Nacida el 17 de julio de 1926 en El Quintanarejo, la vecina más longeva del municipio ha cumplido un siglo rodeada de familiares, amigos y vecinos.
Vinuesa ha celebrado este 17 de julio el centenario de Jacinta Yagüe Soria, una de sus vecinas más queridas y la persona de mayor edad del municipio. Nacida en 1926 en El Quintanarejo, localidad perteneciente al término municipal visontino, Jacinta ha cumplido cien años rodeada del cariño de su familia, amigos y vecinos en una jornada de homenaje a una vida marcada por el trabajo, la alegría y la memoria de una generación ligada al campo, la casa y el cuidado.
El acto ha reunido a representantes institucionales, familiares y habitantes del municipio, que han querido acompañarla en una fecha especialmente simbólica. Jacinta ha recibido una placa conmemorativa, el pergamino con su acta de nacimiento y un ramo de flores en nombre de la corporación municipal.
Una infancia entre El Quintanarejo y Vinuesa
Jacinta nació el 17 de julio de 1926 en El Quintanarejo. Fue la menor de siete hermanos y, a día de hoy, la única que permanece con vida. Con apenas diez años se trasladó a Vinuesa para vivir con sus tíos, que se encargaron de su crianza y a quienes recuerda con un afecto profundo.
De aquellos años conserva una memoria luminosa. Habla de una infancia sencilla, de cuidados cercanos y de unos tíos que procuraban complacerla siempre que podían. Cursó sus primeros estudios en la escuela de El Quintanarejo, donde recuerda a su maestro, don Cesáreo, aunque reconoce con humor que nunca fue una gran estudiante.
Entre sus recuerdos más queridos aparecen las excursiones a la Laguna Negra, adonde acudía montada en burro para recoger frambuesas y “anavias”, como se conoce en la zona a los arándanos. Esas imágenes resumen una infancia en contacto con el paisaje pinariego, los caminos y los ritmos de una vida rural que hoy pertenece ya a la memoria de quienes la vivieron.

Una vida compartida con Claudio
A los 22 años contrajo matrimonio con Claudio, natural de Vinuesa, con quien compartió toda una vida. Tuvieron dos hijas y, con el paso del tiempo, la familia creció con tres nietos y un bisnieto, que hoy forman parte de sus mayores orgullos.
Claudio trabajó durante años en una serrería, vinculado al oficio de la madera, tan presente en la historia económica y social de la comarca. Jacinta, por su parte, desarrolló una vida de esfuerzo constante. Trabajó como limpiadora en el Seminario, cuidó de la casa, atendió el huerto familiar y, junto a su marido, regentó una granja de cerdos.
Recuerda con especial ilusión su destreza como partera en los partos de las cerdas, una tarea que desempeñaba con seguridad y conocimiento práctico. Esa escena, aparentemente sencilla, habla de una generación acostumbrada a resolver, aprender y sostener la vida diaria con las manos.
Una casa abierta y una mujer de carácter
El hogar de Jacinta y Claudio fue durante años un lugar acogedor. En los veranos dieron pensión a médicos que acudían al pueblo, y ella guarda un recuerdo especial de Encarna, la última médica que se alojó con ellos.
Quienes la conocen destacan su alegría, su valentía y su capacidad para hacer sentir como en casa a quienes la rodean. Esa forma de recibir, conversar y cuidar ha marcado su relación con vecinos, familiares y amigos.
También conserva con emoción los paseos en bicicleta junto a Claudio. Eran tan habituales que en el pueblo los conocían como “los Astrolatas”. Hace 19 años que enviudó, pero sigue hablando de aquellos años con una mezcla de cariño, humor y gratitud.
Vermú, guiñote, bolos y roscos de sartén
A sus cien años, Jacinta mantiene el gusto por los pequeños placeres cotidianos. No perdona la hora del vermú, disfruta de un buen helado, de la morcilla, de los churros con chocolate y de las reuniones en las que todavía se anima a jugar al guiñote, a los bolos o al bingo.
Al bingo llegó con entusiasmo porque, como dice entre risas, “hay cuca”. La expresión resume bien su carácter despierto, su ironía amable y esa energía que todos reconocen en ella.
Durante muchos años fue tradición que antes de las fiestas preparara limonada para su querida ronda y sus inconfundibles roscos de sartén, esperados con ilusión por quienes compartían con ella esos días. También conserva la habilidad para preparar chorizo casero, otra muestra de una cultura doméstica transmitida a través de los gestos, la cocina y la experiencia.
Memoria viva de una generación
La vida de Jacinta permite recorrer buena parte del siglo XX en la comarca pinariega. Nació en una pequeña localidad, creció entre familiares, caminos y escuela rural, formó una familia, trabajó dentro y fuera de casa, participó en la economía doméstica y mantuvo siempre una relación estrecha con su pueblo.
Su historia refleja la de muchas mujeres que sostuvieron la vida cotidiana sin buscar protagonismo. Mujeres que trabajaron, cuidaron, criaron, recibieron en casa, atendieron animales, huertos, comidas, fiestas y relaciones vecinales. En ellas descansa una parte esencial de la memoria rural.
El centenario de Jacinta no celebra únicamente una cifra excepcional. Reconoce una trayectoria vital que ha dejado huella en Vinuesa y que sigue viva en sus hijas, nietos, bisnieto, vecinos y amigos.
Una coincidencia familiar con Duruelo
Entre las curiosidades de su vida reciente destaca una reunión familiar muy especial. Desde hace varios años coincide en Nochevieja con Vicente, vecino de Duruelo de la Sierra, de 99 años. Él es la persona de mayor edad de Duruelo y Jacinta ostenta ese mismo honor en Vinuesa.
Ese encuentro entre dos vecinos casi centenarios se ha convertido en una imagen entrañable de longevidad compartida en la comarca. Dos vidas largas, dos pueblos cercanos y una misma memoria de generaciones que han visto transformarse el mundo desde la serenidad de quienes han aprendido a vivir día a día.
Vinuesa arropa a su vecina más longeva
Rodeada del afecto de los suyos, Jacinta Yagüe ha alcanzado los cien años como una mujer profundamente querida. Su alegría, su generosidad y su espíritu incansable han hecho de ella una presencia reconocible en Vinuesa.
La celebración de su cumpleaños ha sido, sobre todo, un homenaje a una vida de trabajo y cercanía. Una vida construida con sencillez, esfuerzo y afectos duraderos, que hoy forma parte de la memoria viva del municipio.
Vinuesa ha celebrado a Jacinta porque en ella reconoce algo más que una edad. Reconoce una forma de estar en el mundo, una historia compartida y el valor de quienes han hecho pueblo desde lo cotidiano.
