La vacuna se erige como el tratamiento más eficaz frente a la alergia al polen

La doctora Beatriz Camazón considera la inmunoterapia “fundamental”, siempre que el alergólogo identifique el paciente candidato a su administración, para alcanzar una tolerancia clínica frente a las gramíneas que evite la evolución crónica de la enfermedad.

La inmunoterapia es el único tratamiento que va a modificar el curso natural de la enfermedad alérgica al conseguir una tolerancia clínica frente a las gramíneas que evite la evolución crónica del proceso. Así lo asegura la especialista en Alergología del Hospital San Juan de Dios de León, Beatriz Camazón, tras explicar que es “fundamental” siempre que el alergólogo identifique el paciente candidato a su administración.

“Se pueden utilizar en pauta preestacional, antes de la llegada del polen, o perenne, durante todo el año. Tenemos disponibles en el mercado vacunas orales en comprimidos, en gotas sublinguales o para inyección subcutánea”, señala sobre una estrategia terapéutica que, una vez iniciada, “se debe mantener un mínimo de tres años en función de la evolución de cada paciente”.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) augura una primavera “moderada” con unas concentraciones de polen que oscilarán entre los 3.000 y 4.000 granos por metro cúbico de aire. Unos valores estrechamente relacionados con la precipitación, la humedad y las temperaturas registradas entre octubre y marzo. Así, al margen de las lluvias de este otoño e invierno, las intensas nevadas que dejó el temporal ‘Filomena’ y el posterior deshielo han favorecido el crecimiento y desarrollo de las plantas.

No obstante, en palabras de la doctora Camazón, “los niveles de polen también dependerán de la climatología de esta primavera, ya que el sol y las temperaturas cálidas hacen que el polen salga de las plantas, mientras la sequedad y el calor hacen que la estación se acorte”. Por otro lado, según advierte, “una primavera lluviosa contribuiría a alargar la estación y los días con niveles altos de polen serían más numerosos”.

La mejor aliada contra la rinitis y el asma

Eso sí, el uso masivo de mascarillas, por su acción filtrante, ayudará a atenuar sus efectos. “Ya pudimos comprobarlo el año pasado como, al ejercer un efecto pantalla, la exposición al polen es menor”, pone de relieve la experta en relación a la mejor aliada contra la rinitis y el asma, dos manifestaciones de una misma enfermedad. Sin embargo, al dejar al descubierto los ojos, “se mantendrán los típicos síntomas de conjuntivitis”.

“No es que haya aumentado, sino que puede ser el primer o único síntoma de alarma en los alérgicos”, aclara la doctora Camazón tras recomendar la utilización de gafas de sol y de apps como AlertaPolen para ver mejorada su calidad de vida.

Un peaje a pagar por el desarrollo

La emisión de partículas contaminantes procedentes de las calefacciones y de los motores diésel altera la estructura del polen haciendo que este genere proteínas de estrés como mecanismo de defensa y aumentando su capacidad de inducir una respuesta alérgica en personas susceptibles. “Su mayor agresividad es una de las causas del aumento de estas enfermedades”, explica sin dejar pasar por alto que “cada vez son más complejas tanto por los órganos diana a los que afectan, como por la respuesta inmunológica que generan y por la variedad de alérgenos causantes”. Por ello, llama a ponerse en las manos de un especialista en Alergología para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento correcto.

Mantener la alergia bajo control minimiza su impacto. En este sentido, incide en el control del asma, ya que una falta de vigilancia acaba provocando severas limitaciones a quien lo padece: “El mal uso de inhaladores –ya sea por defecto o por exceso- es un problema para el paciente que hay que atajar. La información clara y la educación en su uso es fundamental”, precisa.

Pacientes con ‘alergia al invierno’

De los siete millones de españoles sensibilizados al polen de gramíneas, una cuarta parte pasa también en invierno por el calvario de los ojos al rojo vivo y el picor de garganta. Tienen alergia a las cupresáceas, es decir, a los cipreses que se erigen en los cementerios y a las arizónicas, un clásico entre los setos de jardín que proliferan en los núcleos urbanos.

“La alergia a las cupresáceas es el pistoletazo de salida de los síntomas producidos por el polen. Comienza en enero o febrero, según la zona, y se extiende hasta marzo, justo cuando comienza la polinización de las primeras gramíneas y de otros árboles”, señala sobre “polen muy alergénico” que, con niveles altos, “produce síntomas muy intensos”. 

El cambio climático está alterando los ciclos de polinización de las plantas. Adelantan el inicio y retrasan el final de su período de floración, con lo que se amplía la duración del período de polinización, y, por lo tanto, hay una mayor exposición de la población a los pólenes: “En muchos casos se extiende desde febrero hasta septiembre”.

La alergia respiratoria y la Covid-19 tienen síntomas comunes como la tos seca, la mucosidad y la congestión nasal. A este respecto, la especialista explica que “no es típica la fiebre ni los dolores musculares que hablarían a favor de una infección por coronavirus”. “En este caso el moco a veces se vuelve de color y la duración suele ser más corta”, apostilla no sin reconocer que la variabilidad de los síntomas, desde un simple catarro a un cuadro gripal más generalizado, a veces no ayudan a diferenciarlas.

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