La pobreza severa afecta al 22,3 % de estos hogares en España, donde más de la mitad vive en riesgo de exclusión social, según datos de 2025
En España, una de cada dos familias monoparentales se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social y más de uno de cada cinco hogares (22,3 %) sufre pobreza severa, según datos de 2025 difundidos por Aldeas Infantiles SOS a partir del análisis de la Plataforma de Infancia. La situación, que afecta mayoritariamente a hogares encabezados por mujeres, pone de relieve un problema estructural que condiciona el desarrollo y las oportunidades de niños, niñas y adolescentes.
Ingresos insuficientes y condiciones de vida precarias
Los hogares monoparentales presentan mayores dificultades económicas que el conjunto de las familias. En los casos más graves, los ingresos apenas alcanzan los 441 euros por persona al mes, una cifra que limita el acceso a necesidades básicas como la alimentación equilibrada, el material escolar o una vivienda en condiciones adecuadas de temperatura.
Esta precariedad prolongada no solo impacta en el bienestar material, sino también en la estabilidad emocional de los menores. La incertidumbre económica y la falta de recursos generan un entorno de vulnerabilidad que afecta al desarrollo integral de los hijos.
Sobrecarga estructural en hogares encabezados por mujeres
La mayoría de las familias monoparentales están lideradas por mujeres que asumen en solitario tanto los cuidados como la obtención de ingresos. Esta doble responsabilidad se ve agravada por la frecuente inestabilidad laboral, lo que dificulta la conciliación y aumenta la exposición a situaciones de exclusión.
La presión constante derivada de esta situación se traduce en niveles elevados de estrés, con consecuencias tanto para la persona adulta como para los menores a su cargo. La falta de redes de apoyo y de políticas específicas acentúa estas desigualdades.
Impacto en la infancia: desigualdad que se perpetúa
Crecer en un hogar monoparental en situación de vulnerabilidad implica partir de una posición de desventaja. Las dificultades económicas y sociales condicionan las trayectorias educativas y profesionales de los menores, generando barreras que pueden prolongarse hasta la vida adulta.
Sin mecanismos de apoyo eficaces, estas situaciones tienden a reproducirse entre generaciones, consolidando ciclos de pobreza que resultan difíciles de revertir.
Llamamiento a reforzar la protección social
Desde Aldeas Infantiles SOS advierten de que estos datos evidencian una desigualdad creciente respecto a otros modelos familiares y subrayan la necesidad de políticas públicas específicas. La organización señala que es fundamental reforzar la protección social y económica para prevenir situaciones de exclusión y garantizar entornos estables para la infancia.
“Es fundamental que las políticas públicas reconozcan esta realidad y articulen medidas específicas de apoyo y protección para prevenir situaciones de pobreza y exclusión, fortalecer a estas familias, promover su bienestar y garantizar entornos seguros y estables para el desarrollo de niños, niñas y adolescentes”, apuntan desde la entidad.
Intervención social: apoyo a más de mil familias
En este contexto, Aldeas Infantiles SOS trabaja con 1.017 familias monoparentales en situación de vulnerabilidad en España, derivadas en su mayoría por los servicios sociales. Su intervención se articula a través de programas de prevención y fortalecimiento familiar que abordan de forma integral los ámbitos social, educativo y psicológico.
Entre las actuaciones destacan:
- Centros de Día: ofrecen refuerzo escolar, atención emocional y actividades de ocio saludable para menores, además de apoyo a las familias en habilidades parentales y búsqueda de empleo.
- Programas de Familia: proporcionan orientación psicosocial, formación en crianza positiva y apoyo a la inserción laboral.
- Centros de Educación Infantil: facilitan la conciliación en familias con hijos de 0 a 3 años y promueven entornos de desarrollo seguros e inclusivos.
Además, la organización suministra alimentos y productos básicos a los hogares con mayores dificultades, en coordinación con equipos multidisciplinares formados por profesionales de la educación, el trabajo social y la psicología.
Una de las beneficiarias de estos programas, Isabella, participante en un centro en Madrid, resume el impacto de este acompañamiento: “Hay días en los que las preocupaciones pesan mucho. Pero aquí he encontrado lo que necesitaba: escucha, comprensión y apoyo. Eso me da fuerzas para seguir adelante. Siento que no estoy sola, y eso lo cambia todo”.
Un desafío estructural para la cohesión social
El aumento de la pobreza en familias monoparentales contrasta con la evolución más favorable en otros tipos de hogares, lo que evidencia una brecha creciente en el sistema de protección social. La persistencia de estas desigualdades plantea un desafío de carácter estructural que afecta tanto a la cohesión social como a la igualdad de oportunidades.
