La comunicación “Discriminación de las mujeres en el entorno rural”, presentada por Zaira Santa Gómez, recibe el Premio Carlos López Madroñero al Mejor Original Oral en el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.
La comunicación “Discriminación de las mujeres en el entorno rural”, presentada por Zaira Santa Gómez, ha recibido el Premio Carlos López Madroñero al Mejor Original Oral en el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, celebrado en junio en Oviedo. El trabajo analiza cómo las desigualdades de género y los determinantes sociales condicionan la salud de las mujeres que viven en pueblos y entornos dispersos.
La investigación sitúa en el centro de la práctica clínica una realidad que muchas veces queda diluida entre consultas, cuidados familiares, distancias y falta de recursos. Según Santa Gómez, residente de Medicina Familiar y Comunitaria, “el entorno rural presenta unas características propias que pueden hacer que determinadas desigualdades pasen más desapercibidas”.

El lugar donde se vive también enferma
El estudio parte de una idea esencial para la medicina de familia: la salud depende de mucho más que síntomas, diagnósticos y tratamientos. El territorio, la red de apoyo, la autonomía económica, la carga de cuidados y el acceso a recursos influyen directamente en el bienestar físico, mental y social.
En el caso de las mujeres rurales, esos factores pueden acumularse de forma silenciosa. El aislamiento geográfico dificulta acudir a servicios sanitarios, sociales o especializados. La sobrecarga de cuidados reduce tiempo propio y posibilidades de descanso. La dependencia económica limita decisiones vitales. Los estereotipos de género condicionan la forma en que se reconocen y se atienden determinadas necesidades.
Santa Gómez resume la conclusión principal con una afirmación clara: “el lugar donde se vive y el género continúan siendo determinantes de la salud”.
Desigualdades menos visibles
El medio rural presenta fortalezas evidentes, como la cercanía comunitaria, el conocimiento entre profesionales y pacientes o la continuidad de los vínculos. Esa misma proximidad puede dificultar la verbalización de situaciones de malestar, discriminación, dependencia o violencia cuando falta privacidad, anonimato o confianza suficiente para pedir ayuda.
La investigación premiada advierte de que determinadas desigualdades pasan inadvertidas cuando se observan únicamente desde indicadores generales. Una mujer puede acudir a consulta por ansiedad, dolor, insomnio o fatiga y arrastrar detrás una realidad marcada por cuidados intensivos, falta de transporte, soledad, precariedad o escaso acceso a servicios.
Ahí la Atención Primaria adquiere un papel decisivo. Su cercanía y continuidad permiten detectar señales que quizá permanecen ocultas en otros niveles asistenciales.
La consulta como puerta de entrada
La autora defiende un abordaje integral con perspectiva de género y subraya el valor de la Atención Primaria “por su cercanía, continuidad asistencial y capacidad para identificar necesidades que, en muchas ocasiones, permanecen ocultas”.
Esta mirada exige tiempo, escucha y conocimiento del contexto. El profesional sanitario que trabaja en un centro de salud rural conoce muchas veces la estructura familiar, las dificultades de desplazamiento, la ausencia de determinados recursos y el peso de los cuidados en la vida diaria de sus pacientes.
La detección temprana de desigualdades no depende únicamente de preguntar por síntomas. También requiere interpretar silencios, cambios de conducta, visitas reiteradas, malestares inespecíficos o demandas que esconden problemas sociales.
Medicina con perspectiva social
Aunque el trabajo se centra en el medio rural, Santa Gómez considera que sus conclusiones pueden aplicarse a cualquier entorno sanitario. La necesidad de incorporar perspectiva de género, reconocer determinantes sociales y adaptar la atención a las características de la población resulta común a cualquier centro de salud.
La diferencia está en que el pueblo amplifica algunas barreras. La distancia a recursos especializados, la falta de transporte público, la menor disponibilidad de servicios de conciliación y el peso de roles tradicionales pueden condicionar la forma en que una mujer enferma, pide ayuda o recibe atención.
El estudio apunta así a una medicina más conectada con la vida cotidiana. La consulta se convierte en un lugar donde también importan la vivienda, la familia, el empleo, los cuidados, el acceso a internet, el transporte y la red comunitaria.
Investigar lo social también es investigar salud
La comunicación premiada reivindica la importancia de investigar aspectos sociales y comunitarios, precisamente porque tienen un impacto directo en la salud de la población. En Atención Primaria, estos factores aparecen cada día en forma de malestares físicos, emocionales y relacionales.
“Desde la consulta de Atención Primaria tenemos una oportunidad única para detectar desigualdades, escuchar activamente y actuar con una mirada integral. Incorporar la perspectiva de género no supone hacer una medicina diferente, sino una medicina de mayor calidad, más justa y más centrada en las personas”, concluye Santa Gómez.
El premio de la SEMG reconoce de este modo una línea de trabajo que conecta investigación clínica, salud comunitaria e igualdad. La discriminación de las mujeres rurales deja de ser una cuestión ajena al sistema sanitario y se entiende como un factor que también entra en la consulta.
Oviedo reconoció la investigación en Atención Primaria
El 32º Congreso Nacional de la SEMG reunió en Oviedo a médicos de familia en torno a actualización clínica, innovación, investigación y retos de futuro de la Atención Primaria. Durante la clausura, la sociedad científica reconoció distintos trabajos, entre ellos el original oral presentado por Zaira Santa Gómez.
El reconocimiento al estudio sobre mujeres rurales introduce una cuestión social en un espacio científico. Esa presencia resulta significativa porque confirma que la Atención Primaria no puede separarse del territorio ni de las desigualdades que afectan a las personas que atiende.
La medicina de familia, por su posición en la puerta de entrada al sistema, está especialmente preparada para detectar esas realidades. El reto consiste en dotarla de tiempo, recursos y herramientas para responder de forma adecuada.
