Un estudio in vitro liderado por la Universidad de Valladolid demuestra que los polifenoles de la manzana pueden ralentizar la absorción de glucosa y que su bagazo estimula hormonas vinculadas a la saciedad.
La manzana, bajo estudio por su efecto en la glucosa y el apetito
Un equipo de investigadores de la Universidad de Valladolid (UVa), liderado por el profesor Mario Martínez desde el Instituto de Procesos Sostenibles (ISP) y la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias (ETSIIAA), ha demostrado que compuestos naturales presentes en la manzana pueden influir en la regulación de la glucosa y el apetito. El estudio, publicado en la revista científica Food Chemistry, analiza estos efectos mediante ensayos in vitro desarrollados recientemente.
La investigación examina cómo determinados componentes bioactivos —principalmente polifenoles— interfieren en la digestión y absorción de nutrientes, así como en la estimulación de la hormona intestinal GLP-1, relacionada con la saciedad y el metabolismo de la glucosa.
H2: Polifenoles y control de la absorción de glucosa
Los resultados evidencian que los polifenoles presentes en la manzana pueden reducir la cantidad de glucosa que pasa del intestino a la sangre. Este efecto se produce al interferir en los transportadores responsables de trasladar el azúcar a través de la pared intestinal.
Según explica el investigador Mario Martínez, “gracias a este método in vitro se demuestra que la manzana entera tiene un perfil de metabolitos que la convierte en un mecanismo inhibidor de azúcar, que ralentiza o previene la absorción de glucosa”.
Este comportamiento sugiere que el consumo de manzana podría contribuir a evitar picos de glucemia tras las comidas, al favorecer una absorción más gradual.
El bagazo de manzana activa la hormona de la saciedad
El estudio también identifica diferencias relevantes según la forma de consumo. Mientras que la manzana entera actúa sobre la absorción de glucosa, el bagazo —subproducto generado en la producción de zumo o sidra— presenta un efecto destacado sobre la secreción de GLP-1.
Un mecanismo compartido con tratamientos para diabetes y obesidad
En los experimentos realizados, los digeridos del bagazo incrementaron de forma notable la liberación de GLP-1 en células intestinales. Esta hormona desempeña un papel clave en la regulación de la insulina, el vaciado gástrico y la sensación de saciedad.
Este hallazgo resulta especialmente relevante porque la GLP-1 es también la diana de diversos fármacos empleados en el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad. En este sentido, Martínez subraya uno de los retos de esta línea de investigación: “crear componentes naturales que reduzcan el apetito a través de la secreción endógena de GLP-1”.
Un método innovador para simular la digestión humana
Uno de los avances clave del estudio ha sido el desarrollo de un sistema experimental que reproduce el proceso digestivo humano en condiciones controladas. Este método combina simulaciones químicas de la digestión con ensayos sobre células intestinales cultivadas en laboratorio.
A través de esta técnica, los investigadores han podido analizar cómo los compuestos de la manzana interactúan con el epitelio intestinal y cómo influyen en el transporte de glucosa y la activación de células enteroendocrinas.
Implicaciones para la nutrición de precisión
La investigación, impulsada por el grupo Innograinlab del ISP, aporta nuevas evidencias en el ámbito de la nutrición de precisión, al estudiar la relación directa entre compuestos vegetales y respuestas fisiológicas específicas.
Estos resultados refuerzan el enfoque de diseñar estrategias nutricionales basadas en las propiedades funcionales concretas de los alimentos, superando las recomendaciones dietéticas generalizadas.
Revalorización del bagazo como ingrediente funcional
Más allá de los efectos fisiológicos, el estudio abre una vía para la valorización del bagazo de manzana, uno de los principales subproductos de la industria del zumo y la sidra.
Aunque tradicionalmente se destina a alimentación animal o se desecha, la investigación demuestra que este residuo conserva compuestos bioactivos con capacidad para modular procesos metabólicos, lo que podría favorecer su uso como ingrediente funcional en la industria alimentaria.
