LA FORTALEZA DE LOS MAYORES

Ángel de Castro

Es gozoso y esperanzador saber que la fortaleza de las personas mayores, en medio de esta terrible pandemia, es un hecho, parece ser, incontestable, según un sondeo reciente sobre el caso. Apoyada en lo que dicen las encuestas realizadas a 958 mayores, la socióloga María Ángeles Durán ha escrito: “Los mayores han manifestado capacidad adaptativa, inteligencia emocional y acceso a redes afectivas a pesar de los prolongados encierros y de saberse en la diana del coronavirus”, en un artículo en EL PAÍS, titulado precisamente “La fortaleza de los mayores”, de quien he copiado el título, para mi reflexión particular.

En una reunión reciente a la que asistí como miembro del Consejo Social de un Centro de Mayores, no eran la gente de mayor edad quien más se quejaba de la soledad, la falta de alicientes, el cansancio…, comprensibles, de esta pandemia que se va alargando en exceso, sino lo más jóvenes. Da que pensar, y nos lleva en volandas a valorar las lecciones que nos siguen dando muchos mayores en cuanto a lucidez, aguante, tolerancia, una enorme dosis de paciencia y hasta de fortaleza. Es cierto que escasean, a veces, las habilidades sociales, aficiones, riqueza cultural… lo que hace que las cosas sean más difíciles para poder aguantar el temporal y que no dispongamos de las armas suficientes para luchar contra la soledad, el estrés, la depresión, la fragilidad.

He usado al principio dos adjetivos: gozoso y esperanzador. Con “gozoso” pretendo celebrar la alegría que me da, desde hace muchos años, cuando encuentro gente muy mayor que para mí constituye perfectos remansos de paz y faros de luz, de sabiduría, de saber resistir con bien poco, de buen hacer y de enseñar a vivir, sin darse ninguna importancia. Con “esperanzador”, disfrutar de la energía que siguen transmitiendo porque mientras ellos y la gente de su clase siga habrá largos caminos que recorrer y poder encontrarle sentido a la esencia del vivir.

Volviendo a las encuestas hechas a 958 mayores de 65 años, la socióloga Mª Ángeles Durán comenta así el sondeo: “La pandemia ha propiciado emociones negativas como la ansiedad, la tristeza, la preocupación, el agobio, el nerviosismo y la irritabilidad, la desesperanza respecto al futuro o la sensación de soledad… Los mayores están por debajo de la media y obtienen las puntuaciones mínimas en todos los indicadores de emociones negativas, mientras los grupos más afectados son precisamente los menores de 24 años y los de 25 a 44. Asimismo, los mayores reportan los índices más bajos de toda la población en los indicadores de haberse sentido deprimidos durante la pandemia, no haber controlado sus preocupaciones o haber perdido el interés en hacer cosas”. ¿No es un ejemplo maravilloso de fortaleza y de saber aguantar y andar erguidos aunque caigan chuzos de punta sobre las cabezas? No, no exageraba en absoluto al hablar de gozo y esperanza y añadir que agradecidos por la lección que nos dan de sacar fuerzas de flaqueza y armas para gestionar la soledad y lo que venga, lo que nos debe llevar a que no vuelva nunca más a ocurrir lo que sucedió los primeros meses del coronavirus en las Residencias de Ancianos y estar más a su lado para seguir aprendiendo y saber estar a las duras y a las maduras, sin olvidar que es Tiempo de cuidados como nos enseña la filósofa Victoria Camps.

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