C.B. ATIENZA
MEDINA DE RIOSECO
Comunidades inclusivas’ es el nombre de un proyecto innovador que pone el foco en reto tan importante para el medio rural como es la lucha contra la exclusión social y el aislamiento. La iniciativa, impulsa Coceder, plantea un enfoque innovador basado en los cuidados comunitarios, el apoyo mutuo y la implicación activa de los vecinos y vecinas como pieza clave para fortalecer el bienestar colectivo.
En este marco a finales del pasado año el Centro de Desarrollo Rural El Sequillo comenzó a desplegar distintas actividades que tienen ya un impacto directo en la vida cotidiana de la comunidad. Y es que lejos de ser propuestas aisladas, se trata de espacios pensados para generar encuentro, tejer relaciones y activar la participación vecinal desde lo cotidiano.
Una de las experiencias más significativas es el taller semanal de ganchillo ‘Tejiendo en comunidad’, que se celebra cada lunes en Palazuelo de Vedija. Lo que comenzó como una actividad manual se ha convertido en un auténtico punto de conexión social para alrededor de una docena de personas. Más allá del tejido, el grupo logrado construir vínculos, confianza y sentimiento de pertenencia.
El taller parte de una idea sencilla pero poderosa. Así pues, todas las personas tienen habilidades, intereses y talentos que, cuando se comparten, pueden fortalecer a la comunidad. El don, la pasión y la habilidad de tejer ha unido a un grupo de unas 12 personas tejiendo adornos para su pueblo, y ese grupo avanza creando comunidad, conociéndose y estrechando lazos de amistad.
Paloma Martín Fernández, cuya destreza es tejer y se ofreció a enseñar esta habilidad, cuenta que está emocionada e ilusionada porque ve a las personas hacer algo que les gusta y que ellas mismas van organizando. «Estoy emocionada e ilusionada porque veo a las personas hacer algo que les gusta y que ellas mismas van organizando». Tal es así que «eligen cómo se va haciendo y se consensua el diseño», explica.

Las propias participantes coinciden en señalar el impacto positivo del taller, especialmente por la diversidad de quienes se reúnen cada semana. «Esta actividad es interesante porque nos juntamos personas de edades muy diferentes», apuntan. En la misma línea, destacan que se trata de un espacio poco habitual en el día a día rural. «Nos reunimos con personas con las que normalmente no coincidimos por edad o por el momento vital de cada persona», reconocen. Esa convivencia intergeneracional, añaden, «enriquece porque ves otros puntos de vista, otras maneras de vivir la vida». Además, subrayan cómo esta iniciativa ha generado también un ocio activo que trasciende el propio encuentro semanal, ya que «tenemos una motivación, porque los lunes te reúnes y en casa tienes que sacar ratos para seguir tejiendo».
Junto a este taller, también se ha puesto en marcha una actividad de gimnasia todos los martes por la mañana, organizada por el Ayuntamiento de Palazuelo de Vedija. Desde la institución local se ha respaldado la propuesta, respondiendo a una demanda vecinal orientada a fomentar hábitos saludables y espacios de encuentro comunitario. Sin embargo, una de las medidas más innovadoras y significativas del proyecto es la creación de la figura del ‘sereno rural’, una iniciativa que recupera el espíritu del acompañamiento tradicional adaptado a las necesidades actuales del medio rural. Estas personas recorren las calles del pueblo al atardecer, ofreciendo presencia, acompañamiento y apoyo a quienes más lo necesitan, especialmente a personas mayores o en situación de soledad.
El objetivo va más allá de la vigilancia, y trata de trata de generar cercanía, detectar situaciones de vulnerabilidad y mantener el vínculo con la comunidad, al tiempo que se invita a participar en las actividades colectivas que se están impulsando
Actualmente, ya son cinco las personas que ejercen como serenos rurales, una labor que viven con gran implicación personal. «A mí me aporta satisfacción, y un poco de tranquilidad, saber que con un poquito de tu tiempo puedas ayudar a gente que esté sola. Solo por los apretones de manos que nos dan es fácil saber que están agradecidos», reconoce uno de ellos. Otro añade que «lo que más me gusta es escuchar las historias que te cuentan sobre el pueblo y sus gentes, los oficios, los cambios de época».
Este contacto directo no solo combate la soledad, sino que también recupera la memoria viva del territorio y refuerza el tejido social desde la escucha y la presencia cotidiana.
El proyecto de innovación social ‘Comunidades inclusivas: soluciones innovadoras de cuidado y apoyo en el medio rural’ es una operación del Ministerio de Trabajo y Economía Social, enmarcada en el Programa estatal del Fondo Social Europeo Plus (FSE+). Está impulsado por Coceder y cofinanciado por la Unión Europea, con el objetivo de demostrar que la innovación social también puede nacer —y sostenerse— en los pueblos
