El periodista presenta el 23 de julio El genuino cine segoviano, un libro que reconstruye la filmografía realizada junto al fotógrafo José María Heredero para documentar oficios, tradiciones, paisajes y figuras como Agapito Marazuela.
El periodista Miguel Velasco Álvaro presentará el jueves 23 de julio, a las 20.00 horas, en el Hotel Real Segovia, El genuino cine segoviano, un libro que reconstruye los 24 documentales y cortometrajes realizados desde mediados de los años setenta junto al fotógrafo José María Heredero para conservar testimonios audiovisuales sobre el folclore, la artesanía, el patrimonio y las formas de vida que desaparecían en la provincia.
El doctor e investigador Clemente de Pablos Miguel conducirá el acto, en el que también participará el pintor José Luis López Saura. De Pablos ha estudiado la relación de Castilla y León con el séptimo arte en publicaciones como Cien años de cine en Castilla y León y Un lugar de cine, mientras que López Saura es autor de los murales cinematográficos instalados en el antiguo Gran Hotel Las Sirenas.
La publicación convierte aquella trayectoria cinematográfica en un relato acompañado por abundante material fotográfico. El volumen recorre una producción que comenzó con trabajos vinculados al patrimonio y la cultura popular y que se prolongó hasta Tito, infancias perdidas, documental de ficción estrenado en 2018 sobre menores en situación de riesgo.

Una cámara frente a un mundo que desaparecía
Velasco y Heredero iniciaron su colaboración cuando numerosas prácticas tradicionales comenzaban a perder presencia en los pueblos segovianos. Su trabajo se dirigió hacia talleres artesanales, oficios, canciones, celebraciones y personajes cuya memoria apenas contaba con registros audiovisuales.
El proyecto surgió fuera de las grandes estructuras industriales del cine. Velasco asumió el guion y la dirección, mientras que Heredero se responsabilizó de la fotografía. Ambos utilizaron los medios técnicos disponibles en la época para construir una filmografía centrada en asuntos que rara vez ocupaban la producción cinematográfica profesional.
La intención, según explica el autor, consistía en dejar constancia de “aquel inmenso caudal cultural de nuestra provincia que se nos iba de las manos”. La cámara se convirtió así en una herramienta para fijar voces, gestos y procesos de trabajo que la transformación económica y social estaba relegando.
El libro permite revisar ese propósito desde la distancia temporal. Las películas han adquirido un valor que supera su condición inicial de cortometrajes documentales, porque conservan imágenes de actividades, espacios y protagonistas que ya han desaparecido o han cambiado de manera sustancial.
Agapito Marazuela conserva su voz en el celuloide
Uno de los capítulos centrales está dedicado a Agapito Marazuela y el folklore castellano. El documental recogió el testimonio directo del músico y folclorista de Valverde del Majano sobre su labor de investigación y recopilación de cantares populares.
Marazuela explicó ante la cámara cómo había recorrido los pueblos para escuchar y transcribir melodías transmitidas durante generaciones. Su propia voz completó el relato y convirtió la película, según la información facilitada por la Diputación de Segovia, en el único documento cinematográfico con sonido directo que se conserva del maestro.
“Este sería el caso del personaje más emblemático, Agapito Marazuela, quien describía con todo lujo de detalles aquel mundo suyo”, señala Velasco al recordar el rodaje.
La película concluía con una frase que adquirió un significado especial con el paso del tiempo. “Seguramente estamos filmando la última página de un importante texto humano, el libro de Agapito Marazuela”, advertía el documental ante la desaparición de la sociedad en la que el folclorista había desarrollado su trabajo.
Esa secuencia resume el sentido de buena parte de la producción de Velasco y Heredero. Sus películas atendieron a personas concretas, aunque a través de ellas registraron un sistema colectivo de conocimientos, técnicas y formas de relacionarse con el territorio.
Del Acueducto a los trilleros de Cantalejo
El genuino cine segoviano repasa las otras 23 producciones mediante relatos, fotografías y recuerdos sobre su preparación y rodaje. El recorrido comienza con un documental dedicado a la Obra Social de la Caja de Ahorros de Segovia, al que Velasco atribuye el origen de su vocación cinematográfica.
Entre los títulos figura La leyenda del Acueducto, realizada en 1975, que trasladó al lenguaje cinematográfico uno de los relatos vinculados con el principal monumento de la ciudad. Cuatro años después llegó Trilleros de Cantalejo, dedicada a un oficio artesanal ligado a la fabricación de herramientas agrícolas.
La filmografía también incluye Ayllón, historia y arte, fechada en 1980, y El martinete de Navafría, centrada en una forma tradicional de trabajar el cobre mediante la fuerza hidráulica. Estas producciones documentaron tanto el proceso técnico como el entorno humano que permitía mantenerlo.
El patrimonio arquitectónico ocupó asimismo una parte de su trabajo. El catálogo de ALCINE de 1985 recoge Románico segoviano, un documental en color de 15 minutos dirigido y producido por Velasco, fotografiado por Heredero y concebido como un recorrido divulgativo por algunos de los principales ejemplos de este arte en la provincia.
Etnografía filmada desde Segovia
Las películas abordaron la cultura popular como una realidad viva, ligada al trabajo y a la transmisión de conocimientos. El barro, el cobre, los aperos agrícolas, la música o las formas de producción artesanal aparecieron ante la cámara a través de quienes todavía dominaban esas prácticas.
El valor etnográfico procede de esa atención al detalle. Los documentales registraron movimientos, herramientas, sonidos y explicaciones que difícilmente pueden preservarse mediante una descripción escrita o una colección fotográfica aislada.
Velasco y Heredero trabajaron además en un momento anterior a la generalización del vídeo doméstico y de los sistemas digitales. Rodar, montar y sonorizar exigía recursos técnicos, planificación y acceso a laboratorios, lo que elevaba la dificultad de producir cine desde una capital de provincia.
“Fue un reto maravilloso que servía también para demostrar a lo largo del tiempo que en Segovia se hacía un cine, aunque modesto”, recuerda el periodista. Aquel trabajo contribuyó, según sostiene, a fortalecer una producción cinematográfica propia dentro de Castilla y León.
Una trayectoria extendida durante cuatro décadas
La selección incluida en el libro permite observar la evolución de la obra desde las primeras piezas de los años setenta hasta producciones recientes. Los temas y los recursos técnicos cambiaron, aunque se mantuvo el interés por personajes, realidades sociales y elementos del patrimonio segoviano.
El arco temporal concluye con Tito, infancias perdidas, realizado en 2018. La película introdujo la ficción documental para aproximarse a la situación de menores expuestos a contextos de riesgo, ampliando el campo temático de una filmografía inicialmente vinculada con la etnografía y la cultura tradicional.
Esta continuidad convierte El genuino cine segoviano en algo más que unas memorias de rodaje. El libro ofrece una visión de la provincia construida durante más de cuatro décadas y permite seguir los cambios experimentados por sus paisajes, actividades y comunidades.
Las fotografías incorporadas al volumen cumplen una doble función. Ilustran las condiciones en las que se realizaron las películas y recuperan momentos que quedaron fuera de los montajes finales, desde la preparación de los equipos hasta el contacto con los protagonistas.
La Filmoteca conserva las películas originales
Velasco y Heredero depositaron el material cinematográfico en la Filmoteca de Castilla y León, con sede en Salamanca, para garantizar su custodia y conservación. La decisión protege los originales y facilita que la filmografía pueda formar parte del patrimonio audiovisual de la comunidad.
El soporte fotoquímico requiere unas condiciones específicas de temperatura, humedad, manipulación y almacenamiento. La conservación institucional reduce el riesgo de deterioro y permite afrontar posibles tareas de catalogación, restauración o digitalización.
El depósito también reconoce el valor documental de unas películas que registran ámbitos poco representados en los grandes archivos. Frente a las producciones centradas en acontecimientos institucionales o urbanos, estos trabajos conservaron actividades cotidianas y conocimientos transmitidos en pequeñas comunidades.
El libro incorpora ahora una vía complementaria para acceder a ese fondo. Las películas mantienen el testimonio audiovisual, mientras que la publicación reconstruye su contexto, explica cómo nacieron y reúne las experiencias acumuladas durante los rodajes.
Una presentación en un escenario ligado al cine
La elección del Hotel Real Segovia incorpora una conexión adicional con la historia cinematográfica de la ciudad. El establecimiento abrió en 1952 con el nombre de Gran Hotel Las Sirenas, durante una etapa en la que Segovia comenzaba a recibir producciones nacionales e internacionales.
Sus habitaciones alojaron a intérpretes y profesionales desplazados para participar en distintos rodajes. Joan Fontaine se hospedó allí durante la filmación de Tres historias de amor, considerada por el propio establecimiento como el primer largometraje extranjero de ficción rodado en Segovia. Posteriormente pasaron por el hotel figuras como Sofía Loren, Cary Grant y Carmen Sevilla.
La presencia de José Luis López Saura refuerza esa relación. Sus dos grandes murales dedicados al cine forman parte del edificio y acompañarán una presentación centrada precisamente en la historia de una producción realizada desde Segovia.
Clemente de Pablos aportará la perspectiva investigadora sobre el cine castellano y leonés, mientras que Velasco abordará una trayectoria construida junto a Heredero desde la voluntad de conservar una cultura provincial que atravesaba una profunda transformación.
