ENTREVISTA CON MARÍA DEL CARMEN MARTÍNEZ TORRES Y SU HIJA ANA LÓPEZ
ESTHER DUQUE/ Venta de Baños
A sus 80 años, María del Carmen Martínez Torres continúa confeccionando desde casa artículos que se venden para recaudar fondos para la Asociación Contra el Cáncer. Su colaboración en Venta de Baños comenzó hace más de dos décadas, cuando una conocida le propuso participar en el grupo de costura, antes de que la enfermedad afectara a su familia. Durante la pandemia se incorporó su hija Ana López, quien ayudó a mantener la actividad mediante un catálogo por internet y posteriormente asumió el relevo en la organización local. Ambas explican cómo se elaboran las piezas, qué iniciativas permiten reunir alrededor de 6.000 euros anuales y cómo orientan a quienes necesitan acudir a los profesionales de la entidad en Palencia.

¿Cómo comenzó su relación con la Asociación Contra el Cáncer?
Fue por mediación de Chely, una conocida que ya iba y que, como sabía que me gustaba tanto coser, me animó a participar. Yo no sabía que existía aquel grupo; empecé a ir, me gustó y continué. No recuerdo exactamente cuántos años han pasado, pero más de veinte, seguro. Al principio éramos muchas y nos reuníamos para hacer las labores. Me encontraba a gusto porque hacía algo que me gustaba y, además, podía echar una mano.
¿La enfermedad había afectado entonces a alguien de su familia?
No, empecé antes; los casos en la familia llegaron después. Siempre me ha gustado ayudar cuando he podido y encontré una forma de hacerlo con las manos, porque disfruto cosiendo y tejiendo. Hay voluntarios que van a los hospitales, pero yo sería incapaz de hacerlo. En cambio, con esto me encuentro bien y sé que las cosas que preparo sirven para recaudar dinero.
¿Dónde aprendió a coser?
En la escuela. Primero fui a las Nacionales y después a las Doroteas, donde también teníamos una hora de costura. En las Nacionales pasábamos las tardes cosiendo y cada una llevaba su labor. Más tarde, cuando estudiaba bachillerato, íbamos al instituto Jorge Manrique y nos examinaban también de eso. Llevábamos el costurero con los trabajos, pero, como los podía haber hecho cualquiera, allí nos pedían que hiciéramos una vainica o un festón para comprobar que sabíamos. Coser y tejer me han gustado siempre.
¿Por qué dejó los estudios y qué le habría gustado hacer?
A los quince años tuve un problema de salud, perdí el curso y lo dejé. Somos seis hermanos y yo soy la segunda, la mayor de las chicas. Si hubiera podido seguir otro camino, me habría gustado estudiar enfermería o dedicarme al trabajo social, porque siempre me ha atraído esa parte de poder ayudar a los demás. Para las matemáticas no habría sido un portento, pero en algo relacionado con atender a las personas sí me habría gustado trabajar.
¿Había colaborado con alguna otra entidad?
También colaboré algo con Manos Unidas, haciendo labores, aunque cuando mis cuatro hijos eran pequeños disponía de menos tiempo. Además, ayudaba a mi marido en la pequeña empresa que tenía, de manera que tampoco podía plantearme muchas más cosas. Después empecé en la Asociación Contra el Cáncer, me gustó y me sigue gustando. Cuando termino una pieza, ya estoy pensando qué puedo hacer después y si les gustará.
¿Qué artículos prepara y cómo decide cuáles hacer?
Hago pañaleros, mantitas y otras piezas de tela o de punto. Los pañaleros se venden muy bien y algunas personas los utilizan en el baño para guardar toallitas u otras cosas, aunque no tengan bebés. También hemos hecho muñecos para Navidad que se vendieron mucho; incluso me han pedido alguno para este año. Procuramos hacer cosas útiles, porque hay manualidades que tienen menos salida y tampoco se trata de ir acumulando trabajos. Desde Palencia me llaman y me piden determinados artículos que saben que se venden bien.
¿De dónde salen los dibujos y las ideas?
Busco dibujos, pruebo colores y voy viendo cómo colocarlos. Ana también me ayuda: le enseño lo que estoy haciendo y le pregunto cómo queda. A veces me señala algo y tiene razón, así que lo cambio. La familia también trae propuestas; una cuñada, por ejemplo, vino con un delantal que le habían regalado para enseñarnos cómo era y sugerir que hiciéramos otros para la asociación. Cuando trabajábamos juntas, yo preparaba muchas de las piezas y otras compañeras remataban o cosían a máquina. Cada una aportaba lo que sabía hacer.
¿Cuánto tiempo dedica a estas labores?
Muchas horas, aunque depende del día. Ahora que estamos solos en casa, suelo dedicarles las tardes. Como me gusta, voy colocando una cosa, cambiando otra o buscando un dibujo que me sirva. También me viene bien para dejar de dar tantas vueltas a las preocupaciones: mientras pienso si pongo un color azul o uno verde, estoy entretenida con el trabajo. Ver que algo ha quedado bonito me motiva, y saber que después se vende también.
¿Cómo se pagan los materiales?
Las compras grandes de tela se pagan con su factura, porque nosotras no podemos asumir todo ese gasto. Otra cosa son el hilo o un par de ovillos para una labor de bebé, que muchas veces los pongo yo; Ana también compra materiales. Siempre busco ofertas, como si fueran para mí o más. Del dinero que se obtiene por la venta hay que descontar lo que ha costado el material, mientras que las horas de trabajo las aportamos nosotras.
¿La gente conoce ese carácter voluntario del trabajo?
Hay quien lo valora y sabe las horas que dedicamos, pero una señora llegó a preguntarme cuánto nos pagaban al mes por hacer las cosas. Me sorprendió, porque no cobramos por ello. Se cubre el material y el resto es nuestro trabajo, con todas las horas que lleva preparar cada pieza. Lo hacemos porque queremos colaborar.
Ana, ¿qué la llevó a incorporarse a la asociación?
Ana López. Empecé durante la pandemia. Yo veía que a mi madre le venía bien reunirse una vez a la semana con las demás, hablar de sus cosas y despejarse, pero de pronto todo aquello se paró. Las personas más jóvenes teníamos otros recursos, como internet, y pensé que podía echar una mano. Hicimos un catálogo por internet con los artículos para mantener la actividad y animarlas a que siguieran haciendo cosas, aunque no pudieran juntarse. A mi madre le vino muy bien continuar durante aquel tiempo.
¿Cómo pasó de esa colaboración a asumir más responsabilidades?
Ana López. Al principio entré para ayudar de forma circunstancial, pero después fui implicándome más. El grupo estaba formado por personas mayores y yo podía aportar otras ideas y asumir actividades que requerían otro ritmo. Empezamos con la trotada, la paella y otras propuestas que antes no se hacían. Más adelante, la presidenta de Palencia me planteó tomar el relevo de la persona que llevaba muchos años al frente aquí, y así fue como lo asumí.
¿Qué cantidad reúnen con el conjunto de las actividades?
Ana López. Alrededor de 6.000 euros al año, entre los mercadillos, las carreras, la paella y las demás iniciativas. Creo recordar que el ejercicio anterior fueron unos 6.400 euros, aunque el actual todavía no lo hemos cerrado. Nos organizamos por cursos, comenzando en septiembre. Son cantidades que se reúnen con las distintas acciones y que después se entregan a la asociación.
¿Qué participación tienen los vecinos y las asociaciones de Baños?
Ana López. Siempre les doy las gracias porque se vuelcan. Una parte muy importante de lo que recaudamos procede de las actividades de Baños, que no podríamos organizar de la misma manera sin las peñas y la asociación de allí. Su colaboración permite sacar adelante esas iniciativas y reunir buena parte del dinero que entregamos cada año.
¿Qué puede hacer que aumente la recaudación de este ejercicio?
Ana López. Hemos recibido una donación de una pareja que ha destinado a la asociación el dinero que recibió con motivo de su boda. Esa aportación va a representar una parte importante del total. Por eso, aunque normalmente estamos en torno a los seis mil y pico euros, este año podríamos superar los ocho mil o acercarnos a los nueve mil. Es una previsión, porque todavía tenemos que cerrar las cuentas.
¿Cómo informan del destino y del origen de lo recaudado?
Ana López. Hacemos una presentación pública en el centro polivalente de Baños, donde explicamos cuánto se ha obtenido con cada actividad y de dónde procede el dinero. Llevamos las cuentas de cada concepto y las mostramos con un gráfico para que se vea qué parte corresponde a cada iniciativa o donación. Todo queda contabilizado y el dinero recaudado se entrega a la asociación.
¿Perciben que se conoce más su actividad en el municipio?
Ana López. Sí. Al principio había gente que no me ponía cara, pero la difusión en los medios de comunicación y en las redes sociales ha ayudado a que sepan quiénes somos y qué hacemos. Ahora se acercan para proponernos cosas, preguntarnos o colaborar. Que se conozca la actividad es importante también para explicar cómo se consigue esa recaudación anual.
¿Dónde trabajan las voluntarias y qué dificultades encuentran para acudir?
Ana López. El grupo sigue en el edificio de la guardería, en un primer piso al que se accede por escaleras. Hay personas que tienen dificultades para desplazarse y eso limita su participación. Chely, que fue quien animó a mi madre a empezar, podría aportar mucho, pero apenas puede caminar y le resulta muy complicado acudir. Tendremos que valorar cómo facilitar que esas personas puedan seguir colaborando.
¿Y usted, María del Carmen, dónde trabaja ahora?
Yo ahora lo hago desde casa, tranquilamente. Como no podía ir, continué aquí con las labores.
Además de recaudar fondos, ¿qué atención prestan a quienes se acercan a ustedes?
Ana López. Acompañamos y orientamos, porque hay personas que no saben dónde acudir. Hace poco me encontré con una madre cuyo hijo estaba enfermo y me preguntó qué tenía que hacer. Le expliqué que en Palencia podía acudir a la trabajadora social y a la psicóloga de la asociación. Desde aquí podemos indicarle dónde están, con quién hablar y facilitarle el contacto, para que reciba la atención de los profesionales.
¿Dónde sitúa el límite entre el apoyo del voluntariado y esa atención profesional?
Ana López. Yo puedo dar un abrazo y escuchar con toda mi voluntad, pero no soy psicóloga ni tengo la preparación necesaria para atender determinadas situaciones. Cada persona vive la enfermedad de una forma y hay que saber qué se dice y cómo se dice, porque incluso con buena intención se puede hacer daño. Por eso insisto en que acudan a los profesionales. Disponer de un lugar donde la gente supiera que puede encontrarnos en un horario determinado también ayudaría a dar esa primera orientación.
María del Carmen, ¿qué diría a quien se plantea colaborar y no sabe cómo hacerlo?
Que ayudar es algo que te llena y que cada uno puede aportar en la medida de sus posibilidades. Una persona sabe coser, otra puede rematar las piezas y otra prefiere hacer un trabajo diferente. También hay quienes acompañan a los enfermos, que es algo que yo no sería capaz de hacer. Se trata de encontrar aquello con lo que cada uno pueda echar una mano; a mí me gustan la costura y el punto, y así es como colaboro.
