QUIZÁ NO SABEMOS GESTIONAR NUESTRO DOLOR

Carmen Arroyo

Cuando oigo a una madre que llora por su hijo que acaba de morir en sus brazos de inanición…Y oigo que las Oenegés están a pocos kilómetros con alimentos que evitarían esas muertes, pero tienen prohibida la entrada al país que permanece atado de brazos y manos y al que están masacrando. Y sé que no ocurre solo en Gaza sino en muchos otros lugares a la vez, tantos que si los enumerase ya no me quedaría espacio en esta estupenda revista juvenil que os hace llegar esa generosa periodista, Esther Duque, tan amante de su tierra que no quiso emigrar a las barcelonas ni a los madriles y buscó trabajo, y lo desarrolla muy bien, y se ató al terruño por amor del bueno.

Aunque nacida extremeña me siento palentina por amor a un poeta que colmó todas mis expectativas, por mi trabajo como maestra, y por mis hijos y amigos. Hace años que Esther me ofreció colaborar en esta revista de la que me enorgullezco de que sea tan palentina, de Venta de Baños nada menos, que si antes tuvo tren -fue nudo ferroviario- en el que se viajaba para ir fuera a buscar trabajo como tantos jóvenes talentos hicieron y -perdimos- para siempre, ella optó por quedarse y, edita Free Mag y además dos periódicos mensuales o quincenales, desde que era, casi, una chiquita. Esther escribe, ordena páginas de artículos, hace las fotografías, se desplaza por Castilla y León para cubrir eventos que son muy necesarios y que, además, nos describe como si no hiciese falta disponer de tiempo, talento y entrega admirable. También, le añade valentía porque Esther Duque no se corta cuando tiene que decir alto y claro en qué falla nuestra juventud, si se sale de la norma del respeto debido a personas de cualquier edad o diferencia, por discapacidad física o psíquica, por su modo de ser, pensar o sentirse…


Por todo lo que haces, Esther, amiga, a pesar de los años que nos separan y unen a la vez, tenía ganas de decirte que es bueno llorar por los demás y estar a su lado aunque sea mentalmente y ayudando a quienes sí tenemos cerca de nosotros y lo están pasando mal. Y entonces ese dolor será no sufrimiento irremediable, incontrolado, sino que nos llenará de paz y quizá nos incline a ser un poco mejores. Un abrazo fuerte.

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