Las voces de la ‘sénior’ de la UVa cumplen dos décadas sobre el escenario

a agrupación coral de la Universidad de la Experiencia de Palencia celebra dos décadas de actividad cultural, formación y convivencia.

El coro de la Universidad de la Experiencia de Palencia cumple veinte años convertido en punto de encuentro de alumnos que encontraron en la música una manera de seguir habitando la provincia

Esther Duque

El Coro de la Universidad de la Experiencia del Campus de Palencia ha alcanzado dos décadas de trayectoria convertido en una de las iniciativas culturales más estables surgidas al calor del Programa Interuniversitario de la Experiencia de Castilla y León. Una iniciativa que dio sus primeros acordes en el curso 2005-2006 como una actividad complementaria vinculada al aula universitaria reúne hoy a varias generaciones de alumnos y exalumnos que han encontrado en la práctica coral un espacio continuado de aprendizaje, sociabilidad y participación pública.

El pasado 23 de mayo, la iglesia de San José acogió el concierto conmemorativo del vigésimo aniversario del coro junto a la Coral Peña Aguilón, de Aguilar de Campoo; la Coral Santa María de Alconada, de Ampudia; y los Talleres de Canto de la Universidad Popular de Palencia. Cerca de un centenar de gargantas participaron en una actuación concebida como celebración de una trayectoria construida lentamente desde la continuidad y la constancia.

Hay que recordar que el Programa Interuniversitario de la Experiencia, promovido por la Junta de Castilla y León en colaboración con las institutuciones superiores de la Comunidad para facilitar el acceso de las personas mayores de 55 años a la formación universitaria. 

En Palencia, la iniciativa fue generando con rapidez un tejido paralelo de actividades culturales impulsadas por la Asociación de Alumnos y Exalumnos. Cinefórum, talleres teatrales, excursiones y actividades musicales comenzaron a consolidar una dinámica universitaria singular, marcada por la participación activa de estudiantes que regresaban al aula después de décadas alejados de cualquier entorno académico.Impulsado inicialmente por Marce Herranz, primera directora de la formación se creó entonces la agrupación musical. 

Los integrantes más veteranos recuerdan aquellos años iniciales como una etapa de crecimiento sostenido en la que la agrupación llegó a reunir alrededor de veinticinco voces. Los ensayos comenzaron ocupando pequeños espacios del Campus La Yutera hasta adquirir progresivamente presencia estable dentro de la programación cultural del mismo.

Enmarcado en esta realidad, nació la agrupación musical impulsada inicialmente por Marce Herranz, primera directora de la formación. Jesús María Medina, integrante del colectivo desde 2007, recuerda aquellos años iniciales como una etapa de crecimiento sostenido. 

“Marce consiguió organizar algo que entonces parecía difícil”, explica. “Había mucha gente con interés por la música, pero no todos se atrevían a participar públicamente”.

La formación fue ampliando poco a poco su repertorio y sus actuaciones. Desde los primeros conciertos vinculados al calendario universitario, el grupo comenzó a participar en encuentros corales, certámenes navideños y actividades institucionales relacionadas con la Universidad de Valladolid. Las ceremonias de graduación y clausura del Programa de la Experiencia incorporaron pronto la presencia habitual del coro mediante interpretaciones del Gaudeamus Igitur y otras piezas ligadas al ceremonial académico.

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Miembros del Coro de la Universidad de la Experiencia antes de un ensayo en el Campus de La Yutera de Palencia.

Con el paso de los años, la agrupación extendió también sus actuaciones fuera de Palencia. Valladolid, Burgos, Oviedo, Gijón, Vigo o A Coruña figuran entre los desplazamientos realizados por el coro dentro de intercambios y encuentros con otras formaciones vinculadas a programas universitarios sénior. María del Pilar Rodríguez recuerda especialmente uno de aquellos encuentros organizados en el Teatro Principal de Palencia, cuando varias agrupaciones invitadas devolvieron la visita realizada anteriormente por el coro palentino. “Fuimos anfitriones y aquello resultó emocionantísimo”, rememora.

Esa dimensión relacional aparece de manera constante en las conversaciones mantenidas con los miembros de la agrupación. La práctica coral se presenta asociada a una rutina compartida que articula buena parte de la vida cotidiana de quienes participan en ella. Los ensayos semanales, las actuaciones, la preparación del repertorio y la organización de viajes terminan configurando una estructura de continuidad que acompaña la actividad universitaria.

Judith López Díaz, profesora jubilada e integrante del coro desde 2019, comenzó simultáneamente su recorrido en la Universidad de la Experiencia y en la agrupación coral tras finalizar su vida laboral. “Cuando me jubilé a los setenta años empecé aquí”, explica. “Venir a la universidad y al coro me permitió mantener una actividad intelectual y relacional muy importante”.

La idea reaparece formulada de distintas maneras por varios integrantes del grupo. María Elvira Puebla Hernández, vinculada desde hace casi quince años a la Universidad de la Experiencia y desde hace tres al coro, considera que la actividad coral aporta una dimensión social complementaria a la formación académica. “Lo importante es relacionarte con la gente, convivir, hacer actividades y seguir aprendiendo”, señala durante el ensayo. Muchos de los integrantes llegaron al coro animados por compañeros que ya participaban en la agrupación. Rodrigo Fombellida, uno de los miembros más recientes, se incorporó hace apenas dos cursos después de años escuchando referencias constantes a la actividad coral dentro del programa universitario. Otros integrantes, como María del Pilar Rodríguez, recuerdan haber dudado inicialmente por cuestiones relacionadas con la voz o la técnica musical. “Yo decía que no podía porque tenía problemas en la garganta”, explica. “Hasta que un día vine y aquí sigo”. Las trayectorias resultan igualmente heterogéneas. Jesús María Medina recuerda su infancia como tiple en el seminario y sus posteriores experiencias vinculadas a la música sacra y clásica. Judith López Díaz había formado parte de agrupaciones musicales durante su juventud. Otros integrantes, sin embargo, llegaron sin conocimientos técnicos específicos. María Elvira Puebla Hernández reconoce que nunca había tenido una relación directa con el canto coral antes de incorporarse a la agrupación universitaria. “Lo fundamental es educar el oído y aprender a escuchar”, sostiene Jesús María Medina durante una conversación sobre técnica vocal y ensayos. “Después llega el trabajo colectivo”.

El repertorio interpretado durante estos veinte años refleja también esa pluralidad. Habaneras, canciones populares castellanas, música latinoamericana, villancicos y piezas de tradición coral clásica han convivido en programas elaborados progresivamente según las características del grupo. Títulos como La Bella Lola, Caminito, Viento del Norte, Serrana mía o La mozuela de camasobres forman parte de una memoria musical compartida que varios integrantes conservan incluso documentada en archivos personales elaborados a lo largo de los años.

La llegada de Ana Clara Vera Merino en 2018 introdujo además nuevas dinámicas musicales dentro de la agrupación. María del Pilar Rodríguez aprecia una diferencia clara entre las dos etapas del grupo. “Marce trabajaba repertorios más clásicos y tradicionales”, explica. “Ana Clara ha incorporado canciones distintas y una dinámica más abierta”.Los ensayos mantienen desde entonces una estructura muy definida. El calentamiento vocal ocupa una parte esencial de cada sesión mediante ejercicios repetitivos destinados a flexibilizar mandíbula, respiración y resonancia. Después comienza el trabajo específico sobre partituras, entradas y empaste de voces. Judith López Díaz considera que esa dinámica termina generando una forma específica de convivencia. “En él aprendes constantemente de los demás”, afirma. “Escuchas, compartes y encuentras un ambiente muy agradable entre todas las voces”.

La pandemia alteró profundamente la evolución del grupo. María del Pilar Rodríguez recuerda que varios integrantes fallecieron durante aquellos años y otros dejaron de acudir a los ensayos una vez suspendida temporalmente la actividad presencial. El número de voces descendió considerablemente respecto a etapas anteriores, aunque la agrupación consiguió recuperar progresivamente la dinámica de actuaciones y encuentros corales. “Ahora somos menos, pero seguimos intentando incorporar gente nueva”, comenta. Actualmente, el conjunto reúne alrededor de quince integrantes estables distribuidos entre bajos, tenores, sopranos y contraltos. La incorporación de nuevos miembros continúa produciéndose fundamentalmente entre alumnos y egresados del Programa de la Experiencia.

La vinculación con la universidad constituye, precisamente, uno de los rasgos distintivos de la agrupación. Los integrantes mantienen una relación constante con la vida académica d ‘La Yutera’ mediante ceremonias, actos institucionales y actividades culturales. Jesús María Medina subraya especialmente esa dimensión universitaria compartida entre generaciones. “La Universidad de la Experiencia nos permite seguir formando parte de la vida de la institución superior y mantener contacto con estudiantes jóvenes”, explica.

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