El Sistema Nacional de Salud financia desde septiembre este tratamiento biológico para determinados adultos con enfermedad pulmonar obstructiva crónica no controlada y eosinófilos elevados en sangre pese a recibir triple terapia inhalada. Su incorporación se apoya en ensayos que han observado una reducción de las exacerbaciones moderadas o graves en este perfil concreto de pacientes.

El Sistema Nacional de Salud ha incorporado mepolizumab al tratamiento de determinados pacientes adultos con EPOC eosinofílica no controlada, después de la autorización europea de la nueva indicación y de su evaluación para financiación en España. El anticuerpo monoclonal se administra por vía subcutánea cada cuatro semanas y se añade, en los casos establecidos, al tratamiento combinado con corticosteroide inhalado, un agonista beta2 de acción prolongada y un antagonista muscarínico de acción prolongada. El nomenclátor de septiembre del Ministerio de Sanidad recoge ya esta indicación entre las financiadas bajo condiciones específicas.
La incorporación introduce una terapia dirigida contra un mecanismo inflamatorio concreto dentro de una enfermedad que agrupa perfiles clínicos y biológicos diferentes. En este caso, el tratamiento actúa sobre la interleucina 5, IL-5, una proteína implicada en la producción y supervivencia de los eosinófilos, células del sistema inmunitario que aparecen elevadas en una parte de los pacientes con EPOC y se relacionan con un mayor riesgo de exacerbaciones.
Su indicación queda, por tanto, circunscrita a un subgrupo determinado. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios establece que mepolizumab se utiliza como mantenimiento adicional en adultos con EPOC no controlada caracterizada por eosinófilos elevados en sangre y siempre en combinación con la denominada triple terapia inhalada.
La financiación se dirige a pacientes con EPOC no controlada
La llegada de mepolizumab al arsenal terapéutico español no modifica el tratamiento de todos los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Su posición se encuentra en fases avanzadas del abordaje y parte de una condición fundamental, que la enfermedad continúe presentando un componente eosinofílico y problemas de control pese al tratamiento inhalado establecido.
La triple terapia combina corticosteroides inhalados, conocidos por las siglas ICS o CSI; broncodilatadores beta2 de acción prolongada, LABA, y antagonistas muscarínicos también de larga duración, LAMA. Mepolizumab se incorpora como tratamiento añadido y no como sustituto de esos medicamentos.
Este matiz resulta especialmente relevante ante la creciente segmentación terapéutica de la EPOC. Durante décadas, buena parte de su manejo farmacológico se ha articulado principalmente alrededor de la broncodilatación y del control de las exacerbaciones. La identificación de perfiles inflamatorios diferenciados ha permitido estudiar tratamientos dirigidos a grupos seleccionados mediante biomarcadores como el recuento de eosinófilos en sangre.
Los eosinófilos permiten identificar un perfil de la enfermedad
Los eosinófilos son un tipo de glóbulo blanco relacionado con distintas respuestas inmunitarias. Su concentración en sangre se ha convertido en uno de los marcadores utilizados para caracterizar la inflamación de determinados pacientes con EPOC y valorar su respuesta a algunos tratamientos.
Mepolizumab se une específicamente a la IL-5 e interfiere en la señal que favorece la producción y supervivencia de estas células. Este mecanismo ya se utiliza desde hace años en otras enfermedades asociadas a inflamación eosinofílica, aunque su aplicación en EPOC ha necesitado ensayos específicos capaces de determinar qué pacientes pueden obtener beneficio.
La propia definición de la indicación refleja esta evolución hacia una mayor estratificación. El diagnóstico de EPOC continúa dependiendo de la valoración clínica y funcional respiratoria, pero determinadas decisiones terapéuticas incorporan progresivamente características biológicas que permiten diferenciar grupos dentro de una enfermedad muy heterogénea.
Un ensayo con 804 pacientes redujo las exacerbaciones
Una de las principales evidencias que ha sustentado la nueva indicación procede del estudio MATINEE, un ensayo fase III, aleatorizado y doble ciego publicado en 2025 en The New England Journal of Medicine. Participaron 804 pacientes con EPOC, antecedentes de exacerbaciones y al menos 300 eosinófilos por microlitro de sangre que ya recibían triple tratamiento inhalado.
Los participantes fueron asignados a recibir 100 miligramos de mepolizumab o placebo mediante inyección subcutánea cada cuatro semanas durante un periodo de entre 52 y 104 semanas. El objetivo principal consistió en medir la frecuencia anual de exacerbaciones moderadas o graves.
La tasa se situó en 0,80 exacerbaciones anuales entre los pacientes tratados con mepolizumab frente a 1,01 con placebo, lo que representa una reducción relativa del 21%. El tiempo hasta la primera exacerbación moderada o grave también fue mayor, con una mediana de 419 días frente a 321.
El ensayo no encontró, sin embargo, diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en las medidas evaluadas de calidad de vida relacionada con la salud y síntomas. La incidencia global de acontecimientos adversos fue similar entre mepolizumab y placebo. El estudio fue financiado por la compañía fabricante del medicamento.
Los resultados anteriores ya apuntaban al fenotipo eosinofílico
MATINEE ha reforzado una línea de investigación iniciada años antes. Los estudios METREX y METREO habían evaluado mepolizumab en pacientes con EPOC y antecedentes de exacerbaciones pese a recibir tratamiento inhalado intensivo, observando que el efecto era mayor conforme aumentaba el número de eosinófilos en sangre.
En METREX, la tasa anual de exacerbaciones moderadas o graves entre los participantes con fenotipo eosinofílico fue de 1,40 con mepolizumab frente a 1,71 con placebo. Los resultados globales de aquellos programas fueron más heterogéneos que los obtenidos posteriormente en MATINEE, una circunstancia que llevó a continuar investigando la selección de pacientes mediante biomarcadores.
La sucesión de estudios ha desplazado así la pregunta desde la eficacia del medicamento en la EPOC considerada de forma general hacia su posible utilidad en un subgrupo biológicamente definido y con exacerbaciones persistentes. La autorización actual responde precisamente a esa selección y evita extender el tratamiento a perfiles para los que la evidencia disponible resulta diferente.
Las exacerbaciones marcan buena parte del pronóstico
Las exacerbaciones constituyen uno de los principales problemas clínicos de la EPOC. Se caracterizan por un empeoramiento agudo de los síntomas respiratorios que puede exigir modificaciones del tratamiento, asistencia urgente o ingreso hospitalario, además de contribuir al deterioro funcional y a una utilización creciente de recursos sanitarios.
La EPOC provoca una obstrucción persistente del flujo aéreo y mantiene una fuerte relación con la exposición al humo del tabaco, aunque también intervienen exposiciones laborales, ambientales y a biomasa. La espirometría continúa siendo la prueba fundamental para confirmar el diagnóstico.
El alcance sanitario de la enfermedad explica el interés por identificar mejor los diferentes perfiles de riesgo. SEPAR situó en agosto de 2026 la prevalencia de EPOC en el 12,1% y estimó un infradiagnóstico próximo al 78%, dos datos que mantienen la detección precoz entre los principales problemas pendientes del abordaje respiratorio.
Las cifras procedentes de registros asistenciales son inferiores porque contabilizan enfermedad ya registrada. Los últimos datos disponibles del Ministerio de Sanidad indican que el 2,4% de la población española de 15 o más años tenía EPOC anotada en Atención Primaria en 2024, una diferencia que refleja, entre otros factores, el elevado nivel de casos todavía sin diagnóstico.
Los biológicos amplían la medicina de precisión en EPOC
La financiación de mepolizumab incorpora a la práctica asistencial española una estrategia basada en seleccionar pacientes mediante características inflamatorias. El concepto se aproxima a la medicina de precisión ya utilizada en otras enfermedades respiratorias, aunque la EPOC mantiene una elevada heterogeneidad y requiere combinar datos clínicos, antecedentes de exacerbaciones, función pulmonar, tratamiento previo y biomarcadores.
El cambio tampoco reduce la importancia de las intervenciones que continúan sosteniendo el abordaje general de la enfermedad. La prevención de exposiciones nocivas, el abandono del tabaco, la vacunación cuando está indicada, la actividad física, la rehabilitación pulmonar y el uso correcto de los inhaladores permanecen entre los elementos fundamentales de su manejo.
La nueva opción afecta específicamente a pacientes que continúan presentando una enfermedad insuficientemente controlada pese a la terapia farmacológica de mantenimiento y que reúnen las condiciones biológicas establecidas. La decisión sobre su utilización corresponde al ámbito asistencial y debe realizarse de acuerdo con la indicación autorizada y los criterios de financiación fijados por el Sistema Nacional de Salud.
El paso relevante se encuentra, por tanto, en la posibilidad de diferenciar dentro de la EPOC un perfil eosinofílico susceptible de tratamiento dirigido. Los resultados de los ensayos muestran una reducción de las exacerbaciones en pacientes seleccionados, mientras la incorporación al SNS traslada ahora esa evidencia a la práctica clínica bajo criterios restringidos de financiación.
