El braille, el sistema revolucionario que cambia vidas

Este año se celebra el 200 aniversario desde la invención de l braille, el sistema de lectoescritura tan importante para millones de personas ciegas en todo el mundo

C.B. ATIENZA
VALLADOLID

Una de las características que hacen más humanas a las personas es la capacidad para comunicarse. Para ello, se hace uso del habla, la escritura y la lectura; estas dos últimas siendo determinantes a lo largo de miles de años para asentar las bases de grandes civilizaciones. Para ello, se realizaban diversas marcas en papiros o piedras, entre otros soportes.

Pero esto supone un gran problema para las personas ciegas, ya que no pueden leer los caracteres plasmados en dichas superficies, ya sea de forma digital o analógica. Pero esta situación sufrió un gran cambio de paradigma hace exactamente 200 años, momento en el cual se inventó el braille. Denominado con el apellido de su inventor, Louis Braille, este sistema de lectoescritura es de suma importancia para millones de personas ciegas en todo el mundo a la hora de realizar tareas de todo tipo, ya sea en el ámbito laboral, doméstico u ocio.

Varios ejemplos de ello son su uso en los medicamentos y alimentos, en los desplazamientos diarios, en la forma de acceder al ocio y la cultura e incluso en el trabajo gracias a las líneas braille, lectores de pantalla o almacenamientos digitales.

A lo largo de los 200 años desde su invención, en el año 1825, el braille no ha parado de avanzar. Un sistema que «hace que no haya analfabetos entre las personas invidentes», explica Iván Argote. Un zamorano ciego de nacimiento que desde los 13 años enseña braille a personas ciegas que lo querían reaprender así como a muchos videntes, que lo necesitan por haber sufrido una gran pérdida visual, o bien porque tienen la inquietud y desean conocerlo. Recuerda que su creación permitió a las personas que no veían «salir de la prehistoria». Y eso que con tantos avances que ha habido a lo largo de los tiempos «hubo incluso personas ciegas contrarias a su implantación».

Porque no solo sabe braille quien lo transcribe, sino aquellos que lo usan en la vida diaria para leer y escribir. Su pasión le llevó a inventar un método que evitaba la frustración gracias a la optimización de las características logísticas y lo convertía en una herramienta completa para quien desee usarlo como forma de comunicación. 

Su trabajo como técnico jurídico en la Junta de Castilla y León en Zamora puede parecer que poco tiene que ver con la enseñanza pero «desde siempre me ha gustado la psicología, las lenguas y la manera de enseñarlas». Esa curiosidad le llevó a la creación del método BrailleCor, que viene de la palabra petricor. «Hace referencia al olor a tierra mojada y viene de ‘petri’, piedra, y ‘cor’, licor de los dioses. Algo muy metafórico, como lo es el braille, con esos puntitos que recorren las páginas». El sistema que «está en constante evolución y perfeccionamiento» es una forma de comunicación y no un alfabeto.

Así pues, BrailleCor pretende simplificar la enseñanza y el aprendizaje de todos los signos del código braille. Esto se consigue mediante la aplicación de sencillas reglas mnemotécnicas visuales y la profundización en sus entresijos. «Resulta muy beneficioso tanto para los ciegos o deficientes visuales como para los videntes». Para optimizar su utilización, es esencial que el ciego o deficiente visual disponga de una orientación espacial suficiente, sobre todo en espacios reducidos.

Un método que «enseño de forma lúdica», subraya Iván. Y es que esta nueva forma de acercarse al braille parece haber calado, porque «cada año enseño BrailleCor a unas 30 personas». El zamorano cuenta con pasión un sistema que es como un hijo para él. Una emoción que «se transforma en entusiasmo para toda aquella persona que decide aprenderlo». 

Un sistema que ha dado el salto al panorama internacional. De hecho, el propio Iván viajó el pasado verano a Nueva Zelanda para participar en la Asamblea del Consejo Internacional del Braille para el Inglés, que se celebró en Auckland. «Fue una oportunidad extraordinaria y única». Además, «fui la primera persona de habla no inglesa en poder acercar un proyecto de este tipo». La experiencia fue muy gratificante y desató el interés de los participantes. Algo que no es baladí, ya que «luchar contra la corriente no es fácil, porque esta forma de enseñanza tiene muy pocos símbolos y letras, algo que no es habitual».

Iván también ha participado activamente en la introducción de una tabla de braille portuguesa informática de seis y ocho puntos, que permite escribir en español o hacer muchos signos que no existen. A pesar de su existencia no se había incluido en ningún dispositivo hasta el pasado mes de marzo de 2025, en que él estudiosos zamorano, junto con el experto en portugués, el brasileño Tiago Casal, decidieron revisar dicha tabla, corregir algunos pequeños errores y que además de para poder ser utilizada por todos los braillistas lusófonos, pudiese ser empleada también para todos los ciegos usuarios del Braille hispano parlantes.

Actualmente está disponible entre las tablas de Liblouis, y ya está presente en la última versión Beta del software NVDA, pero «nos hemos puesto en contacto con Apple con el fin de que la añadan entre sus tablas disponibles en la modalidad de escritura ‘Braille en pantalla’ utilizable tanto en los Iphones como en los Ipads». Asimismo, «queremos acercarnos a  Google, con el fin de que esta tabla pueda ser incluida en los teléfonos Android».

BRAILLE EN FAMILIA

El braille no es solo un medio para leer y escribir, sino también una forma de comunicación que refuerza el vínculo entre padres e hijos. Es la historia de vida de Isidro Manuel Asensio, un vecino de Medina de Rioseco que en 1962, cuando tan solo tenía 18 años, se quedó ciego después de sufrir un accidente laboral. Su vida se unió a la de María Cruz Martínez, una joven de Gijón que visitaba la ‘Ciudad de los Almirantes’ junto con una amiga riosecana. El joven llegó a conocerla cuando aún mantenía la vista, pero se hicieron novios siendo invidente. Se casaron y tuvieron dos hijos: Marcos y Virginia. 

A pesar de que María Cruz falleció en 2021 e Isidro Manuel en 2022, su hija recuerda perfectamente cómo el braille era una parte más de la vida familiar. «Seguramente muchos niños no reparan en esos puntitos que aparecen en las teclas de los ascensores, pero en mi familia siempre nos fijamos en esas cosas». Y eso que «para nosotros siempre ha sido algo cotidiano, pero en realidad este sistema es algo extraordinario, que ha facilitado la vida de muchas personas».

Isidro Manuel ingresó en la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), en donde aprendió braille y a manejar el bastón. «Mi padre leía las cajas de medicamentos con este sistema y también tenía libros de este tipo, aunque con el paso del tiempo prefería escuchar relatos». El riosecano era muy madrugador y «se levantaba a las cinco de la mañana para oír una emisora en la que leían novelas». Como gran melómano que era, contaba con una enorme colección de discos de música clásica. Y es ahí donde aparecía Virginia para ayudar a marcarlos. «Le decía el nombre del autor y el lo punteaba en braille para identificarlo fácilmente». Algo que también hizo con las cartas de la baraja, «porque aunque contaba con unas específicas le gustaban las típicas de cartón que todos hemos tenido en casa alguna vez». Así pues, era habitual verle en las partidas de tute del pueblo, que jugaba con personas que veían perfectamente. Cuando estaba en casa, no faltaban las partidas a chinchón y parchís. «Tenía una memoria privilegiada, porque aunque le movíamos la ficha él recordaba en qué casillas nos encontrábamos sus contrincantes para ‘comernos’ y ganar la partida». La propia Virginia aprendió braille. Y aunque «era capaz de escribirlo y marcarlo me era imposible su lectura, porque no tenía la sensibilidad suficiente al tacto». Algo que quizás se debe a que «no tenia este sentido tan desarrollado como una persona invidente».

Uno de esos artículos cotidianos de la vida de Isidro Manuel era el reloj. Contaba con uno que se abría y se podían tocar las mirillas y así sabía qué hora era. Tal vez por ello, nunca llegaba tarde a los sitios. Quizás demasiado pronto. Hiciera frío y calor, cada miércoles –día de mercado en Rioseco- estaba a las seis de la mañana en el Mercado de Ganado para realizar su labor como vendedor de cupones de la ONCE. El resto de la semana era habitual ver a ‘Manolo’ recorrer la Rúa Mayor mientras cantaba o silbaba, lo que le convirtió en una de las personas más queridas de esta ciudad. «Nunca quiso un quiosco fijo de venta porque le gustaba moverse, pero sobre todo el contacto con la gente». Tanto es así que a lo largo de los años «logró una clientela fija que en muchas ocasiones se convirtieron en amistades». 

El riosecano no llevaba solo sus bromas y buen humor a la clientela habitual; también la fortuna. En 1998 vendió el Gordo de la ONCE, que dejó 50 millones de las antiguas pesetas muy repartidas. Virginia recuerda que para su padre «fue una satisfacción enorme». Además, a lo largo de su trayectoria dio varios premios importantes de tres y cuatro cifras. 

Asimismo, llegó a tener dos quioscos de venta de revistas y golosinas. Un lugar en el que desprendía su afición por la música. «Allí tocaba la flauta dulce y el acordeón e iba mucha gente a escucharle». Uno de ellos era el pianista y Premio Nacional de Música Diego Fernández Magdaleno, compañero de ‘Manolo’ en la Coral Almirante Enríquez. A pesar de no poder ver «nunca le oí lamentarse de ello, pero recuerdo que una ocasión en la que  escuchó en televisión una noticia sobre una clínica madrileña que había operado con éxito a personas con su mismo problema y se interesó por ello». Como niña que era entonces «pensé que mi padre querría recuperar la vista, algo en lo que nunca había reparado».

El bicentenario de este sistema de 64 combinaciones en relieve pone de manifiesto su importancia para personas como Iván y Manuel Isidro. Porque gracias a esta herramienta, la educación, cultura y accesibilidad son mucho más sencillas.

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