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El buen trato comienza con la concienciación y la “felicidad”

MARÍA JESÚS PRIETO VILLARINO

“Todas las cosas, lejanas o cercanas, están ocultamente ligadas entre sí, y es imposible lastimar una flor, sin estremecer a una estrella” F Thompson.

Cruz Roja fructifica cuanto toca, como una suerte de Midas embellecido. Aprovechando la conmemoración del ‘Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez’, sentó a la misma mesa a todas las instituciones provinciales, profesionales, voluntarios y voluntarias que colaboran con la entidad y a toda la ciudadanía que quiso acercarse al salón de actos de la Diputación de Palencia, para reflexionar sobre este tema de gran calado ético, donde el núcleo esencial del problema germina en la vulneración de los derechos humanos.

Todo maltrato nace de la falta de reconocimiento y respeto a la identidad y dignidad de la persona y esto ocasiona un daño integral al individuo y a la sociedad que lo consiente. Por eso es una cuestión que nos incumbe doblemente.

Privadamente, porque en cada una de nosotras/os, está contenida toda la humanidad. El “otro” es nuestro “yo”, su daño, el nuestro propio. Pero también nos interpela como parte activa de la sociedad, pues en cada caso concreto se conculcan los principios morales que nos hemos dado a nosotros mismos, los Derechos Humanos, valores que sustentan todo el entramado democrático. Los Derechos Humanos son un imperativo ético sin réplica. Por ello requieren el compromiso de toda la sociedad civil y de cada institución.

Puede resultar difícil discernir si somos víctimas de abuso o maltrato, porque el entorno de confianza donde acontece convierte en natural lo disparatado. Sin embargo, un ejercicio de introspección que consulte a las propias emociones o a la razón puede ayudar a iluminar la respuesta. Existe una útil regla de oro moral que recorre todas las culturas a lo largo de 5.000 años: “No hagas a los demás lo que no desees para ti”. Si repugna la idea de repetir actitudes o comportamientos similares con terceras personas, cabe preguntarse, entonces, si hay buena atención.

También Kant muestra un camino racional con el imperativo “obra de tal modo que tu acto pueda ser ley universal”. Si el acto o la actitud con la que nos cuidan (o cuido) de ninguna manera puede generalizarse como regla para todos nuestros semejantes, sin duda, hay que mejorar la atención recibida u otorgada.
Envejecer es una tarea de largo recorrido, hacerlo activa y saludablemente precisa de un poco de suerte y sobre todo de una labor personal persistente y continuada.

Sabemos que la felicidad, el bienestar y la satisfacción requiere de una buena salud (mente y cuerpo), unos afectos cuidados (amistades, familia y apoyos), expectativas y deseos (en el presente y futuro cercano) y una participación activa en la sociedad en la que se vive. También sabemos que los principales factores de riesgo, como el deterioro físico o cognitivo, la subordinación financiera, la baja autoestima o el aislamiento, se intensifican al incrementarse la dependencia. Por eso es importante conocer –reconocer- la propia situación.

Dice Rafael Trapiello que paisajes y lugares tienen memoria y evidencian el pasado, aunque se trate de esconder. Podríamos añadir, continuando el argumento, que también los cuerpos revelan en sí mismos los cuidados otorgados a lo largo de la vida, especialmente los dispensados en su último tercio. Por eso es necesario trabajar con la voluntad y laboriosidad de una hormiga, porque mucho de ese envejecer bien depende de los propios hábitos y por eso, también, es necesario aprovechar todas las oportunidades ofrecidas por el entorno, ya sean promovidas por Ayuntamientos, Diputaciones, Entidades o Asociaciones.
Exprimid las actividades de los centros municipales de mayores para el cuidado del cuerpo y de la mente, deleitaros con los talleres creativos o de conocimiento, regocijaros con los dedicados exclusivamente a la alegría. En la oferta, el abanico de posibilidades es infinito.

Aprovechad las zonas verdes para los paseos, entrenad en parques gerontológicos, utilizad los bancos y sillas para regular el ritmo y la pausa en cada trayecto, buscad soportes físicos o económicos para el transporte.

Por último, y especialmente, recordad que el servicio de ayuda a domicilio está diseñado para permitir la continuidad en el domicilio cuando es necesario un poco de refuerzo. Los/as profesionales serán la prolongación de vuestra voluntad y vuestro cuerpo. Junto con la teleasistencia, el día a día en casa se llenará de tranquilidad. Acudid a vuestro CEAS para solicitar apoyo y toda la información precisa. Encontraréis en todo el personal, profesionalidad, comprensión, respuestas concretas, ayuda y seguridad.

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