Pablo Merchante explora la elevación de la pintura en ‘Excelso’

El Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente de Segovia acoge hasta el 25 de octubre de 2026 «Excelso», una exposición de Pablo Merchante concebida a partir de su encuentro con la obra del artista segoviano, la ciudad y una forma de entender la pintura como experiencia de elevación.

La muestra, abierta desde el 26 de junio, reúne pinturas, instalaciones, trabajos textiles y una composición sonora. El recorrido establece un diálogo entre materia y espiritualidad, figuración y abstracción, gravedad y ascensión, mediante obras en las que el color, el ritmo y la estructura adquieren una dimensión próxima a la música.

Esteban Vicente abre el punto de partida

El proyecto nace del contacto de Pablo Merchante con la obra de Esteban Vicente y con su manera de construir el espacio pictórico mediante relaciones de color, tensión, equilibrio y ritmo.

La presencia de las obras del artista segoviano en la sala contigua amplía ese diálogo. Ambos autores recurren a la pintura para crear espacios de contemplación, aunque desarrollan lenguajes, procedimientos y soluciones formales diferentes.

La relación se sostiene en la capacidad del color y de la estructura para transformar la superficie del cuadro. La materia pictórica deja de limitarse a la representación y se convierte en un medio para generar percepción, profundidad y tiempo.

Una de las piezas de la serie «La posibilidad de la naturaleza» está dedicada expresamente a Esteban Vicente, como reconocimiento a esta conexión artística.

El color se organiza como una composición musical

La formación musical de Merchante ocupa un lugar central en la exposición. Sus pinturas se articulan mediante pausas, contrastes, equilibrios y resonancias comparables con los elementos de una composición sonora.

El color adquiere así una dimensión temporal. La mirada no recibe toda la imagen de una sola vez, sino que avanza entre zonas de intensidad, silencios visuales, superposiciones y desplazamientos.

El ritmo procede también de la relación entre las formas. Algunas se afirman con claridad, mientras otras se disuelven o permanecen suspendidas entre la aparición y la desaparición.

Este proceso sitúa las imágenes en un espacio intermedio entre figuración y abstracción. Los elementos reconocibles permanecen presentes, aunque la pintura los transforma y evita una lectura meramente descriptiva.

Materia, gesto e intuición

La práctica de Merchante combina una estructura previa con decisiones tomadas durante el desarrollo del cuadro.

El proceso suele comenzar con fotografías, collages y fotomontajes elaborados a partir de paisajes naturales o espacios cotidianos. Estas imágenes se trasladan al lienzo mediante una cuadrícula que permanece visible como parte de la composición.

La cuadrícula organiza la superficie y conserva la huella del procedimiento, pero no encierra el resultado. Las capas de pintura, las veladuras, el gesto y las variaciones cromáticas modifican progresivamente la referencia inicial.

El lienzo se convierte de este modo en un territorio de exploración donde conviven planificación, intuición y transformación.

La exposición plantea una ascensión lenta

El título «Excelso» remite a un impulso de elevación que atraviesa el conjunto de la muestra. La ascensión se plantea como un movimiento desde lo material hacia lo intangible y desde la naturaleza hacia una dimensión espiritual.

La exposición evita representar esta idea de manera literal. La desarrolla mediante tensiones, inversiones, desplazamientos y estados de inestabilidad que obligan a percibir primero el peso o la caída.

Algunas obras hacen visible la gravedad para sugerir posteriormente una posible elevación. Otras permanecen en una situación de suspensión, abiertas a lo atmosférico y a aquello que todavía no ha adoptado una forma definitiva.

El recorrido ha sido concebido como una sucesión de pausas. Cada pieza reclama tiempo y propone una relación detenida con la imagen, alejada de una contemplación rápida.

Porche 12PM. Foto: MEV

Flores, ramas y hojas pierden su función descriptiva

La naturaleza constituye uno de los principales ejes del proyecto. Flores, ramas y hojas aparecen de manera recurrente, aunque dejan de funcionar como motivos representados de forma convencional.

En la serie «La posibilidad de la naturaleza», los elementos vegetales se amplían, cambian de escala y ocupan un espacio comparable al de la experiencia humana.

La flor deja de ser un objeto aislado y se transforma en un lugar de contemplación. Su presencia permite trabajar con la fragilidad, el crecimiento, la transformación y la relación entre lo visible y aquello que permanece sugerido.

Esta aproximación encuentra afinidades con tradiciones estéticas orientales que entienden la naturaleza como un ámbito de atención y experiencia, más que como una realidad externa destinada únicamente a ser reproducida.

Una pintura en transformación constante

Las capas superpuestas, las transparencias y las huellas del gesto impiden que la imagen quede completamente cerrada.

Cada superficie conserva rastros de momentos anteriores del proceso. Algunas formas permanecen debajo de otras, se filtran a través del color o reaparecen como fragmentos.

La pintura muestra así su propia elaboración. El espectador puede reconocer la convivencia entre decisiones sucesivas y comprobar cómo la imagen ha sido construida mediante acumulaciones, correcciones y desplazamientos.

Las zonas de mayor vibración cromática conviven con espacios más contenidos, generando una alternancia entre intensidad y reposo.

«El camino» introduce el tránsito y la memoria

La exposición se extiende más allá de la pintura mediante la instalación «El camino» y las obras derivadas de ella, reunidas bajo el título «Reflejos».

Estas piezas incorporan una reflexión sobre el desplazamiento, la memoria y las transformaciones que se producen durante un recorrido.

El camino aparece como experiencia física y como construcción simbólica. Avanzar implica modificar la posición desde la que se observa, relacionar el presente con lo vivido y aceptar que cada tránsito altera tanto el lugar como a quien lo recorre.

«Reflejos» prolonga esa investigación a través de obras que recuperan, desplazan o reinterpretan elementos surgidos dentro de la instalación.

Una pieza textil recupera la dimensión ritual

La muestra incluye una gran obra elaborada con tela de ruan tratada mediante una pátina oscura.

La pieza conecta la tradición ritual con recuerdos personales del artista. El tejido incorpora una dimensión corporal y espacial diferente a la del lienzo y establece una relación directa con la memoria de los materiales.

El negro ocupa un lugar relevante dentro de esta obra. Merchante lo relaciona con el piano, la música y el recogimiento, y lo utiliza como un punto de tránsito entre lo visible y lo invisible.

Su presencia funciona como una bisagra dentro del recorrido. Absorbe la luz, concentra la mirada y desplaza la atención desde la forma exterior hacia una experiencia más introspectiva.

El sonido culmina la propuesta expositiva

La dimensión musical alcanza su formulación más explícita en «Todo es Excelso. Cuatro tierras. Cuatro paisajes sonoros. Cuatro tiempos».

La composición coral combina voces, piano y sonidos procedentes del entorno, como el viento y el canto de los pájaros.

La obra se construye a partir de estructuras vinculadas a la música sacra y a los procedimientos repetitivos de la creación contemporánea. Esta combinación genera un paisaje sonoro que acompaña las ideas de tránsito, elevación y contemplación presentes en las pinturas.

La pieza no actúa como un complemento ambiental. Forma parte del discurso de la muestra y traslada al sonido las relaciones de ritmo, pausa y resonancia que organizan las imágenes.

Cuatro tierras y cuatro tiempos

La división en cuatro paisajes sonoros introduce una estructura temporal dentro de la exposición.

Cada fragmento aporta una relación diferente entre voz, instrumento y sonidos naturales. La repetición crea continuidad, mientras las variaciones modifican progresivamente la percepción.

El visitante recorre así una propuesta donde pintura y música comparten principios compositivos, aunque operen mediante materiales distintos.

La escucha amplía la experiencia del espacio y convierte la exposición en un entorno que se percibe tanto con la vista como con el oído.

La materia busca aquello que la trasciende

Ana Doldán de Cáceres, directora conservadora del Museo Esteban Vicente, plantea la muestra como un recorrido en el que la pintura avanza desde la presencia material hacia una experiencia intangible.

La obra de Merchante y la de Esteban Vicente comparten, desde planteamientos diferentes, el interés por el color, la estructura y el ritmo como instrumentos para construir espacios de contemplación.

En «Excelso», la materia permanece visible mediante pigmentos, tejidos, cuadrículas, gestos y objetos. Al mismo tiempo, esas presencias apuntan hacia emociones, recuerdos y estados difíciles de representar de manera directa.

La exposición propone habitar ese espacio intermedio y observar cómo una forma puede perder peso, una imagen puede quedar suspendida y una superficie material puede conducir hacia una experiencia que la supera.

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