El ciclo Cuatro Miradas al Envejecimiento Actual reúne en el Imserso a expertos del ámbito social, sanitario, residencial y comunicativo para abordar la prevención de la dependencia, la fragilidad, la atención sociosanitaria y la calidad de vida de las personas mayores.
La Confederación Española de Organizaciones de Mayores, CEOMA, ha celebrado en Madrid una doble sesión de debate dentro del ciclo Cuatro Miradas al Envejecimiento Actual, una iniciativa subvencionada por el Imserso que ha situado en el centro de la conversación la dignidad, la autonomía, la prevención, los cuidados de larga duración y la realidad socioeconómica de las personas mayores en España.
Envejecer sin perder derechos
El presidente de CEOMA, José Luis Fernández Santillana, inauguró la jornada en la sede del Imserso con una llamada a reforzar políticas integrales y conectadas que permitan anticiparse a la soledad, prevenir la dependencia y garantizar que las personas mayores sigan tomando parte activa en la sociedad.
“Envejecer no significa perder derechos. Hay que anticiparse a la soledad y trabajar en la prevención con políticas integrales conectadas, escuchando sus necesidades, para que las personas mayores sigan siendo protagonistas de sus propias vidas”, señaló Fernández Santillana durante la apertura.
La jornada ha formado parte del proyecto Cuatro Miradas, impulsado para generar espacios de reflexión sobre los grandes desafíos sociales vinculados a la población sénior. En esta segunda sesión, el debate se ha articulado en torno a dos ejes: la vulnerabilidad, la fragilidad y la dependencia, por un lado, y las condiciones de vida de las personas mayores, por otro.
La fragilidad se puede prevenir
La primera mesa, titulada Vulnerabilidad, fragilidad y dependencia en las personas mayores, fue moderada por Sabina Camacho, miembro de la junta directiva de CEOMA y portavoz del movimiento A la vejez vitales. La sesión reunió al presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Francisco José Tarazona; la directora de 65 y Más, Ana Bedia; el presidente nacional del Grupo Lares, José Luis Pareja; y la presidenta de Fundación Pilares, Pilar Rodríguez.
Camacho situó la vulnerabilidad, la fragilidad y la dependencia como fenómenos condicionados por factores biológicos, sociales, económicos y sanitarios. Su intervención puso el acento en una longevidad que necesita prevención, promoción de la salud e integración real entre los sistemas social y sanitario.
El presidente de la SEGG, Francisco José Tarazona, incidió en una idea clave para deshacer uno de los grandes equívocos asociados a la vejez: “La fragilidad no es sinónimo de envejecimiento sino un síndrome clínico prevenible”. Desde esa perspectiva, defendió la prescripción de ejercicio físico regular, la intervención nutricional y la Valoración Geriátrica Integral como herramientas para abordar el síndrome geriátrico, anticiparse a la dependencia y preservar la autonomía.
Atención primaria y equipos multidisciplinares
Tarazona subrayó el papel de la atención primaria y de los equipos multidisciplinares para identificar de forma temprana situaciones de fragilidad. La detección precoz permite intervenir antes de que aparezca una pérdida funcional más severa, lo que sitúa la prevención en un plano estratégico para el sistema sanitario y para la calidad de vida de las personas mayores.
La fragilidad, entendida como un estado de vulnerabilidad aumentado ante enfermedades, caídas, hospitalizaciones o pérdida de autonomía, requiere una respuesta continuada. Ejercicio, nutrición, revisión farmacológica, apoyo social, seguimiento clínico y adaptación del entorno forman parte de un abordaje que debe desplegarse antes de que la dependencia se consolide.
El mensaje compartido por los expertos fue claro: vivir más años exige preparar mejor los sistemas de apoyo. La longevidad solo se convierte en una conquista social plena cuando se acompaña de salud, participación, cuidados adecuados y capacidad de decisión.
Cambiar la cultura de los cuidados
Pilar Rodríguez, presidenta de Fundación Pilares y exdirectora del Imserso, defendió la necesidad de avanzar hacia un modelo integrado que combine coordinación de servicios y atención centrada en la persona. Su intervención vinculó la mejora de los cuidados con un cambio cultural profundo.
Para Rodríguez, la integralidad implica que todos los recursos se orienten de forma coordinada hacia la persona, sus necesidades, preferencias, proyecto vital y contexto. Esta mirada rompe con modelos fragmentados, en los que los servicios funcionan por separado y obligan a la persona mayor o a su familia a recorrer circuitos poco conectados.
La atención centrada en la persona propone una relación distinta con los cuidados. Supone reconocer trayectorias de vida, escuchar deseos, adaptar apoyos y evitar que la edad o la dependencia borren la identidad individual. En ese punto, la dignidad deja de ser una declaración y se convierte en forma concreta de organizar los servicios.
Residencias, domicilio y comunidad
El presidente nacional del Grupo Lares, José Luis Pareja, centró su intervención en los cuidados de larga duración y en la necesidad de una transformación estructural. “En España se requiere de una transformación estructural que garantice financiación suficiente, mejores condiciones laborales y modelos de atención centrados en la persona”, afirmó.
Pareja señaló que las lecciones derivadas de la pandemia obligan a reforzar la coordinación entre residencias, atención domiciliaria y recursos comunitarios. La respuesta a la dependencia no puede descansar en compartimentos estancos, sino en una red capaz de acompañar a la persona en distintos momentos y niveles de necesidad.
El presidente de Lares vinculó esta transformación al Pacto Nacional por el Cuidado de las Personas en Situación de Dependencia, impulsado por el Grupo Social Lares como una propuesta orientada a garantizar derechos, calidad y sostenibilidad en el sistema de cuidados.
Los medios ante la imagen de la vejez
La directora de 65 y Más, Ana Bedia, abordó el papel de los medios de comunicación en la construcción social de la vejez. Su diagnóstico fue crítico con una cobertura que, en demasiadas ocasiones, invisibiliza, infantiliza o problematiza a las personas mayores.
Para Bedia, la labor de los medios debe orientarse a combatir estereotipos y a mostrar la realidad de un colectivo diverso. “Acercar a los mayores como son en realidad, un colectivo heterogéneo, que se cuida, se forma, emprende y ayuda a sus familiares económicamente y con su tiempo”, defendió.
La representación mediática tiene consecuencias. Una vejez narrada únicamente desde la enfermedad, la carga o la dependencia reduce la presencia pública de millones de personas mayores y empobrece el debate social. Mostrar diversidad, participación, capacidad de decisión y aportación económica, familiar y comunitaria permite construir una mirada más justa.
Cómo y con qué viven las personas mayores
La segunda sesión de la jornada llevó por título Cómo y con qué viven las personas mayores. Fue moderada por Josep Carné, presidente de la Federació d’Associacion de Persones Grans de Catalunya, FATEC, quien situó el aumento de la esperanza de vida como un reto colectivo.
“El aumento de la esperanza de vida nos plantea el reto de garantizar que las personas mayores puedan envejecer con calidad de vida, autonomía y dignidad”, señaló Carné antes de dar paso a las intervenciones centradas en el entorno residencial, el sistema sanitario y las condiciones reales de vida de la población mayor.
La pregunta que articuló esta segunda mesa fue más allá del lugar donde viven las personas mayores. También interpeló a los ingresos, los apoyos, la vivienda, la red social, la atención sanitaria, los cuidados disponibles y la posibilidad de decidir sobre la propia vida.
Residencias con preferencias y proyecto vital
Josep de Martí, fundador del buscador online de residencias inforesidencias.com, analizó la evolución de los centros residenciales en las últimas décadas. Según explicó, en unos 30 años las residencias han pasado de ser lugares que ofrecían un sustituto del hogar, con predominio de la seguridad y la atención profesional, a espacios que incorporan también las preferencias y gustos de quienes viven en ellos.
Ese cambio conceptual resulta decisivo para comprender el futuro de los cuidados. La residencia ya no puede definirse solo como un recurso asistencial. Debe funcionar como un lugar de vida, con apoyos profesionales, seguridad, convivencia y capacidad para respetar hábitos, decisiones y vínculos personales.
La transformación residencial exige arquitectura, ratios adecuadas, profesionales formados, coordinación sanitaria y modelos organizativos capaces de ofrecer atención sin borrar la autonomía. La calidad no depende únicamente de la prestación técnica, sino también de la experiencia cotidiana de quienes residen en estos centros.
Edadismo sanitario y demencia en residencias
Antonio Burgueño, director técnico de los programas Desatar y Desatar 2.0, puso el foco en el sistema sanitario y en el desafío que supone atender a una población cada vez más envejecida y con mayor presencia de pluripatologías.
A su juicio, el sistema sanitario español es robusto desde el punto de vista técnico, aunque insuficiente para cubrir de forma oportuna una demanda creciente. Burgueño señaló además la persistencia de cierto grado de edadismo sanitario, una realidad que puede influir en decisiones clínicas, tiempos de atención, prioridades asistenciales o forma de abordar la complejidad de las personas mayores.
Su intervención cerró la jornada con una reflexión sobre las más de 200.000 personas mayores que viven con demencia en residencias españolas. El reto no consiste solo en atenderlas, sino en garantizar que puedan vivir bien, con apoyos adecuados, entornos seguros, profesionales preparados y modelos libres de sujeciones evitables.
Prevenir para retrasar la dependencia
Las dos sesiones coincidieron en una idea común: prevenir resulta imprescindible para alcanzar una mayor longevidad con calidad de vida y para retrasar la dependencia. Esa prevención incluye actividad física, nutrición, seguimiento sanitario, participación social, estimulación cognitiva, lucha contra la soledad y adaptación de los entornos.
La promoción de la salud en la vejez requiere políticas sostenidas y coordinación entre administraciones, profesionales, entidades sociales, familias y las propias personas mayores. El envejecimiento activo no puede limitarse a una agenda de actividades; debe entenderse como una estrategia de derechos, autonomía y participación.
El ciclo de CEOMA sitúa esta discusión en un momento de cambios demográficos profundos. España envejece y necesita revisar la manera en que organiza sus cuidados, sus servicios sanitarios, sus residencias, sus barrios, sus medios de comunicación y sus políticas públicas.
Una mirada amplia al envejecimiento actual
La jornada forma parte del ciclo Cuatro Miradas al Envejecimiento Actual, subvencionado por el Imserso. La primera sesión, celebrada en abril bajo el título Envejecer con Humor desde una mirada preventiva, presentó la longevidad como sinónimo de participación, transformación y calidad de vida.
Esta segunda convocatoria ha ampliado el debate hacia la dependencia, la fragilidad, los cuidados de larga duración, la realidad socioeconómica y la imagen social de la vejez. El enfoque compartido por los participantes sitúa a las personas mayores como sujetos de derechos y no como destinatarios pasivos de servicios.
CEOMA plantea así una agenda pública centrada en escuchar a las personas mayores, prevenir la pérdida de autonomía, transformar los modelos de cuidados y combatir los estereotipos. La longevidad, entendida como una conquista social, exige también recursos, coordinación y una cultura que reconozca el valor de todas las etapas de la vida.
