El museo leonés recuperará el domingo 4 de octubre sus visitas nocturnas con dos recorridos guiados, a las 19.30 y a las 20.00 horas, que permitirán conocer la historia y la arquitectura del edificio de Antoni Gaudí una vez concluida la jornada habitual de apertura al público.

La Casa Botines cambiará el próximo 4 de octubre la luz habitual de sus salas por la atmósfera del anochecer para recuperar una de sus propuestas vinculadas a las fiestas de San Froilán. El museo leonés ha programado dos visitas guiadas nocturnas, a las 19.30 y a las 20.00 horas, en las que un guía especializado conducirá al público por la historia, la arquitectura y las particularidades de uno de los tres edificios que Antoni Gaudí construyó fuera de Cataluña. Las entradas se encuentran disponibles tanto en la taquilla como a través de la web del museo.
La actividad forma parte de la programación preparada por Casa Botines para el segundo semestre de 2026 y coincide con uno de los momentos de mayor actividad festiva de León. Frente a la visita diurna convencional, el recorrido propone acercarse al inmueble cuando el exterior comienza a oscurecer y cambia la percepción de sus estancias, patios, vidrieras y elementos constructivos.
El museo define estas sesiones como recorridos especiales fuera de su funcionamiento ordinario, acompañados por personal especializado y centrados en descubrir el edificio desde una perspectiva diferente. La programación oficial confirma los dos pases del domingo 4 de octubre a las 19.30 y 20.00 horas.
Noche
La relación entre Casa Botines y las visitas nocturnas se ha consolidado dentro de su calendario cultural. El museo utiliza celebraciones señaladas de León para extender temporalmente la vida del edificio más allá de las horas en las que habitualmente recibe visitantes.
La experiencia modifica sobre todo la forma de observar una arquitectura concebida con una atención muy precisa a la luz. Las fachadas de piedra, las vidrieras, los patios interiores y la distribución de las plantas responden de manera diferente a medida que desaparece la iluminación natural y el edificio queda progresivamente definido por las luces interiores y urbanas.
Ese cambio permite revisar algunos de los elementos más conocidos de Casa Botines sin necesidad de alterar el discurso histórico del museo. La noche introduce otra forma de mirar aquello que durante el día puede pasar inadvertido.
Gaudí
Casa Botines ocupa además un lugar singular dentro de la producción de Antoni Gaudí. Es uno de los tres edificios que el arquitecto levantó fuera de Cataluña, junto al Palacio Episcopal de Astorga y El Capricho de Comillas.
Gaudí recibió el encargo de los comerciantes leoneses Simón Fernández y Mariano Andrés, vinculados a un negocio de tejidos y casa de cambio que necesitaba una sede más amplia. El arquitecto proyectó un inmueble de siete plantas donde convivían diferentes usos, con almacén en el sótano, espacio comercial en la planta baja, residencia para los propietarios y viviendas destinadas al alquiler en las plantas superiores.
La construcción comenzó en 1892, cuando Gaudí tenía 39 años, y convirtió el edificio en su primera experiencia de gran alcance dentro de la vivienda colectiva urbana. La propia institución considera Casa Botines un laboratorio de soluciones que posteriormente aparecerían desarrolladas en trabajos como Casa Calvet, Casa Batlló o Casa Milà.
La imagen exterior, próxima a una fortaleza medieval por sus torres angulares, se combina con una organización interior mucho más vinculada a las necesidades de la ciudad moderna de finales del siglo XIX. Esa tensión entre apariencia histórica y funcionamiento contemporáneo constituye una de las claves que explican el interés arquitectónico del inmueble.
Museo
Casa Botines ha atravesado además distintos usos desde su construcción. Tras albergar el negocio de Fernández y Andrés, fue adquirida en 1929 por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León y mantuvo durante décadas una utilización bancaria. En 2017, FUNDOS abrió el inmueble al público como museo.
La institución ha renovado durante 2026 varios espacios de su exposición permanente. La intervención ha alcanzado la planta baja, la planta noble y la primera planta y ha reforzado el discurso dedicado tanto a la propia historia de la casa como a la figura de Gaudí.
La visita actual permite comprender, por tanto, dos dimensiones que durante mucho tiempo estuvieron superpuestas. Casa Botines es una obra arquitectónica y, al mismo tiempo, un edificio que ha sido comercio, vivienda, sede bancaria y finalmente museo.
Las visitas de San Froilán aprovecharán precisamente esa condición. El recorrido no se limita a observar una fachada emblemática del centro de León, sino que permite entrar en una construcción cuya distribución conserva las huellas de los diferentes usos que han ocupado sus siete plantas durante más de un siglo.
Centenario
La actividad adquiere además un significado particular en 2026, año del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, cuando Casa Botines ha reforzado su programación dedicada a revisar al arquitecto más allá de sus obras barcelonesas.
Hasta el 25 de octubre puede visitarse también la exposición temporal Gaudí y la Ciudad Moderna, centrada en la relación del arquitecto con las transformaciones urbanas producidas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La muestra forma parte de la programación del museo durante el Año Gaudí y analiza cómo industrialización, nuevas técnicas constructivas y crecimiento de las ciudades modificaron las formas de construir y habitar.
Casa Botines resulta especialmente adecuada para esa lectura porque nació precisamente como respuesta a una ciudad que estaba cambiando. Sus promotores necesitaban comercio, almacén, vivienda propia y pisos de alquiler dentro de una misma construcción, y Gaudí resolvió aquella suma de necesidades mediante una arquitectura capaz de relacionar actividad económica y vida doméstica.
San Froilán
La elección del 4 de octubre conecta las visitas con las fiestas de San Froilán, uno de los grandes momentos del calendario leonés. Casa Botines incorpora así su propio edificio a una jornada en la que el centro histórico concentra buena parte de la actividad cultural y festiva.
Frente a un espectáculo añadido al monumento, la propuesta utiliza la propia arquitectura como contenido. El cambio fundamental será la hora, porque los asistentes recorrerán las estancias cuando la jornada de visitas ordinarias esté llegando a su fin y el edificio empiece a percibirse desde otra luz.
La institución ya ha utilizado este formato en otras celebraciones, entre ellas las fiestas de San Juan y San Pedro, para las que ha programado en anteriores ocasiones pases nocturnos específicos.
San Froilán recuperará ahora esa fórmula con dos únicas sesiones, lo que concentra en algo más de media hora de diferencia la entrada de los grupos previstos para esa noche.
