ANDAR, UNA FILOSOFÍA. Frédéric Gros

MARÍA JESÚS PRIETO

LIC. FILOSOFÍA

«La marcha trastoca por completo la gran separación entre el “afuera” y el “adentro”. No habría que decir que se atraviesan montañas y llanuras y se para en los albergues. Es casi al contrario: durante varios días habito un paisaje, lentamente tomo posesión de él, lo convierto en mi sede.»

En las primeras páginas de este pequeño manual leemos que Verlaine llamaba a Rimbaud “el hombre de las suelas de viento”, porque caminaba sin parar hasta las grandes ciudades donde conocer y hablar con otros poetas. Deseaba que lo amaran. No se me ocurre una motivación mejor que el amor salvo, quizá, la de pasear diariamente para alejar la dependencia. Vuelvo una y otra 

vez a los frutos de este hábito porque es suave, sano, sin riesgos y con multitud de beneficios a partir de cierta edad. Frédéric Gros defiende, además, que esta costumbre despierta la parte más rebelde del ser humano, ayuda a pensar y amplifica el yo anónimo carente obligaciones sociales: mientras se camina se siente la libertad de no ser nada más que un “flujo de vida inmemorial”, fuerza pura. 

Andar tan solo exige perseverancia y un par de zapatos cómodos para asegurar el fortalecimiento de la musculatura y del conjunto óseo, la activación de la circulación sanguínea, la obtención de vitamina D, la reducción del estrés y la ansiedad, la mejora de la memoria, de la flexibilidad y del equilibrio. No creo que exista ninguna forma más sencilla de obtener tanto bien. 

¡No esperes más! Comienza a caminar hoy mismo. Solo, sola o en compañía: ¡Cada día a la calle o al campo!

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