Carlos León lleva al MUSAC una pintura hecha de deseo, color y memoria

El MUSAC acoge hasta el 18 de octubre “Lugar del elogio”, la primera exposición individual de Carlos León en el museo leonés.

“Lugar del elogio”, la primera exposición individual del artista en el museo leonés, revisa varias décadas de una obra marcada por la abstracción, la intensidad cromática, la materia y la relación entre naturaleza, cuerpo y superficie.

El Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, MUSAC, acoge hasta el 18 de octubre Lugar del elogio, la primera exposición individual de Carlos León en el centro leonés. La muestra, comisariada por Fernando Castro Flórez, reúne cerca de medio centenar de obras realizadas durante las últimas décadas y permite recorrer la madurez pictórica de uno de los nombres relevantes de la pintura española contemporánea.

La exposición, instalada en las salas 3 y 4.1, propone una inmersión en un universo construido desde la intensidad del color, la reflexión sobre el soporte y la dimensión corporal de la pintura. En el recorrido aparecen algunas de sus series más reconocibles, como los jardines, junto a creaciones recientes vinculadas a imaginarios míticos como el de Dánae.

Una pintura que se mira desde el cuerpo

La obra de Carlos León se ha desarrollado desde los años setenta en diálogo con la abstracción gestual, el informalismo, el expresionismo abstracto y las investigaciones sobre la superficie pictórica. Su pintura, sin embargo, ha construido un lenguaje propio, atento al ritmo del trazo, al peso de la materia y a la capacidad del color para convertirse en experiencia física.

En Lugar del elogio, la pintura aparece como una actividad intensamente corporal. El gesto, la huella, la fricción y la acumulación cromática no funcionan como elementos decorativos, sino como modos de hacer visible una tensión interior. León trabaja la superficie como un territorio donde el deseo se despliega, se agita, se oculta y vuelve a aparecer.

Ese carácter táctil resulta esencial en su obra. La pintura se percibe como algo que ha pasado por el cuerpo antes de llegar a la mirada. Hay una relación directa entre mano, materia y superficie, una forma de entender el cuadro como espacio sensible y no solo como imagen.

El MUSAC acoge hasta el 18 de octubre “Lugar del elogio”, la primera exposición individual de Carlos León en el museo leonés.

El jardín como lugar de contradicción

Uno de los motivos centrales de la exposición es el jardín, recurrente en la trayectoria de Carlos León. Más que paisaje, el jardín funciona como una metáfora de la existencia. En él conviven fertilidad y deterioro, belleza y pérdida, deseo y conciencia del final.

El jardín permite al artista trabajar una tensión muy antigua entre lo que nace y lo que desaparece. La naturaleza aparece cargada de energía, pero también atravesada por una fragilidad que impide toda lectura complaciente. Lo vegetal no se presenta como refugio idílico, sino como un espacio de transformación constante.

Esa contradicción da profundidad a la muestra. Los jardines de Carlos León pueden leerse como lugares de celebración, pero también como territorios donde la pintura piensa la pérdida, la memoria y el naufragio. En ellos, el color adquiere una intensidad vital que al mismo tiempo sugiere fugacidad.

Entre la pasión barroca y la serenidad reflexiva

El título Lugar del elogio apunta a una actitud ante la pintura. Carlos León no abandona la pasión cromática ni la sensualidad de la materia, aunque las sitúa dentro de una construcción rigurosa, modulada y sostenida por décadas de investigación.

La exposición permite reconocer algunas de las tradiciones que han alimentado su trabajo, desde la abstracción gestual hasta la antigua tradición dionisíaca, desde la pasión barroca hasta la serenidad reflexiva. Esa mezcla explica parte de la singularidad de su obra, capaz de unir exceso y contención, impulso y pensamiento, energía y estructura.

El resultado es una pintura de gran densidad visual, pero alejada del ruido. Sus superficies reclaman tiempo. No se agotan en una mirada rápida, porque están hechas de capas, transparencias, rastros y movimientos que se revelan de forma progresiva.

Tela, Dibond y madera

El recorrido reúne obras realizadas sobre distintos soportes, entre ellos tela, Dibond y madera. Esa diversidad permite observar cómo León adapta su lenguaje a superficies que modifican la manera en que la pintura respira, se expande o se concentra.

La elección del soporte no es un asunto secundario. En su obra, la superficie forma parte del sentido. Cada material condiciona la relación entre gesto y fondo, entre color y resistencia, entre cuerpo y apariencia final. La pintura permanece viva precisamente porque se enfrenta a condiciones distintas y encuentra en ellas nuevas posibilidades.

La exposición incorpora también piezas recientes, algunas concebidas específicamente para esta muestra, lo que permite leer Lugar del elogio como una revisión de madurez más que como una retrospectiva cerrada.

Una trayectoria desde los años setenta

Carlos León nació en Ceuta en 1948 y ha desarrollado una trayectoria estrechamente vinculada a la renovación de la pintura española desde los años setenta. Su trabajo reaccionó a investigaciones pictóricas internacionales como las vinculadas a support-surfaces y abrió en España un camino centrado en la materialidad, la abstracción, el color y la actualización constante del lenguaje pictórico.

Su obra ha mantenido una relación intensa con la historia del arte. Esa tradición no aparece como cita erudita, sino como una corriente subterránea que alimenta cada superficie. En sus cuadros confluyen referencias antiguas y modernas, mitología, naturaleza, memoria, deseo y una práctica pictórica que insiste en volver una y otra vez al espacio del cuadro.

Uno de los rasgos más reconocibles de su método es la aplicación del óleo sobre láminas de poliéster matizado, frotado directamente con las manos, sin espátulas ni pinceles. Esa forma de trabajo refuerza la condición táctil de su pintura y permite generar imágenes de apariencia casi invisible, construidas desde transparencias, huellas y veladuras.

La pintura como territorio poético

Lugar del elogio permite acercarse a la pintura como un territorio poético, pero también físico. Cada obra parece surgir de una tensión entre lo visible y lo latente, entre lo que se ofrece al espectador y lo que permanece en retirada.

La exposición no busca explicar una evolución lineal. Propone, más bien, entrar en una constelación de motivos y obsesiones que han acompañado al artista durante décadas. El deseo, la naturaleza, la memoria, la materia y el color aparecen como fuerzas que se cruzan en la superficie pictórica.

En ese sentido, la muestra confirma la vigencia de una pintura que continúa interrogándose sobre sus propios límites. Carlos León trabaja desde un medio antiguo, cargado de historia, pero lo mantiene activo mediante una investigación sostenida sobre el gesto, el soporte y la percepción.

El MUSAC acoge hasta el 18 de octubre “Lugar del elogio”, la primera exposición individual de Carlos León en el museo leonés.

El MUSAC en su programación de verano

La exposición forma parte de la programación expositiva de verano del MUSAC, que desde el 6 de junio reúne también proyectos de Ana Laura Aláez y una muestra de fondos de la Colección MUSAC. Las tres propuestas podrán visitarse hasta el 18 de octubre.

El museo mantiene su horario habitual de martes a domingo, de 11.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas, en su sede de la Avenida de los Reyes Leoneses, 24, en León.

Con Lugar del elogio, el MUSAC dedica un espacio central a una pintura que exige atención lenta. Frente a la velocidad de la imagen contemporánea, la obra de Carlos León invita a mirar de cerca, a detenerse en la superficie y a reconocer en el color una forma de pensamiento.

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