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La alergia y la conducción según la DGT

Tras las abundantes lluvias del mes de abril y la primera quincena de mayo, las previsiones apuntan una primavera “fuerte” para los alérgicos. Las abundantes lluvias recientes y las subida de temperaturas propiciarán una abundante polinización por parte de las especies vegetales que florecen en esta época (ver calendario por tipo de plantas, meses y zonas), lo que conlleva la aparición de síntomas (estornudos, picor y destilación nasal, enrojecimiento y picor de ojos…) puede que con mayor virulencia que otros años más secos. Ante los primeros síntomas –vea el recuadro para diferenciarlo de un acatarramiento por el cambio de temperatura–, acuda a su médico o, si está diagnosticado, comience a tomar su medicación. Pero nunca se automedique: podría tomar algún medicamento que produzca somnolencia y al volante puede ser fatal.

Las enfermedades alérgicas afectan hasta a un tercio de la población de los países occidentales. Además, con el cambio climático y el efecto invernadero, los inviernos se están suavizando, por lo que está aumentando la incidencia de los pólenes de invierno (ciprés y arizónica), que eran excepcionales hace tres décadas. También la contaminación, en especial la procedente de vehículos diésel, potencia los efectos y reacciones a determinados pólenes.

¿Cómo afecta la alergia a la conducción?

Las enfermedades alérgicas tienen dos formas de afectar a la conducción. Por un lado sus síntomas (congestión nasal, lagrimeo, estornudos en cadena…) pueden dificultar la conducción segura (una serie de estornudos puede hacer retirar la atención de la conducción hasta 20-30 segundos). Además, más de la mitad de alérgicos tienen el sueño alterado –en especial los que padecen obstrucción nasal–. De hecho, el 40% de los pacientes que padecen rinitis alérgica padecen somnolencia diurna, con las consecuencias negativas que esto implica sobre la conducción.

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La segunda forma es los efectos secundarios que los fármacos utilizados para tratarlas. Muchos de estos provocan cierta somnolencia –en especial al comienzo del tratamiento o si se ingiere alcohol, que incrementa los efectos adversos–. Por ello es imprescindible decir al médico que somos conductores cuando nos prescribe el tratamiento para tratar de buscar alguno compatible con la conducción segura y consultar el prospecto del medicamento, donde un pictograma –amén de un aviso escrito– indican que no se debe conducir mientras se ingiere dicho producto. En este sentido es muy grave la automedicación: no solo podemos tomar un producto no indicado para la alergia que padecemos, sino que no somos conscientes de los efectos que este tiene sobre nuestro organismo y la conducción segura.

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