La estudiante de Historia e Historia del Arte de la Universidad de León ha recorrido este verano el municipio con ‘Hacemos pueblo: esto es Valdefresno’, un proyecto de RALBAR que ha combinado arqueología, patrimonio, leyendas y creación artística con el conocimiento transmitido por los propios vecinos.

Noa Blanco Barcia, estudiante del doble grado en Historia e Historia del Arte de la Universidad de León, ha recorrido durante este verano los 20 núcleos de Valdefresno, en León, para recuperar y compartir su patrimonio histórico e inmaterial mediante un programa de actividades que ha situado a los vecinos en el centro del relato. El proyecto, desarrollado a través de una beca RALBAR, ha buscado reforzar el conocimiento de la historia local y el vínculo entre las distintas poblaciones del municipio.
Bajo el título ‘Hacemos pueblo: esto es Valdefresno’, la iniciativa ha trasladado fuera del ámbito académico herramientas propias de la Historia, la Historia del Arte y la Arqueología y las ha combinado con una fuente difícilmente sustituible cuando se trabaja sobre el patrimonio rural, la memoria de quienes conocen el territorio porque lo han habitado durante décadas. Documentos, edificios, caminos y restos materiales han convivido así con leyendas, recuerdos y conocimientos transmitidos entre generaciones.
El trabajo ha abarcado los veinte pueblos que integran Valdefresno, una configuración territorial que forma parte de la propia identidad institucional del municipio. Incluso su escudo recoge veinte eslabones en representación de cada una de estas localidades, repartidas por una superficie próxima a León y vinculadas históricamente a la comarca de La Sobarriba.
La memoria oral amplía el patrimonio de Valdefresno

El planteamiento ha partido de una concepción amplia del patrimonio. La arquitectura religiosa, la documentación histórica, los vestigios arqueológicos o el Camino de Santiago han servido como puntos de partida, aunque una parte sustancial del trabajo ha aparecido al conversar con los habitantes y recuperar aquello que permanece fuera de inventarios, archivos y catálogos.
“Lo que pretendía era que los vecinos redescubrieran la riqueza de sus 20 pueblos, que conocieran mejor su historia y que participaran activamente en la conservación de la memoria”, explica Blanco, que ha afrontado las últimas jornadas de la beca después de una experiencia que define como “intensa, pero también muy gratificante”.
La propuesta ha permitido poner en común relatos que habitualmente circulan dentro de cada localidad o de cada familia. Leyendas, recuerdos asociados a determinados lugares, conocimientos transmitidos oralmente y episodios de la vida colectiva han entrado de esta forma en contacto con fuentes documentales y materiales que permiten observar el pasado desde perspectivas complementarias.
Ese intercambio adquiere especial importancia en un municipio compuesto por numerosos núcleos y situado a escasa distancia de la capital leonesa. Valdefresno se encuentra a unos diez kilómetros de León y combina pueblos de fuerte raíz histórica con zonas donde la proximidad urbana y las nuevas construcciones han modificado durante las últimas décadas la relación entre población y territorio.
Arqueología, heráldica y leyendas para acercarse a la historia
La estudiante ha diseñado durante los meses de verano actividades destinadas a diferentes edades con la intención de convertir el patrimonio en una experiencia accesible y compartida. Los niños han podido aproximarse a la arqueología y la heráldica mediante talleres, mientras otras propuestas han trabajado con documentación histórica y técnicas de caligrafía medieval.
El programa también ha incorporado recorridos por el tramo del Camino de Santiago que atraviesa el término municipal, además de talleres de land art, veladas dedicadas a las leyendas y un escape room construido a partir del patrimonio local. La variedad de formatos ha permitido abordar la historia desde el conocimiento académico, el juego, la creación artística y la experiencia directa sobre el terreno.
El Camino constituye uno de los elementos que mejor muestran esa superposición de tiempos y usos. Su presencia forma parte de la identidad de Valdefresno y atraviesa localidades como Arcahueja y Valdelafuente antes de alcanzar León. En esta última población, la documentación municipal sitúa referencias históricas desde comienzos del siglo XII y recoge la convivencia actual entre antiguas huellas patrimoniales, nuevas construcciones y actividad industrial.
Escuchar antes de interpretar
El desarrollo del proyecto también ha obligado a adaptar las formas de comunicación al funcionamiento cotidiano de los pueblos. Blanco, que no procede del municipio, ha tenido que encontrar los canales adecuados para convocar a los habitantes y conseguir que participaran en unas actividades planteadas precisamente alrededor de su propia memoria.
“Los más jóvenes estamos muy acostumbrados a enterarnos de todo por redes sociales, pero en el medio rural he visto que esto no funciona así”, señala. La experiencia ha devuelto protagonismo a mecanismos aparentemente elementales, como los carteles y, especialmente, la transmisión directa de información entre vecinos.
El aprendizaje resulta significativo dentro de un proyecto universitario desarrollado sobre el territorio. Acceder a las fuentes históricas constituye solamente una parte del proceso cuando una investigación pretende incorporar conocimientos que carecen de soporte escrito. La conversación, la confianza y el tiempo empleado en escuchar pasan entonces a formar parte de la metodología.
“Me parece muy interesante descubrir que el patrimonio no son solo edificios antiguos o documentos, sino también esas historias que nos están contando los vecinos”, explica la estudiante. Su reflexión resume uno de los principales resultados de ‘Hacemos pueblo’, que ha ampliado el objeto de estudio desde aquello que puede localizarse físicamente hasta los recuerdos asociados a lugares, costumbres y experiencias colectivas.
RALBAR lleva el conocimiento universitario al territorio

El trabajo desarrollado en Valdefresno forma parte de los trece proyectos seleccionados en la sexta edición de RALBAR, el programa de la Universidad de León respaldado por la Fundación Banco Sabadell que permite a estudiantes realizar prácticas extracurriculares durante julio y agosto en municipios rurales de la provincia. La edición de 2026 ha recibido 21 solicitudes y ha concedido trece becas, cada una dotada con 1.000 euros mensuales.
Desde su creación en 2021, RALBAR ha acumulado 74 proyectos relacionados con ámbitos como patrimonio, educación, sostenibilidad, innovación social, salud o desarrollo territorial. El propio nombre del programa procede del agroleonés y alude a la acción de levantar el barbecho, una referencia al trabajo previo que prepara la tierra para una nueva siembra.
La iniciativa de Valdefresno encaja en esa relación entre conocimiento universitario y recursos locales mediante una particularidad relevante. Su principal materia de trabajo ya estaba en el municipio antes de comenzar la beca. Una parte permanecía en archivos, iglesias, caminos y otros elementos patrimoniales; otra continuaba dispersa entre las personas que conservaban recuerdos sobre cada localidad.
El proyecto ha tratado de reunir ambos planos y devolver después ese conocimiento a los pueblos mediante actividades compartidas. De esta forma, la recuperación de la memoria ha funcionado al mismo tiempo como investigación, divulgación y encuentro entre habitantes de un municipio cuya identidad común se construye sobre veinte localidades distintas.
Cuando finalice el verano, documentos, construcciones y caminos continuarán ocupando su lugar. El material más vulnerable seguirá siendo aquel que depende de la transmisión entre personas. Durante estas semanas, ‘Hacemos pueblo’ ha trabajado precisamente sobre esa parte del patrimonio, la que necesita ser contada para poder seguir formando parte de la historia de Valdefresno.
