C.B. ATIENZA
MEDINA DE RIOSECO
Un lugar en donde reconstruir vidas y que ayude a frenar la sangría de pérdida de habitantes del medio rural. Ese es el nuevo espíritu del histórico convento de Santa Clara de Medina de Rioseco, que ha vuelto a abrir sus puertas como centro de acogida para personas que principalmente proceden de países como Venezuela, Siria, Palestina o Georgia, y que llegan huyendo de conflictos y persecuciones étnicas, religiosas y mafiosas.
La ONG Rescate Internacional ha ampliado el Centro de Protección Internacional hasta alcanzar las 94 plazas y generar 27 puestos de trabajo. Así pues, a las 35 personas que habitan el Centro India Chica se unirán 59 más, que vivirán en el convento y la hospedería.
Para el director general de ONG Rescate, Carlos Echánove, «el objetivo es brindar a estas personas todas las herramientas necesarias para que puedan integrarse en la sociedad española». Con la llegada a lugares de acogida como el que surge ahora en Medina de Rioseco «nacen trayectos de inclusión para personas que tras llegar a nuestro país piden protección internacional».
Trabajadoras sociales, abogadas, psicólogas, profesoras español y técnicos de inserción laboral «se encargan de ayudar a los refugiados en su proceso de adaptación», señala Carlos Echánove. En el centro riosecano se da un perfil de familias, que en su mayoría tienen niños. «En el caso de aquellos que proceden de países de América Latina, el proceso de adaptación es más rápido, gracias a que compartimos el mismo idioma». En cambio, si hablan otra lengua «comienzan rápidamente a dar clases de español».
Un papel importante lo ocupan los técnicos de acogida, que «acompañan a estas personas en sus quehaceres diarios y primeras gestiones administrativas, como empadronarse, sacarse su tarjeta sanitaria y de transporte». Cada acogido tiene su propia realidad pero todos comparten «haber vivido situaciones traumáticas en sus países y también después de llegar a España».
Una de esas personas que tuvo que huir de su país, Moldavia, es Cristina Joian, que después de llegar a India Chica hace varios años a través de un programa de acogida hoy puede decir que «Medina de Rioseco me ha regalado un hogar».
La joven recuerda que a pesar de que nunca había pensado en dejar su país tuvo que coger el primer autobús junto a sus hijos sin ninguna maleta, más allá de un paquete de pañales. «Fueron tres días de viaje cuando finalmente llegamos a Madrid, en donde pensaba que haría calor y podríamos dormir en un parque, pero no fue así». Después de estar con una familia de acogida y vivir en Navas del Marques llegó a ‘La Ciudad de los Almirantes’, en donde «había de todo». Entonces, «prometí a mi hija que nos quedábamos aquí». A partir de ese momento, comenzó las clases de español, obtuvo el permiso laboral y comenzó a trabajar en un bar. Cuando al fin pudo ahorrar algo, «encontré un piso para nosotros».
Ahora, y tras un año y medio de vida independiente reconoce que prefiere «vivir en un pueblo antes que en una ciudad; y al fin entiendo por qué se llaman vecinos».
Un ejemplo de integración que «logra más del 90 por ciento de las personas que llegan a este tipo de centros», subraya Carlos Echánove. No en vano, su perfil es de «gente que tiene una actitud positiva y que no es perezosa, algo que se debe a su motivación al huir de su país de origen».
Cada adulto recibe una ayuda económica de 56 euros mensuales para gastos básicos durante su estancia y tiene que lograr integrarse en la sociedad antes de que pasen 18 meses. «Cuando se han estabilizado un poco y los niños se han escolarizado, lanzamos un itinerario de inserción profesional». Para ello, «tratamos de identificar qué oficios les apetecen más, sabedores a su vez de las necesidades de trabajo que puede haber en el entorno».
Así pues, «lo ideal es que se queden en Medina de Rioseco y la comarca». Además, «prefieren estar donde conocen, porque a lo largo de su tiempo de estancia han creado una red social y conocen los servicios que hay». En este sentido, Echánove subraya que «esta localidad ofrece todo aquello que necesitan, sin tener que residir en una ciudad, que puede llegar a resultar más hostil».
NUEVA VIDA
El convento de Santa Clara permanecía cerrado desde el pasado mes de agosto de 2025. Era la tercera vez que ocurría, tras la marcha de la comunidad clarisa el 6 de diciembre de 2017 después de permanecer en la Ciudad de los Almirantes durante 528 años.
Para Carlos Echánove proyectos de este tipo «sirven para que un lugar como éste se llene de vida y tenga un mantenimiento, ya que de lo contrario su deterioro aumentaría con el paso del tiempo».
Desde su reapertura y la llegada de las primeras familias hace cerca de un mes «hemos reparado la caldera, si bien, el circuito de calefacción funcionaba perfectamente». Lo más sorprendente ha sido que «el edificio mantiene muy bien la temperatura, gracias a sus muros de adobe y estructura robusta». Además, «hemos adaptado las cocinas para ofrecer un servicio de catering a los nuevos habitantes del monasterio».
