Peter, un asistente virtual por voz desarrollado en España, se plantea como herramienta de apoyo cotidiano para personas adultas con discapacidad intelectual, en un contexto en el que casi la mitad desea independizarse y la mayoría sigue viviendo con su familia.
La vida independiente continúa siendo una aspiración difícil de alcanzar para muchas personas con discapacidad intelectual. El informe Construyendo hogares, elaborado por Fundación PwC a propuesta de la Fundación Álex Rivera, señala que el 45,5 % de las personas encuestadas querría independizarse en una vivienda no institucional, mientras el 72 % sigue viviendo con sus familias por falta de alternativas habitacionales, recursos económicos y apoyos personalizados.
En ese escenario se sitúa Peter, un asistente virtual basado en inteligencia artificial creado por la Fundación Álex Rivera para acompañar a personas adultas con discapacidad intelectual en tareas cotidianas. La herramienta se ha diseñado para ofrecer apoyos sencillos, personalizados y accesibles, con especial atención a rutinas, recordatorios, orientación diaria y autonomía en el hogar.

El reto no es solo encontrar una vivienda
El acceso a una casa propia, compartida o tutelada representa solo una parte del problema. La independencia exige también apoyos continuados para gestionar el día a día, tomar decisiones, organizar horarios, manejar dinero, preparar una comida, acudir a una cita médica o resolver una situación imprevista.
El informe de Fundación PwC identifica precisamente esas necesidades entre los apoyos más demandados para avanzar hacia una vida autónoma: gestión del dinero, cocina o saber qué hacer cuando aparece un problema de salud. El propio documento apunta que algunas de estas tareas pueden abordarse mediante formación, apoyo profesional y herramientas tecnológicas bien diseñadas.
Peter nace en ese punto de cruce entre vivienda, autonomía y apoyo cotidiano. Su función no consiste en sustituir a familias, profesionales o entidades sociales, sino en ofrecer una ayuda disponible en momentos concretos de la jornada.
Un asistente pensado para hablar
La aplicación permite escribir, aunque su funcionamiento se apoya sobre todo en la voz. La persona usuaria puede explicar lo que necesita con naturalidad y recibir respuestas en lenguaje claro, adaptadas a su ritmo y reformuladas cuando sea necesario.
Entre sus funciones figuran la agenda, los recordatorios personalizados, las guías paso a paso, las respuestas a preguntas frecuentes, el apoyo emocional, las indicaciones sobre hora y clima y la ayuda para consultar recorridos o desplazamientos. La Fundación Álex Rivera define Peter como una tecnología proactiva, personalizada, integrable, segura y accesible.
Esta estructura resulta relevante porque muchas herramientas digitales quedan fuera del alcance real de personas que necesitan instrucciones más simples, tiempos de respuesta distintos o una forma de comunicación menos rígida. En ese sentido, la accesibilidad no depende únicamente del diseño visual, sino también del lenguaje, la memoria contextual y la capacidad de repetir sin impaciencia.
Apoyar sin infantilizar
Uno de los retos de cualquier tecnología dirigida a personas con discapacidad intelectual es evitar una mirada paternalista. La autonomía no consiste en resolverlo todo por la persona, sino en ofrecer apoyos para que pueda decidir, practicar y ganar seguridad.
Peter plantea un acompañamiento basado en rutinas, preferencias, personas de referencia y objetivos personales. La herramienta recuerda información relevante del día a día y adapta sus respuestas según el uso. Esa personalización puede facilitar la toma de decisiones, siempre que preserve la capacidad de elección de la persona usuaria.
El enfoque es importante. La tecnología puede ampliar posibilidades, pero también puede generar dependencia si se diseña desde el control o la sustitución. Por eso, la utilidad de un asistente de estas características dependerá tanto de sus funcionalidades como del modo en que se integre en los proyectos de vida independiente.
Probado con usuarios, familias y profesionales
Peter se ha desarrollado con participación de personas con discapacidad intelectual, familias, profesionales de apoyo y entidades colaboradoras. Según la información difundida por la Fundación Álex Rivera, la aplicación ha pasado por dos fases de validación, primero en entornos supervisados y después en contextos reales, principalmente hogares.
Los resultados trasladados por la entidad apuntan a una buena acogida inicial. El 84 % de las personas que probaron la herramienta la recomendaría y nueve de cada diez profesionales de apoyo consideran que mejora los servicios que prestan.
Estos datos deben leerse como indicadores preliminares de aceptación y utilidad percibida. La evaluación a medio plazo será clave para saber si el asistente mejora de forma sostenida la autonomía, reduce situaciones de inseguridad, favorece la organización diaria y descarga tareas de apoyo sin debilitar la relación humana.
Privacidad y seguridad como condición
El uso de inteligencia artificial con colectivos vulnerables exige una atención especial a la privacidad, la seguridad y la protección de datos personales. Peter maneja información sensible sobre rutinas, preferencias, citas, personas de referencia y posibles necesidades de apoyo.
La Fundación Álex Rivera sitúa la privacidad y la seguridad entre los pilares del proyecto, junto con el respeto a los derechos de las personas con discapacidad intelectual.
La aplicación incorpora además una idea relevante: acompañar sin vigilar. Las funcionalidades en desarrollo prevén que familiares o tutores puedan vincular su cuenta para organizar agenda, recibir avisos o realizar seguimiento cuando sea necesario, evitando una monitorización invasiva y manteniendo la decisión del lado de la persona usuaria.
Tecnología con apoyo humano
La inteligencia artificial puede ser útil para recordar una cita, guiar una tarea o reducir la ansiedad ante una duda cotidiana. También puede ayudar a profesionales y familias a organizar apoyos de manera más eficaz.
Su alcance, sin embargo, tiene límites claros. Una herramienta digital no resuelve por sí sola la falta de vivienda asequible, la escasez de recursos económicos, el desempleo o la insuficiencia de apoyos comunitarios. El propio informe de Fundación PwC subraya que el acceso a modelos de vivienda independiente sigue condicionado por barreras estructurales como la falta de alternativas habitacionales y la escasez de recursos.
Peter puede ocupar un lugar dentro de ese ecosistema de apoyos, pero la vida independiente requiere políticas públicas, vivienda accesible, empleo, acompañamiento profesional, redes comunitarias y confianza en la capacidad de las personas con discapacidad intelectual para decidir sobre su propia vida.
La autonomía como derecho
El interés de Peter no está solo en su componente tecnológico. Su aparición refleja un cambio de enfoque: las personas con discapacidad intelectual no deben ser vistas únicamente como receptoras de cuidados, sino como personas adultas con deseos, proyectos y derecho a elegir cómo vivir.
El dato del 45,5 % que quiere independizarse evidencia una demanda de autonomía que sigue encontrando demasiadas barreras. La respuesta no puede limitarse a crear aplicaciones, aunque la tecnología pueda convertirse en una aliada si se diseña con participación real de quienes la van a utilizar.
La pregunta de fondo continúa siendo social. Cómo garantizar que una persona con discapacidad intelectual pueda vivir en su casa, organizar su jornada, pedir ayuda cuando la necesite y conservar la última palabra sobre su vida.
