gregorio le respondió: “Porque estaba en la plaza cuando se llevaban a tu padre y lloré contigo. Nunca lo he olvidado”.

A lo que Deogracias contestó: “pues yo he intentado olvidarlo toda mi vida y no he podido y he sido un cobarde y un solitario. No he querido saber de nadie que me recordara el peor año de mi vida”. – Los dos años estaban con bastante vitalidad. – “Dios ha querido que nos encontremos en la recta final de nuestra vida y por mi culpa no he tenido un buen amigo”, finalizó. Se dieron un fuerte abrazo.

Cuando llegó a casa mi suegro y me contó lo sucedido yo no sabía si llorar o reír pues me pareció una historia increíble pero cierta. Los dos vivieron hasta los 90 y 94 años.

Te puede interesar

El Registro Mundial de Trasplantes, que gestiona la ONT, eleva a 126.670 los trasplantes realizados en el mundo en 2016, con un aumento histórico de un 5,8%

 Las cifras reflejan una España más líder que nunca en este campo: con 2.019 donantes …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
WP-Backgrounds by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann