Siete puntos del coche que debes revisar este verano

Neumáticos, frenos, batería y refrigeración encabezan las siete revisiones básicas del coche antes de un viaje de verano.

Neumáticos, refrigeración, batería, frenos, climatización, niveles e iluminación concentran las comprobaciones básicas para reducir el riesgo de avería durante los desplazamientos de verano.

El aumento de los viajes por carretera y las altas temperaturas someten al vehículo a un esfuerzo especial durante el verano. Antes de emprender un trayecto largo, revisar siete elementos esenciales permite detectar desgaste, niveles insuficientes y fallos incipientes capaces de comprometer la seguridad o inmovilizar el coche en plena ruta.

La Dirección General de Tráfico recomienda comprobar el estado general del vehículo antes de viajar, con especial atención a neumáticos, refrigeración, frenos, batería, climatización, líquidos y alumbrado. Algunas operaciones pueden realizarse mediante una inspección visual, mientras que los componentes mecánicos deben ser examinados por profesionales cuando existan dudas o el mantenimiento esté próximo.

1. Neumáticos, el principal contacto con la carretera

La revisión debe comenzar por las ruedas, responsables de transmitir al asfalto la aceleración, la dirección y la capacidad de frenado. Una presión incorrecta, un desgaste excesivo o un daño en los flancos puede reducir la estabilidad y aumentar el riesgo de pinchazo o reventón.

La presión debe medirse con los neumáticos fríos y ajustarse a las indicaciones del fabricante, teniendo en cuenta el número de ocupantes y el equipaje. Estos valores suelen figurar en el manual, la puerta del conductor o la tapa del depósito de combustible.

El dibujo de la banda de rodadura debe conservar una profundidad mínima legal de 1,6 milímetros. También conviene buscar grietas, deformaciones, objetos clavados y desgastes irregulares, que pueden revelar problemas de alineación, suspensión o presión. La comprobación debe incluir la rueda de repuesto o, en su defecto, el kit reparapinchazos.

“Un neumático en mal estado no solo aumenta el consumo, sino que puede comprometer la estabilidad del vehículo en situaciones de alta temperatura”, advierten desde Crestanevada. El asfalto alcanza temperaturas elevadas durante el verano y agrava las consecuencias de circular con gomas deterioradas o mal infladas.

2. Refrigeración para evitar el sobrecalentamiento

El sistema de refrigeración mantiene el motor dentro de su temperatura de funcionamiento. Una pérdida de líquido, una manguera dañada o un fallo en el radiador puede provocar un sobrecalentamiento, especialmente durante trayectos prolongados, retenciones, ascensos o desplazamientos con el vehículo cargado.

El nivel del refrigerante debe comprobarse con el motor frío y el coche situado sobre una superficie horizontal. El líquido tiene que encontrarse entre las marcas mínima y máxima del vaso de expansión. Abrir el depósito con el motor caliente puede causar quemaduras debido a la presión acumulada.

Además del nivel, conviene observar si existen manchas bajo el vehículo, pérdidas en los manguitos o avisos en el cuadro de instrumentos. La DGT recomienda revisar también el estado del radiador, las abrazaderas, las correas y el resto del circuito, operaciones que deben confiarse a un taller cuando requieren manipulación mecánica.

Añadir agua como solución habitual puede alterar la protección del circuito frente a la corrosión y las temperaturas extremas. El producto utilizado debe cumplir las especificaciones establecidas por el fabricante del vehículo.

3. Batería, también vulnerable al calor

Los problemas de batería suelen asociarse al invierno, aunque las temperaturas elevadas también aceleran su deterioro. El calor favorece determinados procesos internos, aumenta la autodescarga y puede acortar la vida útil del componente, sobre todo cuando ya presenta varios años de uso.

Un arranque más lento de lo habitual, fallos intermitentes en los sistemas eléctricos o una intensidad reducida del alumbrado pueden indicar que la batería está perdiendo capacidad. También deben revisarse visualmente sus bornes para detectar corrosión, suciedad o conexiones deficientes.

La comprobación profesional de la carga resulta aconsejable antes de un viaje largo cuando la batería tiene una antigüedad elevada o ha mostrado algún síntoma. Su sustitución preventiva puede evitar que el vehículo quede inmovilizado lejos del lugar de residencia.

Los coches modernos dependen de la electricidad para alimentar numerosos sistemas de gestión, seguridad y asistencia. Una batería debilitada puede generar incidencias que van más allá de la imposibilidad de arrancar el motor.

4. Frenos en condiciones para soportar trayectos largos

Pastillas, discos y líquido forman un conjunto esencial para detener el vehículo con eficacia. El desgaste progresivo puede pasar inadvertido en los recorridos cotidianos y hacerse evidente durante un descenso prolongado, una retención intensa o una frenada de emergencia.

Los ruidos metálicos, las vibraciones, el desplazamiento lateral del coche, el aumento del recorrido del pedal o una respuesta menos eficaz requieren una revisión inmediata. La inspección de pastillas, discos y circuito hidráulico debe realizarla un profesional, especialmente cuando el vehículo no ha pasado recientemente por el taller.

El líquido de frenos pierde propiedades con el tiempo y puede absorber humedad. Su nivel debe encontrarse dentro de los márgenes señalados, aunque un descenso puede indicar desgaste de las pastillas o una fuga que exige diagnóstico.

La DGT aconseja revisar tanto los elementos de fricción como el líquido antes de los desplazamientos vacacionales. La carga adicional del equipaje y los ocupantes aumenta el esfuerzo necesario para frenar y puede hacer más visibles las deficiencias del sistema.

Neumáticos, frenos, batería y refrigeración encabezan las siete revisiones básicas del coche antes de un viaje de verano.
Foto: E.DUQUE

5. Aire acondicionado para mantener la atención

La climatización desempeña una función ligada al confort y a la seguridad. Un habitáculo excesivamente caliente favorece la fatiga, dificulta la concentración y puede alterar la capacidad de respuesta del conductor.

Antes de viajar conviene comprobar que el sistema enfría con rapidez, mantiene un caudal estable y funciona sin ruidos ni olores anómalos. Una pérdida de rendimiento puede estar relacionada con el refrigerante, los filtros, el compresor o una fuga en el circuito.

La DGT aconseja mantener una temperatura interior agradable, cercana a los 24 grados, y ventilar el vehículo periódicamente. También recomienda abrir inicialmente las ventanillas para expulsar el aire acumulado cuando el coche ha permanecido estacionado al sol.

El aire debe dirigirse hacia el habitáculo y no de forma continua sobre la cara o el pecho. Un sistema correctamente mantenido mejora el ambiente interior y reduce el esfuerzo necesario para conservar la atención durante varias horas.

6. Aceite y líquidos dentro de sus niveles

El aceite reduce la fricción entre las piezas móviles del motor y contribuye a controlar su temperatura. Su nivel debe comprobarse con el coche estacionado en una superficie plana y siguiendo el procedimiento indicado por el fabricante, que puede variar según el modelo.

Una cantidad insuficiente puede causar daños mecánicos, mientras que superar el máximo tampoco resulta adecuado. Si el aceite presenta un descenso rápido, manchas bajo el vehículo o un aspecto anómalo, conviene acudir a un taller antes de iniciar el desplazamiento.

La revisión debe incluir el líquido de frenos, el refrigerante y el limpiaparabrisas. En los vehículos con dirección asistida hidráulica también debe comprobarse el depósito correspondiente; los sistemas eléctricos carecen de este líquido.

La DGT recomienda realizar estas operaciones con el vehículo frío y vigilar cualquier pérdida sin causa aparente. Rellenar un depósito resuelve el nivel puntual, pero no sustituye el diagnóstico cuando existe una fuga o un consumo excesivo.

El limpiaparabrisas mantiene su importancia durante el verano. Polvo, insectos, suciedad y tormentas repentinas pueden reducir la visibilidad, por lo que también deben examinarse las escobillas y el estado del parabrisas.

7. Iluminación y señalización para ver y ser visto

Todas las luces deben funcionar correctamente antes de salir. La comprobación incluye alumbrado de cruce y carretera, posición, freno, marcha atrás, intermitentes, antiniebla y luz de la matrícula.

Una bombilla fundida dificulta que el resto de los usuarios interprete una maniobra y reduce la visibilidad durante la noche, en túneles o bajo condiciones meteorológicas adversas. Los faros sucios u opacos también disminuyen el rendimiento del sistema.

La altura del haz puede variar cuando el vehículo transporta varios ocupantes y abundante equipaje. Los modelos con regulación manual deben ajustarse para evitar deslumbrar a otros conductores sin perder iluminación sobre la calzada.

La DGT recuerda que comprobar el alumbrado resulta esencial para que el vehículo sea visible. La inspección puede realizarse con ayuda de otra persona o situando el coche frente a una pared para observar la respuesta de cada luz.

La revisión debe adaptarse al estado del vehículo

Una comprobación doméstica permite detectar incidencias evidentes, aunque no reemplaza el mantenimiento periódico. Si el coche presenta avisos en el cuadro, ruidos, vibraciones, pérdidas de líquidos o una revisión pendiente, la evaluación profesional debe realizarse antes del viaje.

“Una revisión básica antes de un viaje puede marcar la diferencia entre un trayecto tranquilo o una avería en el peor momento. La prevención sigue siendo la mejor inversión en seguridad”, señalan desde Mobility.

También conviene consultar el manual del fabricante, verificar que la ITV y el seguro están vigentes y organizar la carga sin superar los límites del vehículo. El equipaje debe quedar sujeto y distribuido de forma que no comprometa la estabilidad ni invada el espacio de los ocupantes.

El conductor también forma parte de la seguridad

La puesta a punto mecánica debe acompañarse de una planificación adecuada del trayecto. La DGT recomienda descansar cada dos horas o aproximadamente cada 200 kilómetros, hidratarse y evitar comenzar el viaje después de una jornada agotadora.

Antes de salir resulta conveniente consultar el estado de las carreteras, prever rutas alternativas y elegir horarios que reduzcan la exposición al calor y a las mayores concentraciones de tráfico.

Un vehículo revisado disminuye la posibilidad de avería, pero la seguridad final depende también de la velocidad, la atención, el descanso y la adaptación de la conducción a las condiciones de la vía.

Los siete puntos de la revisión

  1. Neumáticos y rueda de repuesto o kit antipinchazos.
  2. Sistema de refrigeración y nivel de anticongelante.
  3. Estado y capacidad de la batería.
  4. Pastillas, discos y líquido de frenos.
  5. Aire acondicionado o climatizador.
  6. Aceite, limpiaparabrisas y demás líquidos.
  7. Luces, intermitentes y señalización.

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