El Congreso Nacional de la sociedad científica analiza en Oviedo las amenazas infecciosas emergentes y advierte de que la ciencia avanza más rápido que la coordinación social y política
Los avances científicos logrados tras la pandemia de COVID-19 han mejorado la capacidad de detección, diagnóstico y respuesta ante nuevos virus emergentes. Sin embargo, las principales vulnerabilidades ante una futura crisis sanitaria no se encuentran únicamente en los laboratorios, sino en factores sociales y políticos como la desinformación, la desigualdad global y la pérdida de confianza en la evidencia científica.
Así lo han señalado los especialistas reunidos en el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), celebrado en Oviedo, donde se han analizado los retos de las enfermedades infecciosas emergentes en un mundo marcado por la interconexión, el cambio climático y los movimientos de población.
Entre las amenazas que más preocupan actualmente a la comunidad científica figuran la gripe aviar H5N1, el dengue, el ébola y otros virus con capacidad de expansión en determinados contextos. No obstante, los expertos subrayan que el riesgo sanitario depende tanto del agente infeccioso como de la capacidad de los sistemas de salud para responder de manera coordinada, equitativa y basada en información fiable.
Nuevas amenazas en un mundo interconectado
El facultativo especialista en Medicina Interna y Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Central de Asturias, Enrique García Carús, explicó durante el congreso que el riesgo de que los hantavirus se conviertan en una amenaza epidémica en Europa es actualmente bajo.
Según señaló, los virus circulantes en el continente presentan una baja capacidad de transmisión entre personas y la mayoría de los casos se producen por zoonosis, principalmente por contacto con roedores infectados. La transmisión entre humanos es excepcional y requiere condiciones muy concretas de contacto estrecho y prolongado.
Más allá de este caso, García Carús situó el foco en otros agentes infecciosos que preocupan con mayor intensidad en el horizonte epidemiológico actual. Entre ellos citó la gripe aviar H5N1, con casos notificados en humanos; el virus de la gripe, que mantiene una elevada capacidad de mutación y evolución; el brote de ébola en el Congo, condicionado por conflictos armados y desplazamientos poblacionales; y la expansión de flavivirus como el dengue en Europa, favorecida por el cambio climático y la presencia creciente de vectores transmisores.
La ciencia responde más rápido que antes
Los especialistas coincidieron en que la pandemia de COVID-19 aceleró de forma notable la capacidad científica para detectar y caracterizar nuevas amenazas.
El diagnóstico mediante PCR, la secuenciación genética y el desarrollo de vacunas avanzaron en plazos que habrían resultado impensables en etapas anteriores. Esta mejora sitúa a los sistemas científicos en una posición más sólida para afrontar futuras emergencias sanitarias.
Sin embargo, García Carús advirtió de que las debilidades más relevantes no son estrictamente científicas. “Las vulnerabilidades continúan siendo la desinformación y las desigualdades globales”, señaló.
A su juicio, la fragmentación geopolítica dificulta una respuesta internacional coordinada y puede limitar la eficacia de las herramientas disponibles, especialmente cuando el acceso a diagnósticos, tratamientos o vacunas se distribuye de forma desigual entre países.
Atención Primaria y confianza social
El médico de familia y responsable del Grupo de Salud Pública de la SEMG, Juan Saturno, destacó el papel central de la Atención Primaria como base del sistema sanitario y como espacio de confianza entre profesionales y ciudadanía.
La proximidad, la continuidad asistencial y el conocimiento del entorno convierten a los médicos de familia en agentes esenciales para detectar señales tempranas, orientar a la población y sostener una comunicación sanitaria rigurosa en momentos de incertidumbre.
Saturno recordó que el cambio climático y la globalización están modificando el mapa de las enfermedades infecciosas. La expansión de vectores hacia nuevas zonas geográficas, el aumento de patologías antes asociadas a regiones tropicales y la mayor movilidad internacional obligan a reforzar la vigilancia y la preparación de los sistemas sanitarios.
Vigilancia epidemiológica y prevención básica
La responsable del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la SEMG, Maite Jorge Bravo, subrayó la importancia de la vigilancia epidemiológica y de los sistemas de alerta temprana para identificar y controlar amenazas emergentes.
La especialista recordó, no obstante, que estas herramientas deben convivir con medidas de prevención básicas que han demostrado su eficacia durante décadas. Entre ellas citó el lavado de manos, el uso correcto de equipos de protección individual cuando estén indicados y el cumplimiento de los calendarios vacunales.
Jorge Bravo insistió además en la función de los médicos de familia como fuente de información sanitaria para la ciudadanía y como profesionales clave para contrarrestar mensajes sin base científica. En este sentido, alertó del impacto de los movimientos antivacunas y de la necesidad de reforzar la confianza en las recomendaciones basadas en la evidencia.
La desinformación como amenaza sanitaria
Uno de los mensajes centrales del congreso fue la necesidad de abordar la desinformación como un factor de riesgo para la salud pública.
Saturno advirtió de que la pérdida de confianza en la ciencia puede comprometer la gestión de futuras crisis sanitarias. Por ello, apeló también al papel de los medios de comunicación en la difusión de información rigurosa, contextualizada y alejada del alarmismo.
“Los medios han jugado siempre un papel determinante en los comportamientos sociales; es clave divulgar con rigor, sin atemorizar”, señaló.
El representante de la SEMG defendió la necesidad de crear conciencia social, mantener la responsabilidad individual y colectiva, y atender las recomendaciones de científicos y expertos ante situaciones de incertidumbre.
Las lecciones pendientes de la COVID-19
Los expertos reunidos en Oviedo coincidieron en que la pandemia permitió fortalecer capacidades técnicas, pero dejó pendientes retos estructurales vinculados a la desigualdad, la coordinación internacional y la comunicación pública.
“Desde el punto de vista de la ciencia aprendimos mucho de 2020 y está mejor preparada, el diagnóstico y desarrollo de tratamientos son mucho más rápidos. La gran incertidumbre sigue estando en los factores humanos, políticos y sociales. La mayor preocupación es que prevalezcan las desigualdades sociales, la desinformación masiva y la fragmentación geopolítica que impiden una acción verdaderamente coordinada”, señaló García Carús.
El análisis de la SEMG sitúa así la preparación ante futuras pandemias en un terreno más amplio que el puramente biomédico. La capacidad de respuesta dependerá también de la cohesión social, la confianza en las instituciones, la cooperación internacional y la fortaleza de los sistemas sanitarios de proximidad.
Preparación científica y fragilidad social
El congreso concluye que el mundo está mejor preparado para identificar y combatir nuevas amenazas infecciosas, pero continúa siendo vulnerable en dos frentes decisivos: las desigualdades globales en salud y la circulación masiva de desinformación.
La gripe aviar, el dengue, el ébola u otros virus emergentes forman parte del mapa de riesgos, pero los expertos advierten de que la próxima crisis sanitaria no se decidirá únicamente por la biología del patógeno.
La respuesta dependerá también de la capacidad para actuar con rapidez, compartir información fiable, garantizar acceso equitativo a los recursos y sostener la confianza social en la ciencia y en los profesionales sanitarios.
