Con la llegada del verano, los hábitos alimentarios cambian para adaptarse a los días largos, el calor y los planes improvisados al aire libre. En este contexto, el pescado se consolida como uno de los mejores aliados para mantener una dieta ligera, equilibrada y deliciosa.
Según expertos en salud nutricional, consumir pescado de manera regular durante los meses estivales ayuda a mantener la hidratación, mejora la digestión y favorece el bienestar emocional. Su alto contenido en Omega-3 estimula la producción de serotonina y endorfinas, responsables de la sensación de felicidad. Además, sus antioxidantes reducen la producción de cortisol, conocida como la hormona del estrés, mientras que vitaminas como la B y la D contribuyen a regular el sistema nervioso y mejorar la calidad del sueño.
El pescado es, además, un alimento versátil y fácil de preparar. Aporta proteínas de alta calidad, minerales como el yodo y el zinc, y una importante cantidad de ácidos grasos omega-3 y vitamina D, esenciales para el correcto funcionamiento físico y mental. Su contenido en agua y su textura ligera lo convierten en una opción perfecta para los días más calurosos, cuando el cuerpo necesita comidas frescas y de fácil digestión.
No obstante, en 2024 el consumo de pescado en España registró un descenso del 3,7 % en volumen respecto al año anterior, especialmente en la categoría de pescado y marisco frescos. Sin embargo, el pescado congelado ha experimentado un crecimiento significativo. Opciones como los empanados o productos listos para cocinar aumentaron un 6,5 %, gracias a la comodidad y seguridad que ofrecen a los consumidores. Cada vez más hogares valoran disponer de alternativas saludables, sabrosas y prácticas, listas para disfrutar en cualquier momento sin renunciar al sabor ni a la calidad.
