Alcanzar los 200 números de Gaceta de Castilla y León, los 100 de aG actualidad Rural y celebrar los 20 años de FreeMag es mucho más que una cifra redonda: es la memoria de un viaje colectivo, tejido con ilusión, esfuerzo y una fidelidad inquebrantable a la tierra y a las personas.
Cuando todo comenzó, había una idea. Una convicción silenciosa de que era posible construir medios distintos, arraigados en la realidad del mundo rural, atentos al latido de los Servicios Sociales, comprometidos con la dignidad de quienes muchas veces permanecen al margen de los grandes titulares. Pero las ideas, solas, no caminan. Son las manos tendidas, las miradas confiadas, los apoyos sinceros los que les dan cuerpo y rumbo.
Hoy, desde la distancia que concede el tiempo, la gratitud se impone. A quienes creyeron cuando apenas había algo que mostrar, a quienes apostaron por una emprendedora que decidió plantar semillas en una tierra exigente pero fértil, a quienes ofrecieron su confianza incluso en los momentos más inciertos. Ellos fueron los primeros cimientos de este proyecto que no ha dejado de crecer.
En el camino hemos conocido a personas que han dejado una huella profunda, que han enriquecido cada página con su experiencia, su sabiduría y su generosidad. Han sido maestros, compañeros y cómplices de una travesía que jamás ha estado exenta de dificultades, pero que siempre ha estado llena de sentido. Cada historia contada, cada proyecto compartido, cada paso dado, nos ha enseñado algo esencial sobre la paciencia, el compromiso y el valor de escuchar.
No celebramos únicamente números. Celebramos los lazos que hemos tejido con nuestros lectores, las voces que hemos amplificado, los silencios que hemos aprendido a respetar. Celebramos la confianza depositada en nuestra forma de entender el periodismo: un periodismo que no corre tras el último titular, sino que siembra palabras que echan raíces.
Desde el Cerrato Palentino, donde se funden la humildad de la tierra y la ambición de los sueños, hemos querido mirar el mundo sin estridencias, con la serenidad de quien sabe que lo importante rara vez es urgente. Y esa mirada, ese compromiso con el tiempo lento, nos ha permitido construir no solo medios, sino espacios de encuentro, de reflexión y de futuro.
Todo lo vivido, lo aprendido, lo compartido, nos impulsa a seguir. A crecer sin perder el origen, a avanzar sin olvidar el propósito que nos vio nacer: dar voz a quienes sostienen la vida cotidiana de nuestra tierra, acompañar los cambios sociales desde la empatía y la responsabilidad, y apostar siempre, siempre, por las personas.
Gracias a quienes creyeron, a quienes acompañaron, a quienes inspiraron. Gracias a quienes leen, cuestionan, sienten. Gracias a quienes entienden que detrás de cada palabra hay una mirada, y detrás de cada mirada, una promesa. Seguiremos escribiendo desde el corazón, para que nuestras palabras no solo informen, sino permanezcan.
Gracias a mis padres, a mi familia, a mis amigos, a todos los que escriben en este rotativo y a vosotras y vosotros que leéis cada una de las páginas, escudriñáis los errores, los aciertos y, cada día, nos impulsáis a mejorar.
